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“El Ballet no decepciona”

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La danza folklórica es la pasión de Gabriela Sánchez Salazar, y en ello ha gastado todas sus energías.

Ella es integrante del Ballet Folklórico del Estado de México. Cuando sube al escenario se transforma, imagina que está sola, que el público es sólo de ella. Nada la ha detenido en alcanzar su más grande sueño: ser una bailarina.

Su primer obstáculo fue enfrentar la voluntad de su padre, quien deseaba verla convertida en una ingeniera en sistemas.

“Abuelito, no le estoy diciendo que me voy a casar o que estoy embarazada”, dijo Gaby a su abuelo Miguel, aquel día que lloraba en su regazo al recordar el rotundo “no” pronunciado por su padre cuando le comunicó que desertaría del Tecnológico de Toluca para ingresar a la Escuela de Bellas Artes.

La decisión de estudiar danza folklórica fue en complicidad con Laura Salazar, su mamá. Un día, ya decidida, llevó a cabo el proceso de admisión a la Escuela de Bellas Artes. “Sabía que estaba desafiando la autoridad de papá”, recuerda Gaby.

Un 6 de agosto, día de su cumpleaños, su nombre apareció en la lista de aceptados. Su papá, lejos de sentirse orgulloso, reaccionó disgustado. Cuando Gaby recuerda esta escena, resbala una lágrima por sus mejillas: “si él no lo hace, yo te voy a apoyar”, le dijo su abuelo Miguel. Días después, su papá se convenció que la danza era lo que Gaby quería, lo que anhelaba, lo que la apasionaba.

Gaby tiene 23 años y cursa el último año de la Licenciatura en Danza Folklórica de la Escuela de Bellas Artes de Toluca y desde noviembre de 2015 es integrante del Ballet Folklórico del Estado de México, dirigido por María Dolores Olivier de Menchaca.

Ella tiene dos hermanas, Mitzi Carolina de 20 años; “cariño”, como le dicen, también se inclinó por la parte artística, pues estudia una licenciatura en Estudios Cinematográficos. Su otra hermana, Samanta Georgina, estudia la prepa y tiene 17 años.

El gusto artístico lo heredó de su abuelo, don Miguel Salazar Lara, quien murió hace poco, pero toda su vida fue artesano de tradición del pueblo mágico de Metepec, en el Estado de México. Don Miguel diseñaba jarrones, fuentes, macetas o chimeneas en su taller. El papá de Gaby, Gabriel Sánchez, también se inclinó por este arte, pero sólo hasta que concluyó sus estudios.

“El cuerpo te permite expresar lo que sientes”, es la frase que su padre pronunciaba muy a menudo y que ella la tiene siempre presente.

Gaby recuerda que la parte más difícil de su carrera ha sido en las aulas de la Escuela de Bellas Artes. Relata que era tanta la presión por no fallarle a su papá, que sus pies lo reflejaban en la práctica. “No pierdas tu tiempo, tú no bailas”, le dijo una vez la maestra de coreografía al ver que no lograban darle forma al paso base.

Esa expresión la marcó, pero le sirvió para soportar jornadas interminables de ensayo donde el cansancio ni siquiera le permitía meterse a la cama. Cuando relata esta parte, su mirada queda fija en un solo punto: “con los zapatos aun puestos me quedaba dormida, era demostrarle a papá que no me equivoqué”.

Un día se propuso pertenecer al representativo de la escuela. El trabajo se duplicó y también los días inagotables de ensayo. Recuerda que a partir de este momento aumentaron las exigencias de los profesores “tienes que dar el doble en todo”, recuerda que le decían.

También recuerda que después de tanto ensayar, tenía que llegar a casa a estudiar para los exámenes teóricos, pero los sacrificios no le han importado. Todo valió la pena cuando fue elegida para el ballet del estado.

Lo que ha seguido al pie de la letra, porque el ballet se lo recuerda a cada momento, es que “el público merece respeto”. En sus propias palabras manifiesta que respetar al público es salir al escenario “impecable”.

Y que no sólo implica su arreglo personal, el peinado, maquillaje y su tocado bien cuidados, también involucra el vestuario, limpio y pulcro. “El ego de una bailarina es grande, quieres verte divina”, añade.

Desde que pertenece al Ballet Folklórico estatal, Gaby brincó la etapa en donde tanta presión hacía que bailara para aprender o por una calificación, luego para competir, pero ahora hace lo que siempre soñó, lo que anheló “bailo porque me siento plena y completa”.

El Canelo, baile de Veracruz, es su canción preferida: “es parte de mi vida y de mi familia”.

Gaby confiesa que ha experimentado un cambio en su persona cuando está sobre el escenario “es mágico, te sientes una estrella”. Y sobre todo, dice, en el trato “especial” que cada bailarín recibe de los anfitriones y el público: “es importante que no pierdas la cabeza y que no se te olvide de dónde vienes”.

Los sacrificios son parte del ballet, sobre todo en la convivencia familiar. Casi todos los fines de semana tiene presentación y su rutina concluye cuando llega a casa alrededor de las 11:00 horas de la noche, muy cansada, pero con la satisfacción de hacer lo que le gusta: “he dejado de frecuentar amigos”, confiesa.

Para Gaby, el “respeto al público” ha significado disciplinarse en distintos aspectos de su vida como llevar una sana alimentación y sobre todo, evitar los excesos de alcohol o de cigarro “la gente dice que sólo vas a mover los pies, pero no sabe que tu cuerpo resiente si tomas refresco, si comes frituras o palomitas. Si fumas demasiado, te cansas”, agrega.

Hasta este momento, habla de que las bailarinas del Ballet Folklórico de Lolita, como la llaman, le tienen un “increíble respeto al público”. Ser una buena bailarina, argumenta, significa seriedad y compromiso porque la danza, agrega, no es un “hobby “. Asegura que en cada presentación se prepara para dar lo mejor.

Y se detiene a explicar que cada bailarín debe conocer todas las coreografías del grupo y además debe estar atento al desarrollo de la presentación, pues suele haber imprevistos, lo cual no deberá ser causa de interrupción de alguna secuencia. Así que un bailarín designado entrará a escena pero siempre acorde con la sincronía del baile.

Los sinsabores también rodean la vida de los bailarines, señala Gaby, pues, conocedora de las historias individuales de sus compañeros, ella sabe que todos han dejado algo porque aman lo que hacen: “la familia, los hijos”.

Hasta ahora Gaby ha cumplido todos sus sueños: estudiar danza folklórica en la Escuela de Bellas Artes, ser parte del representativo de la escuela y hoy vive la experiencia del ser integrante del Ballet Folklórico estatal.

Pero aquí no terminan todos sus anhelos. Cuando está en el escenario, sueña que participa con el famoso Ballet de Amalia Hernández o el Ballet Folklórico Nacional de Silvia Lozano.

Está consciente del rigor, del examen de selección en ambas agrupaciones y para ello se sigue preparando. Cuando concluya la carrera desearía hacer una especialidad en danza contemporánea.

Y no le importan los sacrificios que la carrera implica, porque incluso ha tenido que renunciar al amor: “el ballet es el único que no te decepciona”.

 

 

Foto tomada de Flickr.