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El electorado mexiquense

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De los 11 millones 25 mil 126 ciudadanos que tendrán la posibilidad de elegir a su diputado federal, local y presidente municipal el próximo domingo 7 de junio, más de la mitad sólo cuenta con estudios de primaria y secundaria; una tercera parte equivalente a 2.4 millones de personas de la Población Económicamente Activa, tiene un ingreso diario menor a dos salarios mínimos, es decir 132.9 pesos y aproximadamente 30 por ciento del total de votantes se ubica en alguno de los parámetros de pobreza que va desde alimentaria y patrimonial, hasta de capacidades.

 

Es así como la engrosada clase política estatal que rondará en los 20 mil candidatos emanados de once partidos políticos, diez nacionales, uno local e incluso independientes que buscarán cargos de diputados (local y nacional), alcalde, sindico o regidor, tendrá en frente a un ciudadano urgido de respuestas y soluciones a sus problemáticas, pero sobre todo a un elector con poca o nula capacidad de disección y decisión.

Lo anterior, ya sea por su desconocimiento del diseño, ejecución y viabilidad de políticas públicas propuestas por los actores políticos que el 1 de mayo se convertirán en candidatos; por el nulo o escaso conocimiento del perfil que tienen los aspirantes al cargo de elección, es decir de su trayectoria, desempeño y eficiencia en su cargo anterior, haya sido en el sector público o privado, o simplemente por la “tradicional” apatía del electorado mexiquense para analizar, estudiar y elegir a sus representantes populares a conciencia.

Esto último, a partir de la limitada cultura política de la sociedad mexiquense, pues aunque en la elección de 2012 registró un indicador histórico de sólo 35.37% de abstencionismo, en el proceso electoral de 2009 fue de 47.78%,  en 2006 de 57.04 y en 2003 de 57.03, lo que significa que “normalmente” la mitad de los ciudadanos del Estado de México con capacidad de votar, no lo hace.

“El voto es la expresión máxima de la vida democrática de una nación de acuerdo con los sistemas políticos democráticos contemporáneos, por ello la participación se ubica en el centro de los debates actuales acerca de la legitimidad de los procesos electorales…”, precisa el especialista en elecciones mexiquenses Juan Carlos Villarreal Martínez, en Apuntes sobre la percepción ciudadana del IEEM y la identidad en el Valle de México orientadas a la participación electoral.

El también ex consejero del IEEM, en dicho texto considera que “la participación electoral en el Estado de México es explicada desde un punto de vista multifactorial, no obedece a una sola  variable, sino que tenemos que tomar en cuenta algunos factores a explicar para entenderla, como lo son el crecimiento (de 6 a 11 millones en 15 años), de la lista nominal”.

Así como “el nivel de desarrollo humano (educación), la competitividad electoral (multipartidismo) y por último origen e identidad regional (53.40% de electores en 2012 no era originario del Estado de México) de los ciudadanos en la lista nominal”.

Juan Carlos Villarreal, citando a algunos de sus colegas contemporáneos, advierte varias clasificaciones de cultura política con enfoques y vertientes combinadas que arrojan como resultado, según los también especialistas en asuntos electorales Gasca Pliego, E. y Julio César Olvera:

“Una tipología de cultura política orientada en tres clasificaciones: cognoscitiva, afectiva y evaluativa. La cognoscitiva se refiere al conocimiento individual y creencias sobre el sistema político; la segunda a los sentimientos acerca del sistema político; y, por último, la evaluativa contiene los juicios y opiniones con los que se produce una combinación de valores estándares con información y sentimientos”.

Los adversos indicadores socioeconómicos del votante mexiquense

 

Con base en reportes de dependencias públicas como el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), Instituto Nacional de Estadística e Informática (Inegi), Secretaría de Educación (SE) estatal y federal, así como del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), junto con estudios y análisis de organismos académicos de la Universidad Autónoma de la entidad mexiquense (Uaem), se puede sostener lo siguiente:

Alrededor del 56% de los votantes mexiquenses cuenta con educación básica, es decir primaria y secundaria; 23% con preparatoria; 17% con estudios profesionales de nivel licenciatura y 3.48% que representan a 421 mil mexiquenses, no saben leer ni escribir.

Sobre éstos últimos se puede estimar, de acuerdo indicadores de Coneval e Inegi, que aproximadamente un  80% tiene credencial de elector que emplea para acceder a los programas sociales estatales y federales.

Respecto a dichos indicadores socioeconómicos de potenciales votantes mexiquenses, hay un gran número de interpretaciones de cómo y de qué manera se hace presente su perfil educativo, respecto a su participación o no en la elección; así como grado de influencia que puede tener o no, el político-candidato, medio de comunicación o campaña electoral en general, para persuadirlo sobre su preferencia hacia un determinado partido político.

El texto “Exclusión y participación electoral” de José María Infante Bonfiglio (Toluca, septiembre 2014; FCPyS, UAEM. 2do. Congreso Internacional de la Asociación Mexicana de Ciencia Política), sostiene que aunque la gran mayoría de las  teorías políticas hegemónicas advierten que “la educación también se asocia a participación política”, no necesariamente es un escenario previsible en automático.

“Las relaciones entre marginación y participación política no parecen seguir las concepciones hegemónicas de la teoría política. Salvo para el caso de cierto tipo de delitos, no encontramos relaciones entre pobreza y participación electoral ni entre bajos niveles educativos y abstencionismo”, precisa parte de las conclusiones de Bonfiglio.

Tomando como base datos de Coneval y cruzando los indicadores con reportes de Inegi,  se puede sostener que de los 11 millones de potenciales votantes, aproximadamente un 30 por ciento que representa a 3.3 millones de ciudadanos, registran alguna carencia que los coloca en estatus de pobreza o marginación de diferente grado.

De acuerdo a cifras de Coneval (noviembre 2012) en la entidad hay 7 millones 329 mil mexiquenses en estatus de pobreza que representan al 45.3% de la población total, de éstos 6 millones 383 registran pobreza moderada (39.5% de ésta última cifra); 946 mil pobreza extrema (5.8% del total de pobres) y 4 millones 766 mil tienen alguna carencia social (29.5%).

Mientras que 2 millones 808 mil mexiquenses (17.4%) está catalogada como “no pobre” y “no vulnerable”, y un millón 263 mil (7.8%) son vulnerables por factor de ingreso.

Ingresos  promedio de trabajadores y potenciales votantes

De acuerdo a cifras emitidas en marzo del presente año por la Secretaría del Trabajo (ST) federal, de los 6 millones 881 mil 840 trabajadores que hay en el Estado de México (64.3% hombres y 35.7% mujeres), 2 millones 491 mil reciben no más de dos salarios mínimos como pago por su desempeño, lo que equivale a 132.9 pesos.

El reporte de la ST, incluso  precisa que 297 mil 628 personas que realizan alguna actividad laboral en el Estado de México y por ende forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA), no reciben pago alguno.

En tanto los que obtienen por su actividad, únicamente un salario mínimo, suman 666 mil 98 trabajadores mexiquenses (43.4% hombres y 56.6% mujeres).

 Y aquellos que ganan de 2 a 5 salarios mínimos, llegan a 2 millones 767 mil personas (73.6% hombres y 26.4% mujeres).

Los trabajadores que se colocan con percepciones de entre 5 y hasta 10 salarios mínimos, son 199 mil 273 (72.9% hombres y 27.1% mujeres) y el pequeño grupo de mexiquenses que percibe más de 10 salarios mínimos, asciende a 27 mil 929  trabajadores (86.6% hombres y 13.4% mujeres).