Métrica - Periodismo y Transparencia

El principio del espejo en el elevador, durante la epidemia de Covid-19 en México

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La semana anterior, el equipo de epidemiólogos mexicanos emitieron una extraña noticia en el entorno de la pandemia global del Covid-19.

Y es que marcaron la fecha de regreso a las actividades normales, basados en modelos matemáticos sin tener todavía definida la fecha de inicio de la llamada fase tres de la pandemia en México.

Estas fechas de regreso a las actividades normales son extrañas por la rareza en como han ocurrido en los diferentes países del mundo, pues hasta el momento ningún país las ha dado con tanta anticipación y en los términos que las determinó el Subsecretario de Salud federal, Hugo López-Gatell.

Si revisamos el entorno internacional, en España, Italia y Francia el aviso (de regresar a actividades normales) se ha dado una vez que la baja en las defunciones lo determinó. En nuestro vecino del norte el presidente insiste en dar una fecha (sin ningún sustento científico) y sus gobernadores y el equivalente de López-Gatell, el doctor Fauci se oponen terminantemente.

¿Ahora por qué dar la fecha de fin de la pandemia, antes de la fecha del inicio de la fase tres?

Es obvio que si tienes la fecha de fin de la epidemia, también tienes la fecha de inicio de la fase tres, ¿pero porque no darla también?

Una de las razones que explica esta estrategia de comunicación, está basada en la teoría de espera de colas aplicada a la psicología, la cual tiene un ejemplo en los espejos de los elevadores: los espejos en los elevadores cumplen con varias funciones, dan una sensación de seguridad, ya que se inhiben conductas perniciosas (desde cometer una falta a la ley hasta rascarnos en lugar inapropiado).

También evitan la sensación de claustrofobia, pues el espejo multiplica la amplitud del espacio
cerrado y evita sentimientos de ansiedad, adicionalmente distrae. Los ángulos de los espejos nos dan un enfoque de áreas que no podríamos ver a simple vista.

Para efectos prácticos, la pandemia ha sido nuestro elevador, nos ha confinado en un espacio limitado, la ventaja para los mexicanos es que este elevador, a modo de los más modernos, tiene una pantalla que provee información de lo que pasa afuera de manera puntual, todas las tardes y ocasionalmente en las mañanas.

Y esta pantalla hoy nos ha sorprendido al dar la fecha de apertura de puertas del elevador. Esto da una sensación de tranquilidad, al eliminar la angustia claustrofóbica de no saber cuándo acaba este aislamiento.

El saber la fecha de fin amortigua la tan esperada mala noticia del inicio de la fase tres. Ofrece una esperanza firme a nuestro recogimiento autoimpuesto y es un remate táctico al proceso de comunicación que nos ha dado información puntual mañana y tarde.

Adicionalmente la fecha informada (de regreso a las actividades normales) tiene sus detalles con regiones de baja incidencia de contagio, donde regresan trece días antes. Distinto a aquellas zonas que tienen una tasa alta de contagio. Y da relevancia a las comunidades que cumplieron con más autodisciplina en la pandemia.

Otro aspecto relevante es que la fecha da transparencia a la visión general de la pandemia, le pone inicio y fin, lo cual no desactivará, pero sí minará el efecto de las paparruchas (palabra en español para el anglicismo fake news). No se dejarán de crear, pero ya no tienen el combustible de la incertidumbre.

Haciendo una comparación con otros países, la definición de fechas en otras regiones del mundo ha estado determinada (que no definida), desafortunadamente por el número de muertes. Por ello, artículos en esos países sobre el efecto de los espejos en los elevadores, relacionados a la pandemia, son y serán un absurdo.

#Quedatencasa viene la fasetres.