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El Salario Mínimo

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En sus inicios, cuando la idea del salario mínimo comenzó a gestarse, la gran esperanza era que eliminaría la pobreza por completo al forzar a los patrones a pagar un determinado sueldo; asimismo se esperaba que poco a poco fuera eliminando la necesidad de programas asistencialistas gubernamentales.

La realidad es que el salario mínimo ni ha eliminado la pobreza ni ha evitado la propagación de programas asistencialistas gubernamentales por lo que se necesita una revisión completa y exhaustiva de la pertinencia de dicho instrumento. Al ver los actuales niveles de pobreza y los elevados precios de la canasta básica para muchos la respuesta yace en elevarlo drásticamente. El escenario, sin embargo, no es tan sencillo.

Beneficios del salario mínimo:

1) Los patrones están obligados a apegarse al mismo como garantía contra la explotación laboral.

2) Incrementar el salario mínimo se traduce en un incremento inmediato al ingreso de los más pobres.

3) Al tener un mayor ingreso, el poder adquisitivo de los trabajadores se elevaría haciendo crecer la economía haciéndola más fuerte y autosuficiente.

Desventajas del salario mínimo:

1) El salario mínimo es un arma de doble filo, por un lado garantiza un pago mínimo a los trabajadores pero a un nivel exageradamente bajo. Los empleadores no tienen por qué pagar más al trabajador mientras exista esa figura. Los patrones han adoptado el salario mínimo como máximo.

2) Si el salario mínimo se incrementara, los trabajadores correrían el riesgo de perder programas asistencialistas gubernamentales cuyo acceso depende de cierto ingreso mensual: se excedería el máximo requerido por los programas y ese aumento al salario no compensaría al 100 por ciento la pérdida de los apoyos.

3) Al tener un salario más elevado los trabajadores también incrementarían sus pagos de impuestos.

4) El salario mínimo garantiza la existencia de un sector de la población en perpetua marginación con empleos temporales y que exigen poca preparación académica. No incentiva el mejoramiento personal.

Tomemos como ejemplo a la Unión Europea (UE) que de sus miembros, únicamente siete no tienen la figura del salario mínimo: Alemania, Austria, Chipre, Dinamarca, Finlandia, Italia y Suecia.

Una de las alternativas para mejorar las perspectivas laborales de aquellos trabajadores con salario mínimo es comenzar a implementar esquemas de capacitación. Al aumentarlo  drásticamente, los trabajadores carecerán de incentivos para capacitarse y encontrar empleos mejor remunerados.

De esta manera, el salario mínimo, a pesar de que se ha utilizado como lema de justicia social sirve únicamente para perpetuar la pobreza y el desempleo. La verdadera ironía del salario mínimo es que mientras se enfoca en combatir la pobreza a quien más daña es a aquellos en los estratos inferiores.

Un incremento dramático se traduciría en desempleo y en la necesidad de crear aún más programas asistencialistas gubernamentales. Se debe recordar también que el salario es resultado de la productividad; un incremento que no se encuentre respaldado por el alza en la productividad sólo tendrá un impacto negativo en la escala de precios que es lo que está sucediendo en México.

¿De qué manera el salario mínimo contribuye al desempleo? Sus leyes son los controles de precio. Dictan a las empresas la cantidad a pagar y,  en ciertos casos como en las compañías transnacionales, en cuanto el salario mínimo comienza a elevarse es mayor es la posibilidad de que comiencen a reubicar sus servicios en países con mano de obra abundante y barata como China o India.

Si consideramos la eliminación del salario mínimo como una de las alternativas se podría reemplazar con una política de ingreso básico propuesta inicialmente por el norteamericano Thomas Paine.

Hay dos tipos  de políticas de ingreso básico: la primera es el impuesto negativo al ingreso en la cual cuando el ingreso de un individuo es menor a una determinada cantidad, el gobierno compensa la diferencia. Alemania tiene una política similar llamada Kurzabeit y que ha sido reconocida como haber sido capaz de proteger la fuerza laboral alemana de una de las peores recesiones y de mantener la tasa de desempleo baja. La segunda alternativa es una política universal de empleo en la que todos los ciudadanos perciban un ingreso extra independientemente de su salario.

El problema con ambas alternativas es que se puede caer a futuro en los problemas que Europa tiene con el sistema de bienestar que está a punto de llevar a la bancarrota a varios países de la zona.

Existen otras alternativas que bien implementadas pueden rendir mejores beneficios a futuro: se puede comenzar a mejorar la distribución del ingreso, incentivar la formalidad del empleo, incrementar el pago de impuestos a personas con mayores ingresos y ampliar el espectro de deducciones disponibles a personas en el régimen de sueldos y salarios. Estas medidas benefician al trabajador de manera inmediata pues las percepciones netas del trabajador aumentan al verse reducidas las retenciones.

Para poder decir qué política adoptar es necesario tomar en cuenta las condiciones estructurales de la economía y en particular las causas de la desigualdad y la estructura actual del mercado laboral.

El salario mínimo es una mejor opción si la pobreza y la desigualdad son causadas por un problema de asignación de recursos con raíces no sólo económicas sino políticas (no es sólo la productividad la que está estancada sino que existe un proceso de pérdida de fuerza y poder de negociación de los trabajadores y/o una precarización del trabajo). En este sentido, la desigualdad tiene consecuencias no sólo en términos de desempeño económico, sino que afecta también la cohesión social y la estabilidad política del país.

Por otro lado, la idea de un ingreso universal cobra relevancia si la desigualdad es producto de un cambio tecnológico que implica un crecimiento mayor a la productividad en comparación con el factor laboral. Este cambio puede tener como consecuencia tasas muy altas de desempleo estructural, subempleo y empleo informal. Cuando el cambio tecnológico es demasiado rápido, es muy difícil que la mano de obra no calificada se pueda mover entre sectores.

México con sus particularidades presenta un escenario muy complejo: por un lado tiene grandes desigualdades producto de la precarización del empleo, con una alta tasa de la población en el empleo informal, y por el otro lado presenta un rápido cambio tecnológico de manera sectorial.

Esta complejidad del escenario mexicano obliga a pensar no sólo en términos de eficiencia dentro de la economía, sino en términos de bienestar desde una perspectiva normativa y justa. Esta doble realidad pone a nuestro país en una situación de urgencia por lo que es necesario analizar a fondo todas las opciones disponibles como alternativas viables para combatir la desigualdad endémica que padece el país.

 

Lisdey Espinoza Pedraza.

Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana y Maestra en Relaciones Internacionales y Orden Mundial por la Universidad de Leicester en el Reino Unido.

Se ha desempeñado como académica e investigadora en las áreas de ciencia política, relaciones internacionales, historia y lengua inglesa en varias instituciones de nivel superior en el Estado de México y actualmente se encuentra cursando un Doctorado en Filosofía, Ciencia Política y Relaciones Internacionales.

Lisdey Espinoza Pedraza
Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana y Maestra en Relaciones Internacionales y Orden Mundial por la Universidad de Leicester en el Reino Unido. Se ha desempeñado como académica e investigadora en las áreas de ciencia política, relaciones internacionales, historia y lengua inglesa en varias instituciones de nivel superior en el Estado de México y actualmente se encuentra cursando un Doctorado en Filosofía, Ciencia Política y Relaciones Internacionales.