Métrica - Periodismo y Transparencia

Entre el Escenario y la Escritura

Escrito por:

Perfil de Fernando Leal Galaviz, ganador del Premio Nacional de Dramaturgia “Wilberto Cantón” por su trabajo “Los hombres que miran hacia el norte”.

 

Cierra los ojos, camina por el salón y escucha esa voz que le pide reconocer su cuerpo, esa que en ratos se distorsiona y se convierte en insultos de la infancia. La maestra de la clase de desnudo continúa, esta vez le pide a Fernando Leal Galaviz que al momento de desplazarse deje caer su ropa, lo incita al respeto. Las palabras ofensivas desaparecen.

– Ya pueden abrir los ojos, ordena la profesora. La mayoría de los estudiantes se encuentran desnudos, otros aún no consiguen despojarse de toda su ropa. Pero la dinámica sigue, ahora un poco más lúdica.

– Su cuerpo es su herramienta de trabajo, insiste la maestra.

La escuela ha sido para Fernando no sólo el espacio para adquirir conocimientos, sino también para reconocerse a sí mismo. Todavía tiene presente el día en que salió de su casa.

***

– ¡Quiero ser actor! -insiste Fernando-, después del no tajante de su padre y el margen que mantuvo su mamá como respeto a la decisión.

– Les estoy avisando, no les estoy pidiendo permiso. Fue la frase con la que terminó la discusión, a pesar de que él sabía que el deseo de su padre era tener un hijo abogado.

Fernando quiere salir del núcleo familiar, dejar el municipio de Magdalena y entrar a la Universidad de Guadalajara para estudiar la licenciatura en Artes Escénicas con Orientación en Teatro.

“Ahí, en esa ciudad”, dice Fernando. “Tienes que convivir con personas que son más libres, más desenvueltas. Yo llegué a Guadalajara con muchos problemas de dicción, con un cuerpo mal trabajado y, en la carrera de teatro, algo que te piden es trabajar tu físico, no para verte bien, sino para que tengas condición”.

Cuando Fernando estaba en el CBTIS, ubicado en Magdalena, vio un anuncio sobre el nuevo taller de teatro que promovía el gobierno de Jalisco, enseguida pidió información. En ese entonces tenía fama de tímido, pensaba que su vocación era ser psicólogo, pero después de pisar el escenario, jugar a ser alguien más y en otras a ser él mismo, decidió que era ahí donde quería estar.

“Me llamaba mucho la atención la actuación. Recuerdo que hicimos obras de teatro de Emilio Carballido, de Alejandro Casona, me gustó mucho la experiencia de estar en el escenario y sentir esto, para mí fue claro que quería estudiar teatro”.

Un día el maestro del taller ya no llegó, Fernando quedó como responsable, en ese momento no tenían acceso a textos de teatro y comenzó a escribir historias “muy dramáticas, muy telenovelescas, tipo sketch de lo que salía en ese entonces en la televisión”, así despertó su amor por el teatro.

***

Por un momento, Guasave, Sinaloa, el “Corazón Agrícola de México”, se convirtió en el Macondo de su abuelo paterno, pues al huir de Jalisco permitió que los padres de Fernando coincidieran.

“Mi familia se fue un tiempo a Mexicali”, dice Fernando. “De ahí son mis primeros recuerdos de la infancia y de Mexicali regresamos a Sinaloa, al ejido de Francisco R. Serrano”.

Fernando pepena maíz con su familia, por las mañanas la escuela y en las tardes el trabajo. Juega con su hermano mayor y su hermana la más pequeña, mientras que la convivencia con sus hermanos que nacieron fuera del matrimonio de sus padres, sólo es esporádica.

Oye gritar a su papá, eso le genera “angustia, dolor, miedo, frustración”. Comienza a marcar una distancia mayor con su familia. Por las noches, deja de dormir, recrea historias y pide que llegue el amanecer.

En una ocasión, su padre les propuso ir a Jalisco con su familia, pero “cuando regresamos a Sinaloa, sólo fue para vender la casa”. Ahora, su nuevo hogar estaba en Magdalena.

***

Fernando, hoy vive en la capital mexiquense, está solo en un cuarto obscuro y frío, el soundtrack de The Purge, comienza a marcar el ritmo y la atmósfera de la nueva historia que está por escribir, se enfrenta a la hoja en blanco y piensa en que el tema debe ser actual, que refleje la realidad social.

Después de ganar la beca FOCAEM en el 2015, dedicará un año para su obra: Los hombres que miran hacia el norte”.

“Es importante que hablemos de nuestro contexto, no puedes estar fuera de la realidad. Para que las personas te puedan leer y se puedan involucrar, hay que darles el contexto de lo que están viviendo, eso es muy importante. En el teatro o la dramaturgia va una estética que busca sensibilizar”.

Consulta a sus compañeros del Círculo de Creación Dramática, integrado por amigos dramaturgos de la ciudad de Toluca, lugar en el que radica desde hace aproximadamente 10 años. Juntos, le dan forma a esta obra, donde se abordan los temas de la violencia contra la mujer y el narcotráfico.

Un día, Fernando revisa su correo, a través de un mail, le informan que es ganador del Premio Nacional de Dramaturgia “Wilberto Cantón” por su trabajo “Los hombres que miran hacia el norte”.

“Sentí mucha emoción”, dice Fernando. “Les avisé a mis amigos, maestros de la escuela donde doy clases, a mis compañeros del Círculo de Creación Dramática, porque también fue un logro de ellos, a mi novia le envíe un whats, hablé con mi hermana y mi hermano. Ellos compartieron mi alegría”.

Ahora sus padres saben que esta es su vocación, Fernando piensa: “vale la pena lo que hago”, hoy tiene un galardón otorgado por el gobierno de Yucatán, hoy sigue su sueño, aquel que inició en la Universidad de Guadalajara, hoy sabe que algún día escribirá para cine.

***

 

Fotos tomadas de El Diario de Yucatán y Yucatán Informa.