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Gabriel Retes: La venganza de la imagen

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En tiempos de cuando se habla de los esenciales, de personas y tareas esenciales, la noticia del fallecimiento del cineasta Gabriel Retes obliga a repensar a la vida como un camino para apuntar a lo esencial y a la libertad.

La siguiente crónica fue publicada el 2 Junio de 2016, la cual reedito en homenaje a uno de los cineastas más brillantes de México:

“¡École cua!”, suelta al estilo de Borola Tacuche el cineasta José Ignacio Gabriel Jorge Retes Balzaretti cuando encuentra una coincidencia en el auditorio de la Facultad de Lenguas de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

Es el hijo de la actriz Lucila Balzaretti, quien deja su carrera para criarlo. La misma que seis días antes de dar a luz pintaba su casa.

Retes también es el bebé que virtualmente nace en un proscenio, pero con el cordón umbilical enredado al cuello.

Es el niño que a los tres años leía de corrido.

Es el sobrino de José Revueltas.

Es el adolescente que duerme la siesta para hacer teatro.

Es el director que filma 20 películas, ganando laureles en festivales nacionales e internacionales.

Es el cineasta que retreta la anarquía, paranoia y desgobierno de nuestro país.

Es el mexicano que compra cintas piratas, pero siempre y cuando no sean mexicanas.

… es el joven setentero, en cuerpo de sexagenario.

Sus frases lo van dibujando en esa charla inducida: “chupamos faros”, “rolar”, “el gabacho”, “juguemos un disparejo”,  “me voy con grima”, “entonces quedamos en que nadie ha entendido nada”. Son parte de ese guión que va escribiendo al vuelo, como si estuviera rodando una película, improvisando, interpelando, retratando, cuestionando, creando.

Como pocos, Retes ha hecho lo que ha querido en su vida, “soy un tipo muy afortunado”, dice el espigado cineasta, de cara afilada, barbilla blanca, melena entrecana, nariz respingada, frente amplia trazada por líneas de expresión, que hacen más resaltables sus ojos claros.

Desde esa mirada comienza Retes el relato de su obra, de su vida, ante un auditorio al que terminará regañando por no conocer o recordar la mayoría de sus películas. “Tienen que leer jóvenes”, dictamina.

Arremete, defiende, lanza toda la caballería argumental y esgrima verbal para advertir que su obra sigue siendo vigente, moderna, preocupante y lacerante. El México de hace 40 años es el mismo, no ha cambiado, incluso sus películas resultan premonitorias, anticipadas de la anarquía que priva en México.

“Si vivimos en una sociedad con paranoia, pues qué quieren, mi cine sale así”, dice Retes.

Hay una pausa en esa charla que sostiene con estudiantes del Diplomado en Periodismo Especializado que organiza la UAEM. Se proyecta uno de sus 20 filmes. El escoge para la ocasión “Bandera Rota”.

Metafórica y literalmente Retes entra a la pantalla, personificado en Alberto Huesca, joven cineasta que en esa historia, junto con un grupo de amigos, filma una película y accidentalmente graban el asesinato pasional cometido por un afamado y rico empresario.

Ahí Huesca y Retes se confunden, se empalman. La película de “Bandera Rota” termina con el sangriento multihomicidio de Huesca y todos sus colegas, quienes en un afán revolucionario chantajean a ese empresario para que mejore las condiciones laborales de los obreros. Juego peligroso que continuará a pesar de la desaparición del equipo de Huesca, pues la imagen del crimen sobrevive a la represión, en una postrera venganza de los caídos.

Cuando las luces se prenden Retes admite: “yo habría hecho lo mismo (que Alberto Huesca), no lo hubiera denunciado y me hubiera apergollado”.

Para ese momento los haluros comienzan a romperse. Retes habla del país que ha querido construir desde su visión de ateo, hombre de fe y guadalupano.

“Los estoy invitando en la ficción a construir el país que nos merecemos”, sentencia.

– Mostrar la verdad, recomienda ante la pregunta de qué hacer en los medios de comunicación.

“Lo que veo de ustedes, es el aglutinarse en torno a ustedes y a una idea, para tratar de ganarnos la vida honestamente, ese es el problema, salir a ganarse la vida a un mundo hostil a los buenos”, afirma ya más en plan de predicador social, que de director cinematográfico. “Los malos están conduciendo nuestros destinos”, añade.

Veterano de la libertad observa los desfiladeros que circundan esa ruta.

“Por eso pago renta, no tengo pensión, ni tengo seguro de retiro, nada, pero he hecho lo que se me ha antojado a lo largo de mis 69 años”, esgrime ante su auditorio de periodistas, comunicólogos y académicos.

Tal vez cansado de ofrecer referencias cinematográficas que desconocen sus interlocutores ahí presentes, Retes da un ejemplo en el campo del periodismo: Luis Spota, el autor por excelencia de la novela política en el México del siglo anterior.

“Lo considero de la misma estatura que (Carlos) Fuentes, era un tipo que se dedicó a contemporizar, novelista, nunca transigió, de una verticalidad, tuvo la habilidad para brincar la censura, hablar de los Presidentes, de los millonarios, de sacarles los trapitos al sol, solamente sin decir los nombres”, refiere.

Todas su bases salieron del periodismo, con una prosa seca, dura y brutal, sin florituras, un diálogo eficaz, dice Retes, quien busca filmar la serie de novelas de Spota titulada “La costumbre del poder”.

Del periodismo salta al cine, y del cine va al problema nacional del desprecio por la cultura y la educación. Del árido panorama que sufren los creadores y periodistas.

“Ya me conminaron de nuevo a lo que antes: ¿escribes poesía?, publícatela tú y págate, porque no te voy a publicar un poemario. No te voy a producir una película, no te voy a exhibir tú película.

“Entonces a ver cómo llegan ustedes a escribir la crónica de fondo, el reportaje incisivo, de que lo puedan hacer, ojalá, pero haber quién se los publica. Ahí se van a tener que juntar los afines, para decir qué vamos a hacer contra TV Notas”, expresa.

“Y la tamizada, la auto censura en la que uno tiene que caer para que le puedan publicar”, agrega minutos después, remarcando el sinuoso camino de una libertad de expresión mermada, simulada.

Autocalificado como un dinosaurio, las palabras de Retes aplastan, ensombrecen. “Va ser muy difícil que un realizador mexicano se quede en México, siga queriendo hacer cine mexicano y que haga 20 películas, va ser muy difícil que haya otro Spota, que con un afán periodístico escriba 60 novelas”.

Para su auditorio, que lo ha escuchado por varias horas, sólo tiene un mensaje final que a todos debería dejar helados.

“No veo más que jalen y se junten y digan ¿qué hacemos?, pues vamos y con ya los medios de comunicación, la computadora, guau… No veo fácil su camino, la neta, de todos ustedes que andan en prensa escrita, grabada, radio, tele o redes sociales, no sé…”, remata antes de lanzar la moraleja de esa película que ha filmado con sus palabras y argumentos de hoy.

“Hay que crear empresas, independientemente conjuntados, solitos no vamos a poder, la época del hombre solo ya despareció (…) no se quiten las ganas de hacer lo que quieran hacer, no cometan el error de integrarse…”, sentencia, como prendiendo un reflector en el escenario que ocupa.

 

Estas son las películas y cortometrajes que dirigió el cineasta Gabriel Retes:

– EnamorDados (2016)

– México, el ombligo de la luna (2015) (cortometraje de animación)

– Cómo filmar una película por no morir en el intento (2014)

– Mujeres en el acto (2013)

– Buscando la ola (2012)

– Arresto domiciliario (2008)

– Bienvenido-Welcome II (2004)

– La mudanza (2003)

– Un dulce olor a muerte (1998)

– Bienvenido-Welcome (1994)

– El bulto (1992)

– La ciudad al desnudo (1989)

– Dispárenle a matar (1988)

– Los náufragos del Liguria II: Los piratas (1985)

– Los náufragos del Liguria (1984)

– Mujeres salvajes (1980)

– Bandera rota (1978)

– Flores de papel (1977)

– Nuevo mundo (1976)

– Chin chin el teporocho (1975)

– Los años duros (1973)

– Tribulaciones en el seno de una familia burguesa (1972) (cortometraje)

– El asunto (1972) (cortometraje)

– Fragmentos (1971) (cortometraje)

– Comunicados de insurgencia obrera (1971) (documental colectivo)

– El paletéro (1970) (cortometraje)

– Sur (1970) (cortometraje)

 

Foto: Jesús Mireles.