Métrica - Periodismo y Transparencia

Impuesto a Alimentos

Escrito por:

La tercera resolución de modificaciones a la miscelánea fiscal del 2015 del Servicio de Administración Tributaria (SAT) estableció que los alimentos preparados en los mini supermercados o tiendas de autoservicio serán gravados con un extra del 16 por ciento sobre su precio actual a partir del 1 de julio de este año.

 

Este impuesto no es nuevo, cadenas comerciales como Costco, Walmart, y Comercial Mexicana ya lo incluían en su sección de alimentos preparados; sin embargo, gran parte del resto del gremio comercial lo evadía. La nueva regla está tratando de evitar esta evasión.

Es importante saber que el SAT no tiene facultad ni fundamento para establecer un nuevo impuesto, tampoco la tiene la Secretaría de Hacienda ni el gobierno de la República. En esta nueva regla las fondas, puestos de antojitos, cocinas económicas y pequeños negocios con ingresos menores a los 2 millones de pesos estarán exentos de este impuesto, tampoco lo pagarán aquellos negocios que se encuentren dentro del Régimen de Incorporación Fiscal (RIF) debido a un estímulo por estar inscritos en este nuevo régimen.

La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC) se pronunció a favor de que el impuesto sea aplicado en la comida rápida ya que permitiría una competencia más pareja entre el sector: tan sólo en este año cerraron mil 800 micro y pequeños negocios debido a la competencia desleal de los supermercados y cadenas de tiendas de conveniencia.

Los alimentos destinados a la alimentación no pagan IVA, aunque desde hace 15 años aquellos alimentos que se consuman en el establecimiento, sean para llevar o se pidan a domicilio, deben pagarlo. Este impuesto había sido evadido por la gran mayoría de los negocios lo que ha llevado a la quiebra a muchos negocios familiares. Además los productos como la leche, demás productos lácteos, jugos, palomitas sin preparar, tortillas, panes, galletas, entre otros están exentos de este impuesto.

El gravamen está destinado a causar controversia, como lo fue hace tiempo, el impuesto a los refrescos. Lo cierto es que México tiene un serio problema de obesidad y nos encontramos dentro de los primeros lugares a nivel mundial en el consumo del refresco. La pregunta central aquí es ¿Se debe poner un impuesto a los alimentos en general? Hay argumentos a favor y en contra.

Hay países en la actualidad en los que ciertos alimentos ya están causando impuestos como alimentos altos en grasas, comida chatarra, bebidas azucaradas, alimentos calientes de venta en cafeterías o restaurantes, entre otros. Para algunos este tipo de impuestos tienen un efecto positivo en el mejoramiento de la dieta y contribuyen a una mejor distribución del ingreso familiar. No cabe duda que un cambio en la dieta nacional beneficiaría nuestra salud, prolongaría nuestra expectativa de vida y nos ahorraría gastos en salud, impuestos y comida desperdiciada.

Gran parte del problema en la actualidad radica es que aquella comida que es nutricionalmente pobre es también barata, de allí que una de las propuestas para mejorar la alimentación nacional sea gravar la comida chatarra y comenzar a crear incentivos y subsidios para la comida nutricionalmente rica como lo es frutas, verduras, pollo, pescados y algunas carnes.

En la actualidad México ocupa el primer lugar en obesidad infantil y somos el segundo en obesidad adulta sólo detrás de Estados Unidos. Esto significa que casi 50 millones de mexicanos sufren de sobrepeso. La obesidad se traduce no sólo en un problema de salud al ser una de las primeras causas de muerte en el país por los riesgos asociados con ella, la obesidad también es un problema financiero: el estado no tiene los recursos necesarios para atender las necesidades hospitalarias de estas personas, esto en un futuro puede llevar a la aprobación de mayores impuestos para hacer frente a estos gastos.

Expertos en nutrición recomiendan una dieta alta en frutas, verduras, carne blanca y baja en productos procesados y de origen animal, como las carnes rojas. La dieta de nuestro país dista mucho de seguir esta regla. La obesidad infantil ha alcanzado cifras alarmantes debido a la falta de ejercicio y un alto consumo de alimentos altos en azúcar, comida rápida, y alimentos preparados en la tienda de conveniencia más cercana.

La época en la que nuestras madres nos preparaban nuestro lunch que consistía de un sándwich o torta casera, fruta picada con limón y chile “piquín” han quedado en el olvido. Las madres de hoy en día se estacionan en la tienda de conveniencia más cercana, les dan 30 o 50 pesos a sus hijos para que elijan su lunch escolar, que generalmente consiste en una bolsa de papas, un sándwich o burrito calentado en microondas, un “gansito” o demás tipo de galletas y pan dulce, un refresco y muchos dulces.

De acuerdo a un estudio realizado por académicos de la Universidad de Oxford, se ha estimado que para que un impuesto a la comida chatarra tenga los efectos positivos deseados, este tendría que ascender a un 20 por ciento.

Esto se podría traducir a futuro es un decremento en el consumo de comida chatarra teniendo como efecto significativo la reducción de la obesidad y de los problemas de salud asociados con la misma. Este impuesto también reduciría el consumo del mismo 20 por ciento y un ahorro anual de aproximadamente 30 billones de dólares. Asimismo, se calcula que aproximadamente un 61 por ciento de desperdicio de la comida puede ser evitable.

México tiene un serio problema de desperdicio de alimentos y cada día se desperdician 31 mil toneladas de alimento en buen estado y los espacios para manejo de residuos se encuentran ya al tope. Para lidiar con este último problema se podría considerar un esquema parecido al actualmente implementado en Corea. Este país tiene un programa de manejo inteligente de residuos y de ahorro de alimentos al mismo tiempo: el gobierno distribuye bolsas específicamente para el desecho de basura orgánica. Cada bolsa contiene información del propietario de la casa y entre más desperdicio orgánico se produce, mayor es la contribución que cada hogar tendrá que erogar para el manejo de estos residuos. Con esto el gobierno coreano ha logrado ahorrar aproximadamente 144 millones de dólares en gastos de manejo de residuos y las familias han ahorrado aproximadamente 4.4 billones de dólares.

Aquellos en contra de este impuesto alegan que sólo afectará a los más pobres, aquellos quienes dedican una mayor parte de su ingreso a alimentos. Es precisamente por esto que este impuesto debe ir acompañado de incentivos y subsidios para los alimentos saludables y hacerlos, de esta manera, más accesibles al consumo generalizado.

Asimismo un impuesto en los alimentos es un tanto problemático ya que no es fácil identificar aquellos alimentos considerados altos en grasa. El queso por ejemplo, tiene un alto contenido graso, y muchos alimentos más contribuyen a la obesidad si se consumen en exceso. La obesidad es causada por un sinnúmero de factores no sólo una mala alimentación como lo es la falta de ejercicio, el tamaño de las porciones y la predisposición genética, por lo que a pesar de que alimentos saludables sean subsidiados y de fácil acceso, ante una mala cultura nutricional, podría darse el caso en el que la población prefiera pagar más y seguir consumiendo alimentos chatarra.

Por último, los costos de la obesidad podrían estar exagerados, las personas obesas tienen una menor expectativa de vida por lo que el gobierno destinaría menos en pensiones y gastos de salud en el largo plazo. El impuesto como tal es un impuesto equitativo, a pesar de afectar negativamente el ingreso del contribuyente, si se logra establecer un sistema de incentivos y subsidios para ciertos alimentos y de esta manera lograr que el impacto negativo en el ingreso sea nulo.

 

 

Foto tomada de comichatasalud2015.blospot.com.

Lisdey Espinoza Pedraza
Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana y Maestra en Relaciones Internacionales y Orden Mundial por la Universidad de Leicester en el Reino Unido. Se ha desempeñado como académica e investigadora en las áreas de ciencia política, relaciones internacionales, historia y lengua inglesa en varias instituciones de nivel superior en el Estado de México y actualmente se encuentra cursando un Doctorado en Filosofía, Ciencia Política y Relaciones Internacionales.