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La Leyenda Negra de Francisco Villa

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El imaginario que la mayoría de los mexicanos posee sobre la Revolución Mexicana es una versión construida por los grupos hegemónicos.

 

Desde que era niña me enseñaron que la Revolución Mexicana fue un proceso donde pelearon los héroes por nuestra patria, por México, por cada uno de nosotros como mexicanos.

El tiempo ha pasado y aquellas imágenes han quedado en el recuerdo, no sólo en mí, sino en miles de sujetos que miran la Revolución Mexicana como algo grandioso, perfecto y que dotó a los mexicanos de una nación libre e independiente.

Sin embargo, es importante preguntarse cómo se ha construido este imaginario sobre la Revolución Mexicana, cuáles han sido los mecanismos de transmisión de estas ideas, qué papel juegan los héroes de la revolución para la construcción de este imaginario, cuándo surge y por qué.

Durante la posrevolución se vio la necesidad de dar unidad y coherencia a esta nación llamada México, que después de largas y cruentas luchas armadas, presentaba una desintegración de sus grupos sociales que aún buscaban una verdadera reivindicación.

Éstos se convirtieron en una amenaza para la estabilidad política y económica del país, por lo que el grupo en el poder decidió dar coherencia a este proceso; para lo cual se necesitaron mecanismos que propiciarán esa unidad nacional tan buscada desde el siglo XVIII  (Jiménez, 2007),  así de esta manera se daría paso a la construcción de una historia oficial.

La historia oficial, entendida como aquella versión del gobierno que las sociedades tienen de su pasado (Carretero, 2004: 154), de acuerdo a Alejandro Jiménez (2007), es construida para dar unidad e identidad a los habitantes de un país en general; se trata de homogenizar a toda una nación bajo un mismo canon que explique la realidad sustentada en un pasado grandioso y la vez proveer al pueblo de “un sentimiento nacionalista único de pertenencia a la comunidad social con proyección política de la que emana simbólicamente el centro del poder establecido.” (Jiménez, 2007: 158), y así lograr la legitimación del poder de las instituciones que surgieron después de la revolución. (John Mraz, 2010).

La constante que se puede notar en la historia oficial es el relato de corte político, donde las fuentes, como libros de texto escolar, enciclopedias, revistas, algunos programas televisivos y películas, cuentan la historia a partir de las batallas militares, se resaltan las virtudes de los héroes y se mutila la imagen del ser humano complejo, para mostrar a la mayoría de los personajes históricos, en este caso a los héroes revolucionarios, como seres perfectos o imperfectos, dependiendo de la connotación que el grupo en el poder quiera dar a conocer sobre éstos.

Es así que el imaginario que la mayoría de los mexicanos posee sobre la Revolución Mexicana es una versión construida por los grupos hegemónicos para dar unidad a la sociedad mexicana que vive en un mismo territorio, bajo una misma realidad construida desde el pasado; que lleva a pensar a la mayoría de los sujetos de manera idílica al proceso histórico que queda en el pasado muerto, sin ningún significado en sí.

Por las razones anteriores, en este trabajo se intenta hacer  un análisis de la revolución mexicana desde una exploración literaria,  en la que la imagen de Francisco Villa es un ejemplo claro,  pues la historia oficial se ha encargado de satanizar o elevarlo a los altares de los hombres próceres de la historia,  reduciendo el movimiento villista a un solo hombre.

Desmitificación de los Héroes

La escuela enseña a venerar, admirar y amar a los héroes que nos dieron patria y libertad, cada 20 de noviembre es una fecha conmemorada con grandes festejos y los nombres e imágenes relacionadas con el hecho de la revolución son recordados como iconos de un pasado glorioso de nuestro país. Mecanismos que la historia oficial se ha encargado de difundir entre los mexicanos.

Francisco Villa: Historia Oficial

Uno de los mecanismos que ha contribuido a la construcción del imaginario sobre la Revolución Mexicana lo constituye la escuela, que se convierte en la mejor transmisora de este imaginario oficial (Jiménez, 2007), y pretende exaltar los valores nacionalistas a través de los relatos heroicos de los revolucionarios, quienes lucharon por ideales: la libertad, la igualdad, por una sociedad sin discriminación racial, la posesión de la tierra, entre otros. En sí, un mundo perfecto lejos de la imperfección humana, dignos de reconocer en ceremonias cívicas como  aquellos que nos brindaron patria y nación.

Los  libros de texto escolar, son una de las herramientas usadas en las aulas escolares para transmitir esa versión oficial; éstos se convierten en instrumentos o mecanismo de transmisión de conocimiento, valores, estereotipos, prejuicios y otros mensajes (Ramírez, 2002). A través de ellos se conocen las virtudes de los grandes héroes de los cuales encontramos plasmadas sus hazañas heroicas, reduciendo al relato histórico a una imagen unitaria, como si un sólo individuo hubiera podido hacer la revolución.

Uno de los héroes en los libros es Doroteo Arango, mejor conocido como Francisco Villa, quien aparece en los libros de texto como el caudillo, el guerrillero popular, el protector de los campesinos, el que reparte las tierras entre los de condición más humilde, la figura  más importante de la revolución mexicana. (SosensKi, 2008).

Así, “Villismo” es el nombre con el que se le conoce a las ideas y acciones de Francisco Villa y sus seguidores. Ejército formado por diversos grupos sociales, quienes reconocieron a un dirigente con un don natural como estratega militar. El corazón del Villismo estaba en Chihuahua. (Arce, 2008: 249).

Esta versión sobre Francisco Villa retoma exclusivamente la participación militar de Villa, asociado a un movimiento que quizá sin él no hubiera existido; lo deja como el protector de los desposeídos, semejante a un “santo”;  esta imagen que se muestra, de este personaje histórico, es muy confusa y marca la idea sobre un solo individuo capaz de originar y de dar vida al movimiento revolucionario, tal pareciera que sin él no habría habido revolución. Además, sitúa la lucha revolucionaria en Chihuahua, tal pareciera que sólo el norte del país atravesó por este conflicto.

En los primeros días de diciembre, Villa ocupó Chihuahua. Poco después, al mando de otra columna de la división del norte, Pánfilo Natera intento tomar Ojinaga, lugar al que se había replegado Mercado, pero fue rechazado por los federales. Al enterarse Villa corrió al auxilio de Natera y derrotó a las fuerzas de Mercado. (Enciclopedia Océano, 2001: 494)

En la cita anterior, pareciera que Francisco Villa era quien podía decidir cómo triunfar en las batallas presentadas en la revolución mexicana y,  sin él, no se obtendría la victoria. Además, lo presentan como “salvador” de aquellos que se encuentran en peligro de ser exterminados por el enemigo.

Francisco Villa era de origen muy modesto y le fascinaba relatar su azarosa vida. Había nacido en una familia de peones en una hacienda de Durango, donde trabajó la tierra desde pequeño y sufrió los abusos de los hacendados. A los 16 años su vida dio un giro porque el dueño de la hacienda quiso abusar de su hermana  y él la defendió a tiros, hiriendo de gravedad a su patrón. Tuvo que huir a la sierra y, a partir de entonces, vivió mil aventuras desde robos de ganado hasta asesinatos. (Latapí, 1996, 144-145)

En el párrafo anterior el autor devela a Francisco Villa como la imagen del hombre que, aunque de origen muy humilde, puede llegar a ser un personaje importante, dirigente de ejércitos. Además se le coloca como un héroe por defender la honra de su hermana y un aventurero que después de matar al abusador hacendado,  recorre el mundo sin ninguna consecuencia; también se puede interpretar que la revolución fue hecha para aquellos hombres valientes y atrevidos, pues la revolución era una aventura.

De acuerdo a Pedro Salmerón (2010), la versión oficial que se cuenta, no sólo en los libros de texto, ha mostrado a Villa como un bandolero inescrupuloso y despiadado, pero hay quienes han rescatado a Villa como el defensor de los pobres y narran sus hazañas guerreras, lo que reduce al personaje sólo a dos facetas: era bueno o malo, dependiendo de las circunstancias y del momento político del país.

El héroe Villista pierde su complejidad al ser visto, exclusivamente, desde dos posturas, una versión reducida del personaje y estereotipada, por lo que muestra a la mayoría de los individuos del presente un personaje  que quedó en el pasado sin mayor consecuencia y sin relación con los sujetos de este tiempo.

 La historia de los villistas contada desde la literatura

Visualizar a los héroes desde otra perspectiva permitirá al lector interpretar desde otra postura, menos oficial, la imagen de aquellos que fueron partícipes de la revolución mexicana. La obra literaria es una alternativa que propicia la construcción de los hechos históricos a partir de una narración más humana,  ya que rescata a los sujetos históricos desde su complejidad.

La obra literaria de Nellie Campobello “Cartucho” relata la historia del Villismo a partir de narraciones vividas por estos hombres, quienes coincidieron en diversos puntos, uno de ellos es abrazar a la muerte como algo natural que estaba presente en todo momento y no dejaba lugar para pensar en un futuro, en una vida junto a una mujer o para tener hijos que heredaran sus facciones físicas.

La amaban como a una amante suplente que les abría los brazos para recibirlos, ellos corrían a su encuentro cada vez que se enfrentaban al enemigo; “Termina Ismael Máynez dando un trago de café y manda sus ojos hasta allá, al Alto de la Cantera, donde un día se besaron con la muerte”. (Campobello, 2009: 161).

Pero, este amor a la muerte se derivó de acontecimientos sufridos por estos hombres: abusos cometidos por los ricos hacendados contra sus mujeres, la pobreza, la resignación de no tener un futuro diferente y sólo les quedaba el camino de  ser Villistas.

En la historia oficial Francisco Villa es un criminal que mató a un rico hacendado por abusar de su hermana y tiene que huir para no ser encarcelado o asesinado por los rurales, pero no es el único que padece estos abusos; él es un ejemplo de muchos que tuvieron que hacer lo mismo para defender la honra, el honor de sus hermanas y quienes, cansados de estas tropelías, tomaron la justicia por sus propias manos, ya que ésta no era para todos.

En la obra de Nellie Campobello la vida de estos hombres se repetía una y otra vez. “Mató al hombre con quien se fue su hermana y andaba huyendo, por eso se metió de soldado.” (Campobello, 2009: 52). Al parecer la mujer bella era el objeto del  engaño y su destino era terminar como la piedra errante.

Así, de esta manera, la imagen del malhechor y bandido que se le da a Villa, no sólo es exclusivo de él, sino de todo un grupo que se identifica por las mismas circunstancias.

Los villistas son descritos por la historia oficial como hombres sin escrúpulos, asesinos; sin embargo, Campobello, al narrar una anécdota sobre las sandías, proyecta una imagen distinta:

Los hombres de Villa habían avanzado por los llanos entre Chihuahua y Juárez por largo rato, y no había agua, ellos tenían sed, se fueron acercando a la vía. El tren que viene de México a Juárez, carga sandías  en Santa Rosalía; el general Villa lo supo y se lo dijo a sus hombres; iban a detenerlo; tenían sed, necesitaban las sandias, al grito de ¡viva Villa! detuvieron el tren bajaron las sandias y lo dejaron ir, ello provocó el asombro de todos los pasajeros al ver que los villistas sólo querían las sandías. Éstos quedaron contentos con sus sandías. (Campobello, 209:131).

Estos hombres como cualquier otro tienen necesidades fisiológicas como la sed, aunque la sed que sentían era de justicia, procuraban no afectar a quien no tenía culpa de las desgracias que sufrían las mayorías, no había razón para matar a aquellos que eran hasta cierto punto inocentes por la ignorancia o su desidia.

La imagen que se tiene de los guerrilleros villistas se reduce a eso, a un soldado que pelea todo el tiempo; sin embargo Campobello rescata a esos hombres que tienen sus tiempos libres y,  aunque viven en la zozobra, se relajan para convivir con las personas de los lugares donde llegan. Son hombres que ríen, lloran, odian, aman a la muerte, pero que añoran una vida de sueños y sin embargo, es necesario renunciar a ésta, es mejor abrazar a la muerte que permanecer en silencio.

La construcción de la leyenda negra en torno a Francisco Villa no pasa desapercibida por los hombres y mujeres que son parte del movimiento villista, esto se denota en el apartado que Nellie Campobello le dedica a Nacha Ceniceros, a quien se le inventa la siguiente historia:

Todo está quieto y Nacha llora. Estaba enamorada de un muchacho coronel de apellido Gallardo, de Durango. Ella era coronela y usaba pistola y tenía trenzas. Había estado llorando al estar recibiendo consejos de una vieja. Se puso en su tienda a limpiar su pistola, estaba muy entretenida cuando se le salió un tiro. En otra tienda estaba sentado Gallardo junto a una mesa; platicaba con una mujer; el balazo que se le salió a Nacha en su tienda lo recibió Gallardo en su cabeza y cayó muerto.” (Campobello, 2009: 66).

La imagen de esta mujer muestra al lector a un ser destruido por los celos, pues pareciera que Nacha mató al coronel Gallardo por estar platicando con otra mujer, se ve la imagen de un sujeto femenino que se deja dominar por sus pasiones y sentimientos, incapaz de poder dirigir un ejército o de tomar decisiones frías y razonadas, la mujer adquiere una imagen estereotipada. Nellie Campobello sigue relatando la historia, y cuenta que Villa manda fusilar a esta mujer incapaz, nuevamente la figura de Villa aparece como un ser frío y sanguinario.

Sin embargo, más adelante en la narración cuenta que esta historia ha sido inventada como un mito; “la red de mentiras que contra el general Villa difundieron los simuladores, los grupos de la calumnia organizada, los creadores de la leyenda negra, irá cayendo como tendrán que caer las estatuas de bronce que se han levantado con los dineros avanzados. (Campobello, 2009: 67)

La construcción de la leyenda negra en torno a la imagen de Francisco Villa es detectada por sus seguidores, que en el caso de Nacha Cisneros decide abandonar la lucha y regresar a su casa para tratar de reconstruir su vida, pues la revolución fue secuestrada por  aquellos grupos sociales que buscaban mantener todo igual a costa de la muerte de muchos hombres y mujeres que buscaban un cambio en México a través de la revolución.

El cambio tan buscado por las mayorías a través de la revolución quedó inconcluso y en el olvido por las generaciones presentes,  pues al mitificar la historia de los caudillos como Zapata en el sur y Villa en el norte, los sujetos de este tiempo olvidaron los rostros de aquellos que murieron por una causa, no era solo Francisco Villa, éste era mucho más. “Dice Severo que aquel hervidero de gente, al oír  la voz de su jefe, se paró como un solo hombre… La voz de Villa sabía unir a los pueblos.” (Campobello, 2009: 135). Con esta cita el lector puede comprender que el Villismo fue un movimiento que dotó de identidad a todos aquellos que olvidados por la justicia quisieron quedar en el recuerdo de los demás. “Viva Villa.”

Conclusiones

La historia contada desde los libros de texto de historia contiene una versión oficial que simplifica a los héroes nacionales y  crea un mito en torno a ellos. Esta historia oficial dio a Villa dos imágenes, bueno o malo, ello depende de los intereses de los grupos en el poder.

La historia oficial narra sólo hechos a partir de batallas; es decir, es de corte militar, en esta versión los individuos son despojados de su lado humano, los deja sin rostro que les permita conservarse en la memoria de los otros.

La versión oficial muestra a un Francisco Villa como el único capaz de resolver los problemas de aquellos que padecen hambre de justicia, el único que podía dirigir las batallas de la revolución y ganarlas, pues nadie más tenía la valentía y el arrojo que él mostró.

La historia puede ser contada de diferente forma, a partir del análisis literario se puede rescatar al Villismo para visualizar el lado humano de todos aquellos que formaron parte de la Revolución Mexicana.

El Villismo es un movimiento de identidad, pues cada uno de los hombres que se une a la División del Norte lo hacía para exigir justicia.

Todos los sentimientos que se muestran a través de los relatos de Nellie Campobello, se reflejan en Francisco Villa, pero no son exclusivos de él, son compartidos por la mayoría de sus hombres, desde el soldado raso hasta el capitán.

A través de la literatura la historia de los Villistas se convierte en una cultura, pues no sólo es un movimiento militar donde luchan y mueren, sino que la herencia y la permanencia que se busca a través de este movimiento es de un cambio en el futuro, que quizá ellos no puedan observar,  pero que consideran que su muerte tiene una razón de ser o al menos la pueden decidir.

A través de la literatura la imagen de Francisco Villa no se resalta como el único participe de este movimiento, pues, aunque es el líder, los hombres que integran toda la división del norte fueron importantes; no todo recae en él. Se rompen los estereotipos de un hombre bueno y malo en el cual lo encasilla la historia oficial.

 

Bibliografía:
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JIMÉNEZ Martínez Alejandro A. “Héroes y escuelas. La educación en la sierra norte de Oaxaca (1927-1972)” en Perfiles Educativo, vol. XXXII, no. 128, IISUE-UNAM, 2010.
RAMÍREZ, Tulio, El blanco, el mestizo, el negro y el indio en las ilustraciones de los textos escolares de educación básica en Venezuela.Investigación y Posgrado. [online]. Abr. 2002, vol. 17, no. 1 [citado 06 Abril 2010], p. 47-82.
Revista.
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Obra Literaria.
CAMPOBELLO, Nellie, Cartucho, Era, México, 2009.
Libros de texto escolar.
ARCE, Tena Marcela, María Cristina Montoya Rivero y Rosalía Velázquez Estrada, Historia 2, Patria, México, 2008.
LATAPÍ, Pablo, Las razones de la historia. Historia de México. Tercer curso, McGrawHill, México, 1996.
SOSENSKI, Susana, México en el tiempo. Historia 2, Patria, México, 2008.
 
 
Foto tomada de: sandiegored.com.