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Lo que nos ha dejado el 2016

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El 2016 ha quedado atrás y el panorama internacional a inicios del 2017 no pinta del todo optimista.

 

Existen pocos momentos en la historia en la que el tiempo parece haberse comprimido, cuando hay tantos acontecimientos tan importantes y trágicos sucediendo a la par que es prácticamente imposible mantenerse informado de su origen y evolución. Al año 2016 se le puede aplicar la máxima de Lenin: hay décadas en las que no pasa nada, y semanas en las que pasan décadas.

La lista de aflicciones que aquejan al mundo no sólo parece interminable sino también lo es deprimente: la destrucción casi total de Siria; una ola de refugiados sin precedentes; ISIS; Brexit; ataques terroristas por doquier; la posibilidad de una renovada carrera armamentista; la caída del peso ante el dólar derivada de la elección de Trump; la elección de Donald Trump; la aceptación tácita de comportamientos racistas, xenofóbicos, misóginos; la posibilidad de una resurgencia de gobiernos de extrema derecha en Europa; el retroceso al realismo político y al proteccionismo en la escena internacional; la situación cada vez más complicada en Medio Oriente; el voto histórico estadunidense condenando los asentamientos israelís en Palestina… la lista podría seguir y seguir y no podemos dejar de preguntarnos ¿Cómo fue que llegamos hasta este punto? ¿Cómo salimos de este espiral de violencia mundial que parece incontrolable?

A diferencia del pasado, en la actualidad no es tan sencillo identificar una causa principal de la actual inestabilidad. El problema del mundo contemporáneo radica en su globalidad: un evento local puede desencadenar reacciones no sólo a nivel local ni regional sino a nivel mundial y a niveles ya no sólo políticos, sino económicos, militares y sociales. Algunas veces las implicaciones pueden ser bastante claras y predecibles; en la gran mayoría de los casos se requiere de un esfuerzo analítico mucho mayor.

Un caos generalizado en el mundo puede llevar a las naciones a concluir que las actuales reglas del juego son obsoletas y que se requieren medidas mucho más extremas para hacer frente a la realidad. El mundo actual es multidimensional, interconectado e infinitamente complejo lo que implica una mayor cooperación entre las naciones si se desea una resolución pacífica de los conflictos que aquejan al mundo.

El trabajo en equipo entre países suena sencillo de lograr, sin embargo, el mundo actual se está alejando del internacionalismo: el Reino Unido sale de la Unión Europea, Rusia está considerando abandonar la Corte Internacional y Donald Trump cuestionando el libre comercio y la funcionalidad de la OTAN. Naciones que anteriormente eran íconos del liberalismo e internacionalismo se han volcado al proteccionismo, aislacionismo y realismo político. Organizaciones internacionales que tradicionalmente habían facilitado la cooperación entre países como la Unión Europea, la ONU, la OTAN, el G20, entre otras se han visto envueltas en constantes críticas y escándalos.

Estas organizaciones deben ser reformadas y reforzadas no abolidas. Un regreso al realismo político con los estados como actores principales de las relaciones internacionales significaría un deterioro de la situación actual que lejos de solucionarla, exacerbaría los regionalismos y los antagonismos actuales.

Estados Unidos es un actor clave a nivel militar, político y económico por lo que el rumbo que tome la administración de Donald Trump tendrá un impacto significativo en el desarrollo del entorno internacional. Esperemos que sus promesas de campaña se queden en la retórica o la lista de problemas que aquejan al mundo será aún más larga.

Al asesinato del embajador ruso en la capital turca Ankara el pasado 19 de noviembre se le comparó con lo que el asesinato del archiduque Francisco Fernando en 1914 que desencadenó la Primera Guerra Mundial; el posterior ataque a un mercado navideño en la capital alemana Berlín sólo unas pocas horas después ha generalizado el sentimiento que las sacudidas políticas en Europa y el en resto del mundo no terminarán en el 2016. El ataque en Berlín ha hecho posible en regreso de la extrema derecha en una Alemania dirigida por una Angela Merkel cada vez más debilitada y carente de credibilidad política. La posibilidad de una Europa dominada por la extrema derecha en un futuro cercano ya no es imposible.

Lo que el 2016 ha probado es que ya nada es imposible, aún nos falta por ver las implicaciones de la gran mayoría de estos acontecimientos. Existe la latente posibilidad de una segunda Guerra Fría esta vez entre Estados Unidos y China lo que sacudiría considerablemente el tablero internacional, el status quo y el actual orden geopolítico internacional.

Cuánto durará el actual romance Trump-Putin también estará por verse. Las diferencias entre los dos países van más allá de las coincidencias de sus líderes. Ambos actores persiguen una agenda política diametralmente diferente y es muy difícil que este romance sobreviva el primer año de la administración de Trump. A pesar del asesinato del embajador ruso en Ankara, sorprende a propios y a extraños que tanto Rusia como Turquía e Irán sigan son su proyecto de frente común y continúen con sus reuniones periódicas en Moscú para discutir la actual situación en Siria.

Turquía sigue siendo hasta ahora miembro de la OTAN, sin embargo bajo la actual administración del presidente Erdogan, esta nación también parece estarse inclinando por el aislacionismo y un mayor acercamiento con Vladimir Putin. Putin también podría privilegiar las relaciones geopolíticas en su patio trasero a aquellas con Trump, después de todo ya se dio el primer desacuerdo cuando el mandatario ruso declino la carrera armamentista propuesta por el nuevo presidente electo estadounidense.  El 2016 no fue un año fácil y el 2017  tampoco promete serlo.

 

 

Foto tomada de slate.

Lisdey Espinoza Pedraza

Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana y Maestra en Relaciones Internacionales y Orden Mundial por la Universidad de Leicester en el Reino Unido.

Se ha desempeñado como académica e investigadora en las áreas de ciencia política, relaciones internacionales, historia y lengua inglesa en varias instituciones de nivel superior en el Estado de México y actualmente se encuentra cursando un Doctorado en Filosofía, Ciencia Política y Relaciones Internacionales.