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Misión cultural y Responsabilidad social de la Universidad hoy

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El presente artículo pretende atender una reflexión en torno al principio básico de la Universidad, desde lo que le corresponde a ésta ante la humanidad versus lo que hoy muestra en su quehacer cotidiano. Para ello se remota la tesis central de Ortega y Gasset en su artículo Misión de la Universidad, publicado en 1930.

Neoliberalismo y Responsabilidad Social de la Universidad

Un nuevo discurso mediático con respecto al quehacer universitario ha venido a cobrar relevancia en los últimos años: la Responsabilidad Social de la Universidad (RSU).

Discurso político que contrasta fuertemente con las actuales políticas educativas de corte neoliberal basadas en los principios de eficiencia y eficacia, al mismo tiempo que las refuerza, al convertirse en una cortina de humo para dichas políticas neoliberales, privilegiando unos conocimientos sobre otros, de hecho, favoreciendo saberes técnico-instrumentales (como cómputo e inglés), sobre los de corte humanista, como lo es la filosofía.

Si bien es cierto que en las sociedades industriales y postindustriales la Universidad ha servido de palanca y manivela de los conocimientos tecnologizados, ligados directamente a los modos de producción en boga; se precisa que la RSU sea comprendida como algo más que un simple discurso político; pues es justamente la Universidad, como espacio cultural, la institución social que puede movilizar la consciencia humana y por ende humanizar al Hombre, a través de su razón, vocación y creatividad.

Es en este sentido, que cobran nueva vida los conceptos de Ortega y Gasset con respecto la Universidad como espacio cultural.

La Universidad auténtica

En su aparición, durante la alta Edad Media, la Universidad tuvo como principio: el de transmitir la cultura. Entendida ésta por los ilustrados como “el sistema vital de las ideas en cada tiempo” (Ortega y Gasset, 1930, p. 4). Esa era su tarea radical: acercar al Hombre a la cultura de su tiempo y del que le antecede. Sin embargo, está idea y tarea, fuente de la Ilustración, se desdibuja con la aparición del capitalismo primitivo del siglo XVIII.

La Ilustración, como negación al Medievo (que posiciona a Dios como el comienzo de todo lo que acontece en el mundo), coloca a la razón en el centro del debate sobre el conocimiento.

Ya no es el origen divino lo que condiciona el caer de las hojas de los árboles, las lluvias tormentosas, la bonanza de los cultivos y la fertilidad de los animales domésticos; para los grandes pensadores ilustrados es la propia naturaleza la que rige, a través de regularidades (físicas, químicas y biológicas), la vida toda.

En este sentido, al Hombre le toca ya no adorar y temer a seres míticos sobrenaturales, sino poder explicar (física y matemáticamente) dichas regularidades de la naturaleza.

Las Universidades occidentales, herederas de las abadías medievales, preservan la rigurosa estructura jerárquica clerical; no obstante, es el conocimiento científico lo que poco a poco adquiere reconocimiento único; ideologizándose también éste. Aquí la Universidad relega su principio radical y antepone a la sabiduría como el fin último: deja de ser auténtica, y por tanto, se vuelve falsa.

Miremos a la Universidad de nuestra preferencia ¿es auténtica?, ¿transmite la cultura de los tiempos que el Hombre necesita?, o más bien se trata de un tipo de Universidad (ilustrada) que atiende otros fines, ajenos a su misión original. Pues es innegable la injerencia que tiene el Estado, en las sociedades como la nuestra, con respecto a la vida universitaria; visualizando a la propia Universidad como una institución más del Estado burocrático, y no como un espacio cultural de carácter social.

En el mejor de los casos, con base en el discurso contemporáneo, la Universidad moderna se concentra en tres actividades sustantivas: docencia, investigación y extensión. Esta última es precisamente eso: algo último.

Interesa, en este orden de ideas, formar un tipo de Hombre, en términos de Marcuse unidimensional; que no corresponde al propósito radical universitario. Se preocupa, aunque actúa de manera no interrelacionada, por un proceso de enseñanza y de aprendizaje de los conocimientos, producidos a partir de la investigación científica, y de la promoción de estas actividades en su entorno social (Fabre, 2005, p. 3).

Por lo que T. S. Eliot (2015) se pregunta: “¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento? ¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?”; o sea, es necesario volver a privilegiar la sabiduría sobre el conocimiento y éste sobre la información; conceptualización que refuerza Calvin Coolidge (2015) cuando afirma que “la educación consiste en enseñar a los Hombres no lo que deben pensar, sino a pensar”.

Por ello, para que la Universidad sea auténtica tiene que proclamar, primero, su misión cultural, luego la enseñanza de las profesiones y, finalmente, la investigación científica y educación de nuevos hombres de ciencia.

Esto por supuesto rompe con la idea de Universidad moderna (occidental), pero que se hace urgente revisar en estos tiempos de cambios y reformas. Tiempos que requiere de una poda inexorable sobre el sistema de ideas vivas que el tiempo posee y desde las cuales el tiempo vive.

CONCLUSIONES

La misión cultural de la Universidad en la Ilustración se halla distante de las funciones sustantivas de la Universidad moderna, incluso estos conceptos de Universidad se contraponen. La docencia, la investigación y la difusión del conocimiento, en las sociedades capitalistas, industriales y postindustriales, se han ido alejando de la sabiduría que humaniza al Hombre por medio de la cultura.

En razón de lo cual es menester recobrar las visiones ilustradas sobre la Universidad, para hacer de la razón y del cultivo de ésta, el fin último de nuestros espacios universitarios.

Rubén Quintana Colín.

Estudiante de la Maestría en Docencia por la Universidad ETAC, docente-investigador y miembro del Colectivo de Investigación Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 151 Toluca.

Alejandro Cervantes Franco.

Estudiante del Doctorado en Educación por la Universidad CUI-Ixtlahuaca, miembro del Colectivo de Investigación Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 151 Toluca.

Felisa Yaerim López Botello.

Dra. en Educación, docente-investigadora de la Facultad de Contaduría y Administración de la UAEMex; docente y miembro del Colectivo de Investigación de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 151 Toluca.

Foto tomada de www.unionhidalgo.mx.