Productores de la Ciudad de México son beneficiarios del programa Altépetl Bienestar, el cual garantiza la producción agroecológica, política pública que resultaría atractiva para otras entidades como el Estado de México.
Ciudad de México.- En 2019 Don Seferino Zarco Álvarez buscaba abono de gallina para sus cultivos de cempasúchil y hortensia, pero temía al tortuoso papeleo de la dependencia pública donde solicitara ese apoyo. No sabía que cuatro años después la vida de su familia tornaría en mejores colores al vender hortalizas en distintos puntos de la capital del país.
Con dicha incertidumbre pisó las oficinas de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (Corenadr) del gobierno de la Ciudad de México, no tenía mayores referencias, más que la sugerencia de su comisariado ejidal.
– ¿A qué se dedica?, le preguntó el técnico que lo atendió.
– Vendo la flor de cempasúchil, de corte, el delfinio, por eso quiero abono, contestó Don Seferino.
– Por ese lado no te podemos ayudar, pero te podemos ayudar para un motocultor, ¿por qué no sacas una cotización?, le reviró el empleado de la Corenadr.
La sorpresa se dibujó en el rostro de señor Zarco. De inmediato recordó los videos donde había visto imágenes de la gran ayuda que representan los motocultores para la tarea de sembrar.
Cuando regreso a su casa en San Andrés Totoltepec, alcaldía de Tlalpan, comentó lo ocurrido con su padre, quien era ejidatario en esta zona y conocía de trabajar con un arado tradicional.
“Hasta que llegaron unos gobernantes a voltear a vernos a los pequeños productores”, comentó su padre. El abono de gallina había quedado en segundo plano. Los cultivos de la familia tendrían más que eso.
En octubre de 2019, Don Seferino ya tenía los recursos, vía la Corenadr, para comprar dicho motocultor, al cual le hizo modificaciones técnicas para optimizar aún más su operación sobre la tierra cultivable. “Le coloque un surcador de doble ala”, recuerda como quien ha hecho mecánica para mejorar un automóvil último modelo.
La semilla
Antes de ese año, junto con su esposa, Carmen Ramírez Borja, y su hijo Emanuel, sembraban cempasúchil y delfinio a campo abierto, con un arado manual.
Habían comenzado desde 2013 como una actividad para completar el ingreso familiar. Tenían un espacio de 80 metros cuadrados. Después comenzaron a sembrar hortensias al ser una planta más resistente al frío.
El cultivo de las hortensias y su rápida comercialización en distintas florerías les hizo migrar en el mismo 2019 a un invernadero de 540 metros cuadrados en el Ejido de San Andrés Totoltepec, cuyo armado gestionaron con el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI). El negocio florecía, pero al año siguiente la pandemia de Covid-19 haría palidecer sus cultivos.
– ¿Señor Zarco este 10 de mayo van a tener hortensias?, les preguntaban los dueños de florerías a principios de 2020.
– Sin problema, respondían Don Seferino y su esposa Carmen. Y el invernadero se llenó justo cuando el SARS-CoV-2 obligaba al cierre de negocios. Al paso de los días hasta 100 flores de hortensia terminaban en el desperdicio. Las plantas de maceta resistían la contingencia.
“No había dónde vender”, expresa el señor Zarco, sin embargo, con sus plantas en pausa vino la esperanza convertida en cilantro.
– Vamos a sembrar algo, algo para comer, le dijo Don Seferino a su esposa. Así, en un metro cuadrado comenzaron a cultivar cilantro, el cual también vendieron con familiares y vecinos.
Al tercer día de la venta tocaron a la puerta de la familia Zarco. Eran los vecinos y familiares que buscaban más producto. El proyecto de las hortalizas comenzaba a madurar, pues en esos días sería más fácil vender comida que plantas de ornato.
Don Seferino acudió nuevamente a la Corenadr para cambiar su proyecto de hortensias por hortalizas. En menos de ocho días había luz verde para iniciar con el cultivo de acelga, espinaca, cilantro, rábanos y arúgula en una superficie de 500 metros cuadrados, hortalizas que se cultivan en macrotunules.
En cascada vinieron los nuevos apoyos de la Corenadr: seguimiento de los técnicos, una motobomba, mangueras, macetas, semillas. Ya para entonces, en 2020, eran beneficiarios del programa Altépetl Bienestar, en su componente de “Sembrando Vida”.
Dicho programa es instrumentado por la Corenadr. Desde 2019 tiene como objetivo conservar, proteger, restaurar y mantener los ecosistemas y agroecosistemas del suelo de conservación de la Ciudad de México, mediante el fomento de acciones comunitarias y la retribución por servicios socioambientales.
Altépetl Bienestar también busca proteger el suelo de conservación de la Ciudad de México, que representa el 59% del total de la superficie de la capital del país, por lo cual se convierte en un programa que resultaría atractivo para entidades como el Estado de México, pues la vecindad con la CDMX generaría beneficios al homologar los apoyos a los productores.
Los cultivos de la familia Zarco comenzaron a dar color desde octubre de 2020, pues una de sus hortalizas más llamativas fue la acelga arcoíris, la cual destaca por sus tonalidades amarillas, rosas, naranjas y rojas de sus pencas y nervaduras que a su vez contrastan con el verde de las hojas.
– ¿Existen estas hortalizas de colores?, preguntaban quienes visitaban el invernadero de la familia Zarco. Y no faltó quién pensará que dichas plantas eran de plástico.
– Yo en lo particular no la conocía, un ingeniero donde compró la semilla, me dijo que iba a gustar mucho, admitía Don Seferino.
El arcoíris fue la llave. La Corenadr gestionó puntos de venta para sus hortalizas. El primer sitio fue la cuarta sección del Bosque de Chapultepec, en la antigua Casa de Pólvora. Después el Centro Cultural Los Pinos, donde están sábados y domingos. En el Puerto Roma Verde, Colonia Roma, venden los miércoles. Y también expenden en caravanas de venta, así como en los llamados mercaditos solidarios, entre otros sitios.
“Fue allí cuando nunca me imaginé, cuánto nos está apoyando el programa Altépetl, gracias a la ingeniera Columba López, directora de la Corenadr, siempre nos han apoyado como familia y quieren ver tu crecimiento”, dice Doña Carmen.
Cosecha de agua
Los cultivos de las hortalizas podrían ampliarse, pero en el Ejido de San Andrés Totoltepec no hay agua.
Gracias a los apoyos de la Corenadr, la familia Zarco cuenta con un tambo de 3 mil litros, otro de 10 mil, más dos ollas captadoras de 45 mil y 52 mil. Adicionalmente tienen una cisterna de 20 mil. Pareciera un mar de agua, pero en realidad no es suficiente.
En tiempos de lluvias llenan esos tanques para garantizar el abasto de sus cultivos, sin embargo, tendrían que comprar agua en pipa para ampliar la superficie cultivable.
“Pero todo el año sembrábamos”, revira Doña Carmen, quien advierte una ventaja en esa limitante que hace más agroecológicas a sus hortalizas. “Aprendimos a sembrar”, expresa.
Y es que sus cultivos también cuentan con el llamado Sello Verde, certificación gestionada por la Corenadr, y mediante la cual se asegura que sus productos están libres de fungicidas, pesticidas o químicos tóxicos.
El Sello Verde les abre las puertas en tiempos donde los compradores buscan comer de manera más sana. Para ese mercado, la familia Zarco estima que al año cosechan entre tres y cinco toneladas de distintas hortalizas.
A la fecha, sus hortensias ya regresaron a las florerías, aunque la Corenadr también alentó la comercialización de estas plantas de ornato.
Apoyos
Al ser beneficiarios del programa “Sembrando Vida”, a partir de 2020 reciben apoyos para la compra de maquinaria agrícola y otros insumos.
En aquel año, el señor Zarco cotizó la compra de una motobomba, picadora y mangueras. Representaban como 35 mil pesos. La respuesta de la Corenadr le volvió a sorprender. Le notificaron una autorizaron de 85 mil pesos que debía justificar mediante las respectivas facturas.
– ¿Se habrán equivocado?, preguntó a un técnico de ese organismo.
– No señor Zarco, es lo que a usted le corresponde, le respondieron. Adicionalmente hubo un apoyo de 10 mil pesos por la pandemia de Covid-19.
– Pues a echarle ganas, dijo Don Zarco. En 2021, 2022 y 2023 siguieron en la ruta de los apoyos económicos de “Sembrando Vida” de Altépetl Bienestar, programa que también les respalda en aspectos fiscales y en la consolidación de su negocio que antes se llamó “El Edén” y ahora es “El Huerto Emanu”.
Así, entre hortalizas y hortensias, la familia Zarco descubre nuevos colores para su vida, pues no sólo la siembran, sino la cosechan convertida en esperanza que alimenta.
Relacionado
