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El liberalismo mexicano y el Día de Muertos: ¿expresión del surrealismo?

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Para analizar el surrealismo cotidiano en México alrededor del liberalismo y el día de los muertos, el siguiente artículo será divido en tres partes: por un lado la descripción del rito de día de muertos a través del tiempo, por otro la historia del liberalismo Mexicano durante el siglo XIX y finalmente la expresión de estos dos fenómenos en la escuela del México Actual.

1.- Rito de día de muertos.

El día de muertos es una festividad típica de México que tiene sus inicios en la época prehispánica, incluso antes de la llegada de los españoles.

Para los antiguos nahuas la muerte significaba la disgregación y dispersión del ser humano lo que muchos de ellos describían “alcance mi alcanzadero, mi destrucción, mi ruptura, mi fragmentación”.  El culto a los dioses de la muerte como responsables del ciclo que perpetua la vida. La veneración a los restos mortales: era como la conservación del honor.

Entre las etnias había una amplia variedad de rituales mortuorios, algunas culturas cremaban a sus difuntos importantes, otras los enterraban en el “hogar” o en el granero, los nativos norteños descarnaban a los valientes y los colgaban de un árbol de zapote (detenido el esqueleto por los ligamentos), les cantaban y bailaban y algunos más se los comían en forma ritual y después de haberlos sacrificado (Malvido , 1999).

Por otra parte el Mictlán entendido también como el “lugar de los muertos” fue el lugar a donde arribaban los zapotecos desde tiempos antiguos que morían de forma natural, los esperaba el noveno piso del inframundo de acuerdo al universo mitológico mexica, pero para llegar al descanso eterno era necesario un recorrido largo y sinuoso, conocido como: El Camino de los Muertos o Mictlán.

Las ofrendas en honor a los difuntos eran obligatorias hasta que se cumplían los cuatro años del deceso de una persona, pues se suponía que ya habían llegado al Mictlán.

El pensamiento entorno a la muerte se modificó con la conquista española, pues la religión cristiana se pregonaba como parte de la vida cotidiana, la cual, manifestó el advenimiento de un nuevo drama social en los vericuetos de la Ciudad. Desde este momento, los  españoles impusieron diferentes patrones culturales a las estructuras preexistentes, tal es el caso de las prácticas funerarias, terreno en el que la ideología católica fue ganando terreno y relevancia.

Cuando los conquistadores españoles llegaron a América  en el siglo XV, ellos estuvieron aterrados por las prácticas paganas de los indígenas, pensaban que más que la veneración a la muerte era a un demonio y en un intento de convertir a los nativos americanos al catolicismo (Malvido, 1999), cambiaron de fecha el festival de muertos para el inicio de noviembre, coincidiendo con las festividades católicas del Día de todos los Santos y todas las Almas, con la intención de convertir a los indígenas a la religión católica, aunque sin saber los españoles, los indígenas aportaron a esta fiesta sus creencias fundiéndose con las católicas, lo que se conoce como “sincretismo cultural”.

También con la llegada de los conquistadores arribaron los primeros frailes que serían los encargados de iniciar la evangelización de la Nueva España, a la par que la educación y la enseñanza de los oficios. Para ello los frailes tuvieron que aprender las lenguas nativas y como medio emplearon los dibujos, la música y los cantos, aunque al poco tiempo la Corona prohibió la educación y la evangelización en un idioma diferente al castellano.

Uno de los problemas más severos para los frailes recién llegados a la Nueva España fue la diversidad de creencias de los nativos americanos ante el fenómeno de la muerte, por lo que la religión católica en general y la iglesia en particular unificó el entierro según los cánones establecidos por la religión: en los pisos o atrios de las iglesias  como único tratamiento al muerto.

El mundo colonial se dividió política y religiosamente en dos: la república de españoles o de gente de razón y la república de indios o de gente con alma pero sin razón, así la cercanía o lejanía del entierro del altar de la iglesia dependería del personaje a enterrar: español o indio, así como de la importancia social del individuo en vida. A partir de la segunda mitad del siglo XVI, con la llegada de las reliquias europeas a las iglesias novohispanas se cambia la festividad de la muerte de los indígenas para celebrar el Día de los Fieles Difuntos o también conocida como el Día de todos los Santos y todas las Almas; es decir se recuerda el día en que murieron todos aquellos creyentes en el martirio o en la santidad, pero cuyos nombres no están en el calendario. En romerías muy animadas se llevaron a bendecir en las iglesias durante 300 años las reliquias de pan y azúcar, que serían las abuelas de las actuales calaveritas de azúcar y pan de muerto, que luego se guardaban como protección anual (Malvido, 1999).

Para los pobres, entre los cuales se encontraban los indios, la sepultura era en los atrios de la iglesia, ya que no podían pagar para estar cerca del altar y generalmente no habían sido personajes de relevancia social en vida. Envueltos en un petate (de ahí que “petatearse” sea sinónimo de morirse) se les llevaba a inhumar, la mayoría de las veces de limosna. Ahora para los extremadamente pobres; es decir, aquellos deudos que no podían pagar un sepelio más barato, había en la ciudad de México en la plaza del Volador, una cruz conocida como Cachaza, a cuyo pie se ponían los cadáveres a fin de que la gente  que pasara por ahí cooperara con una limosna para pagar a la iglesia el arancel correspondiente para el entierro (Malvido, 1999).

El primer cementerio o panteón no católico fue el de los ingleses en el año de 1822, posteriormente en 1833 con la epidemia del cólera morbus obligó a que las fosas comunes se hicieran fuera de los pueblos, aunque pasada la pandemia se regresó al entierro dentro de los pisos y atrios de las iglesias. Fue hasta 1859 con la Ley de Inhumaciones de Benito Juárez que se crearon los primeros cementerios o panteones como lugares ex profeso diferentes a las iglesias para enterrar a los difuntos.

Ya finalizando el siglo XIX, “El simple acto de morir fue motivo de creación artística” y fueron artistas como José Guadalupe Posadas (el creador de “La Catrina”), Manuel Manilla o Antonio Venegas Arroyo quienes a través de hojas volantes, hicieron salir el grabado a las calles y las “calaveras caricaturescas” se convertirían en parte de la imaginería popular colectiva del mexicano. La muerte es democrática ya que a fin de cuentas toda la gente acaba siendo calavera, decía José Guadalupe (Ramírez, 1999). La obra de este ilustrador influyó en artistas como Diego Rivera, quien le dio a La Catrina el nombre y la forma con que hoy se le conoce, pues fue el primero en pintarla vestida dentro de su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, arropada como una dama elegante, con un estilo clásico de la aristocracia de fines del siglo XIX y principios del XX.

Actualmente, uno de los rasgos más característicos del día de muertos en México es la ofrenda, basada en la creencia de que los muertos regresan para disfrutar de la esencia y aroma de los alimentos que sus parientes les ofrecen.

Se cree que las almas llegan en orden, quienes mueren el mes anterior a Todos los Santos no reciben ofrenda, pues carecen de tiempo para pedir permiso y acudir a la celebración, y aquellos que fallecen el día de la fiesta fungen como ayudantes de los demás difuntos. El 28 de octubre se dedica a los muertos por violencia, asesinados o accidentados y cuando se conoce el sitio del percance se le llevan al lugar flores de muerto y velas, además de encenderse una veladora para el Ánima Sola. El 30 de octubre se ofrendan flores blancas y una veladora a los niños que murieron sin ser bautizados, quienes son llamados “limbos” o “limbitos”.

El 31 de octubre se pone la ofrenda de los “chiquitos” o “angelitos”, que consta de flores blancas, juguetes, panes, veladoras y platos con dulces. Al mediodía repican las campanas de la iglesia para indicar su llegada, se prende copal en un incensario rosa o azul y se reza una oración. El 1° de noviembre a la misma hora, las campanas comienzan a doblar para dar la bienvenida a los grandes.

La ofrenda común generalmente se coloca en una mesa que se cubre con un mantel blanco o con papel picado, situada tradicionalmente junto al altar de la familia es provista de panes, veladoras, dulces preparados, mole con pollo o los platillos que le gustaban al difunto, tamales, fruta, flor de muertos o cempoalxóchitl, bebidas alcohólicas y un vaso con agua bendita. Así mismo para guiar a las almas se hace un camino con flores de muerto desde la ofrenda hasta la calle y se prende copal en un incensario negro (Scheffler, 1999).

Actualmente debido a las diferentes regiones y etnias de México y en particular del Estado de México existen diferentes ofrendas como son: la nahua, tlahuica, otomí o matlazinca que se diferencian unas de otras por los diferentes alimentos, bebidas y elementos ornamentales  que colocan.

El 2 de Noviembre se acude al cementerio o panteón para arreglar y adornar las tumbas o a las urnas funerarias ubicadas en su mayoría en las iglesias del país, donde se encuentran las cenizas de los difuntos, además de asistir a misa, donde el sacerdote recorre los sepulcros rezando responsos. Después las familias regresan a sus casas y por la tarde realizan la “levantada” de la ofrenda y se cree que para ese entonces los alimentos y bebidas ya han perdido su aroma y con ellos se da la “Ofrenda” o la “Calavera” a sus parientes y amigos (Scheffler, 1999).

Por otro lado en estos días en la noche los niños salen disfrazados desde el típico muerto, momia, vampiro hasta los personajes actuales de terror de la televisión, pidiendo dinero o dulces para su calaverita o para su muertito; mientras que en las panaderías se vende la tradicional hojaldra o pan de muerto para acompañar con un buen chocolate y también se venden las ya tradicionales calaveras de azúcar, chocolate y los más inimaginables ingredientes, en el caso de Toluca esta venta se realiza en los portales de la ciudad en la ya tradicional Feria del Alfeñique, nombre que recibe el azúcar con la cual se elaboran calaveras y borregos.

Finalmente otros elementos de la fiesta son las imágenes caricaturescas de la calavera y las calaveritas literarias que son versos populares satíricos y festivos, que comentan en forma de epitafio las acciones de personas vivas, sin respetar posición social, política y eclesiástica y aparecen en periódicos y revistas a nivel nacional y las mismas personas intercambian entre sí sus calaveritas literarias.

2.- La Historia del Liberalismo Mexicano en el Siglo XIX.

La independencia de México en 1821, dio como resultado el surgimiento de un conflicto entre diferentes grupos raciales y políticos dentro del país que duraría más de 50 años y tendría postrado a México en continuas guerras intestinas por ver qué proyecto político triunfaba y guiaba los destinos del naciente país.

Después de la firma de los tratados de Córdoba el 24 de Agosto de 1821 entre Agustín de Iturbide, jefe del ejército trigarante, y Don Juan de Odonojú, último virrey de la Nueva España, se propuso la organización política del país como una monarquía constitucional, gobernada por un rey que sería enviado de España, pero al no reconocer la Metrópoli la independencia de su antigua colonia, quedó rota toda esperanza de que México fuera una monarquía constitucional.

Así que en el primer Congreso Constituyente en 1822, había tres bandos políticos encontrados, por un lado estaban los Iturbidistas que a la postre apoyarían al emperador, por el otro lado estaban los republicanos que buscaban una organización semejante a la de los Estados Unidos y finalmente los Borbonistas que querían México regresará al dominio del imperio español. De hecho la falta de reconocimiento de la independencia de México hizo que el balance de fuerzas cambiara, porque varios Borbonistas se aliaron con los Iturbidistas; mientras que una minoría de Borbonistas se unieron a los Republicanos y estos dos bandos (Iturbidistas y Republicanos) fueron la semilla de lo que más adelante serían el partido liberal y conservador en México, de acuerdo con Lucas Alamán los líderes de los liberales eran: Don José María Fagoaga, Francisco Manuel Sánchez de Tagle y Manuel de Heras Soto; mientras que el líder conservador fue Don Miguel Guridi y Alcocer (Soberanes Fernández, 2015).

Después del derrocamiento del Primer Imperio Mexicano, para 1824 el Supremo Poder Ejecutivo (el triunvirato formado por Pedro Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria) convocó a un Segundo Congreso Constituyente donde nuevamente dos bandos se hallaron enfrentados, por un lado los que buscaban que el país fuera una república central entre quienes destacaron: Servando Teresa de Mier, José María Becerra y Jiménez, y Carlos María de Bustamante, entre otros; mientras que por el lado de los que querían una república federal figuraban: Miguel Ramos Arizpe, Lorenzo de Zavala, Valentín Gómez Farías entre otros.

El 31 de enero de 1824 se firmó el Acta Constitutiva de la Federación y el primer presidente de la República Mexicana fue Guadalupe Victoria. Así sustituida la palabra imperio con república y agregada a esta palabra federación se creyó que ya se había conseguido todo y no se pensaba que este todo estaba envuelto en graves dificultades, rodeado de grandes resistencias, y que la lucha del progreso y retroceso tomaría unas proporciones formidables (Díaz Sermeño, 2015).

Es importante mencionar el papel que jugaron las logias masónicas dentro de los proyectos políticos que ambos bandos propusieron a lo largo del siglo XIX. Por un lado la logia de York, introducida a México por Joel Robert Poinsett, Primer Ministro del Gobierno de los Estados Unidos, buscaba la organización de una república federal, la igualdad de todos ante la Ley, la libertad de cultos y la enseñanza laica desligándola del clero. Por su parte el rito escocés liderado por Lucas Alamán buscaba la organización de una república centralista, con un tratamiento especial para el clero y la milicia; limitando los derechos políticos a la fortuna y a la propiedad y consideraban a la religión católica como único lazo de unión y la defendían a ultranza.

En 1836 contratacó la logia escocesa y promulgaron las sietes leyes que buscaban cambiar la forma de gobierno del país de una república federalista a una centralista, creando el Supremo Poder Conservador para dirimir controversias entre el poder ejecutivo, legislativo y judicial, al presidente le dieron el voto de veto suspensivo frente al Congreso, además de solicitar requisitos de riqueza y propiedad  para ocupar algún cargo y en vez de Estados existirían departamentos a cargo de los gobernadores

A las siete leyes siguieron las bases orgánicas de la República Mexicana, donde la ciudadanía estaba condicionada por un nivel de renta anual, además las provincias eran departamentos a cargo de gobernadores nombrados por el poder ejecutivo, quien además seguía teniendo un veto extraordinario sobre las resoluciones del Congreso y tenía autoridad sobre el poder judicial, siendo el Senado el cuerpo más elitista de los poderes.

Para 1854 una nueva revuelta se dio con la Revolución de Ayutla, que desconocía al gobierno de Antonio López de Santa Ana y convocaba al congreso constituyente de 1857. El resultado fue la organización de la Nación bajo la forma democrática, representativa y popular. La constitución de corte liberal propagó la libertad de enseñanza, la libertad de prensa, la eliminación del fuero eclesiástico y la prohibición a las corporaciones civiles o eclesiásticas de adquirir en propiedad bienes raíces o administrarlos con la única excepción de los edificios usados para su funcionamiento.

En 1860 esa radicalización y disputa por el poder entre los bandos ahora conocidos como liberales o republicanos y conservadores o clericales seguía con la guerra de Reforma. El embajador español Don Joaquín Francisco Pacheco de corte conservador quien había sido enviado por la reina Isabela II de Borbón para presentar sus credenciales al presidente interino Miguel Miramón comentaba acerca de ello “en Méjico hay un partido español y otro anti-español; y digo que hay un partido español, no porque quiera vendernos su patria, ni porque quiera que España domine allí, sino porque no avergonzándose de su origen, conserva las tradiciones de nuestra nación, sus individuos son blancos como nosotros, viven a nuestra manera, nos dan la mano, y al darnos la mano nos dicen la verdad: otro partido que llamo anti-español, porque comenzó su independencia asesinando a españoles y a los afectos a España, porque todo lo que ha hecho después ha tenido por objeto separarse de las tradiciones españolas”  (Pacheco, 1861: 16)

Con respecto a los méritos de uno y otro partido el embajador apuntaba “Señores el partido español es el que se levantó contra la Constitución del 57, el que ha dominado en Méjico durante dos años; en éste partido están todas las ilustraciones de aquel país: las ilustraciones científicas, las ilustraciones literarias, las ilustraciones militares, las ilustraciones de la Iglesia, las ilustraciones de Hacienda, todas en fin; a ese partido perteneció Alamán, a él pertenece Couto, en él están Bonilla, el Padre Miranda, Lares, Ramírez, Helguero, Pesado; este último no está ya, el infeliz ha muerto.”  (idem)

“El otro partido nos detesta, nos maltrata, vende su país a los anglo-americanos; partido que ha borrado de su Constitución el nombre de Méjico para poner en ella el nombre de Estados-Unidos mejicanos; porque, señores, el verdadero nombre oficial de Méjico es hoy el de Confederación de los Estados-Unidos mejicanos. Yo podría enseñar documentos que así lo acreditan.”  (Idem)

Finalmente con respecto al origen racial de los partidos Don Joaquín Francisco acotaba “Para concluir esta breve pintura que hago de aquella sociedad, debo decir a los señores senadores que la mayoría del partido español se compone de blancos, de hombres como nosotros, mientras la casi totalidad del partido-antiespañol se compone de mestizos; y que la raza india, que forma la mayoría, la inmensa mayoría de aquel territorio” (Ibid: 17)

Cuando en 1861 los franceses invadieron México con apoyo de los conservadores para poner a Maximiliano como Emperador, la jerarquía eclesiástica los recibió como liberadores: el clero de Puebla salió a recibir al ejército extranjero, dando la bienvenida al comandante francés Forey y a los mexicanos  traidores. Finalmente con el triunfo de los liberales y el fusilamiento de Maximiliano en el cerro de las campanas por parte del gobierno de Juárez se cierra un capítulo en la historia de México acerca de la organización política del país.

Así lo que apuntaba Ignacio Manuel Altamirano, uno de los liberales más prominentes, con respecto a la guerra de reforma o de los tres años y su visión del país, “Ultimo de los obreros de esa gran generación de la Reforma… nuestra misión no era destruir, sino para reedificar después; y que si teníamos que imponernos la ruda tarea de echar abajo el viejo y sombrío edificio del retroceso, se nos imponía también el deber de levantar en seguida el nuevo glorioso edificio del porvenir, bajo las sólidas bases de la libertad y de la civilización… Ha llegado el tiempo; la República levanta su frente victoriosa, y la reforma comienza a florecer, a pesar de las maldiciones impotentes de sus enemigos. Es la hora, pues, de la reconstrucción y de la consolidación. Laboriosa es la empresa; pero ella es inevitable, si no queremos ver a la ruina convertida de nuevo en baluarte y en trono del fanatismo, encadenado hoy, pero no muerto”  (Bermúdez de Brauns, 1985: 84)

Durante todo este periodo de luchas intestinas en México, los liberales también ya habían realizado avances con relación a la organización de la educación, pues se habían dado cuenta que el hecho que la iglesia fuera la encargada de impartir la educación generaría más conservadores en un futuro, por lo que de manera legal propagaron la libertad de enseñanza en la Constitución de 1857 y quitaron del currículum las materias relacionadas con religión para ser sustituidas por moral, higiene y urbanidad, donde se sustituirían los típicos valores cristianos como la piedad, la mansedumbre, la misericordia y pureza del corazón por valores civiles como: perseverancia, honor, aseo personal y vestido, amor al trabajo, deberes con el projimo, consideración a la familia y a los vecinos y culto a la patria. También se incluyó el conocimiento de la constitución federal a través de la materia de leyes e historia donde se vería el triunfo de la república de 1867, rasgos biográficos de Hidalgo, Morelos, Juárez y Zaragoza (Ontiveros Ruíz, 2015).

3.- La expresión de estos dos fenómenos en la escuela del México Actual.

Las bases de la escuela actual, están sentadas en los diarios de debates que se dieron en la cámara de diputados para la aprobación de la Constitución de 1917. Francisco J. Mujica quien presidía la Comisión de Constitución, presentó un nuevo dictamen rechazando el propuesto por el Constituyente y en la exposición de motivos apuntaba:

“Es justo restringir un derecho natural cuando su libre ejercicio alcance afectar la conservación de la sociedad en general o a estorbar su desarrollo. La enseñanza religiosa, que entraña la explicación de las ideas más abstractas, ideas que no puede asimilar la inteligencia de la niñez, esa enseñanza contribuye a contrariar el desarrollo psicológico natural del niño, la enseñanza religiosa afecta, además bajo otra fase el desarrollo de la sociedad mexicana. No siendo asimilables por la inteligencia del niño las ideas abstractas contenidas en cualquier dogma religioso, quedan en su espíritu en la categoría de sentimientos, se depositan allí como gérmenes prontos a desarrollarse en un violento fanatismo, por eso es preciso prohibir a los ministros de los cultos toda injerencia en la enseñanza primaria. (Soberanes Fernández, 2015)”

Otro punto que concentró los debates fue el significado del término laico:

Dando a éste vocablo la significación de neutral, se ha entendido que el laicicismo cierra los labios del maestro ante todo error revestido de una apariencia religiosa. La comisión entiende por enseñanza laica  ajena a toda creencia religiosa, la enseñanza que transmite la verdad y desengaña el error inspirándose en un criterio rigurosamente científico; no encuentra la comisión otro vocablo que exprese su idea, más que el de laico y de éste se ha servido, haciendo constar que no es su propósito darle la acepción de neutral  indicada al principio.  (Soberanes Fernández, 2015)”

Finalmente el artículo 3° Constitucional quedó así “La enseñanza es libre; pero será laica la que se dé en los establecimientos oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza primaria, elemental y superior que se imparta en los establecimientos particulares. Ninguna corporación religiosa, ni ministro de algún culto, podrán establecer o dirigir escuelas de instrucción primaria. Las escuelas primarias particulares sólo podrán establecerse sujetándose a la vigilancia oficial” (México U. N., 2015).

Actualmente en la escuela, (la obra maestra de los liberales del siglo XIX y el maestro el instrumento del Estado para expandir la razón y el cientificismo para des fanatizar a la población)   se festeja el día de todos los fieles difuntos o día de muertos con una ceremonia donde se contextualiza la festividad, además de colocar una o diferentes ofrendas como son: la nahua, tlahuica, otomí, matlazinca, prehispánica o alguna nueva composición que realizan. Para ello alumnos y padres de familia guisan los diferentes platillos a colocar en la ofrenda, así como las frutas, flores, calaveras de dulce y chocolate, así como los adornos a emplear, en tanto los maestros son los encargados de colocarla y preparar el discurso explicativo de la misma.

Posteriormente en la “levantada de la ofrenda”, todos los participantes disfrutan el festín.

También se realizan concursos de: ofrendas, figuras de calaveras de papel maché, calaveras literarias a docentes y personal directivo de la Institución, etc.

Así que de acuerdo con la estructura del artículo por la forma en que la escuela actual celebra el tradicional día de muertos pareciera que se ve legitimada la frase de  Salvador Dalí con la que inicia el artículo “de ninguna manera volveré a México, no soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”.

¿O es acaso que al mexicano surrealista actual se le olvidó que México vivió los primeros 50 años del siglo XIX diferentes guerras intestinas que enfrentaron a las castas resultantes de 300 años de virreinato contra los peninsulares, criollos y mestizos, además de sufrir innumerables muertes, la expulsión en 1829 de los españoles y la ruina de la economía nacional?

Esas mismas guerras intestinas le costaron al país tres intervenciones extranjeras en 1838 la de Francia con la guerra de los pasteles, en 1847 la guerra con los Estados Unidos con la pérdida de la mitad del territorio y finalmente en 1862 la de Francia nuevamente y Maximiliano de Habsburgo, que dejó a los mexicanos la celebración del 5 de mayo o la batalla de Puebla.

También se le olvida que en los inicios de vida independiente los bandos iturbidistas vs republicanos, centralistas vs federalistas y liberales vs conservadores significaban cosas antagónicas y hostiles que estuvieron dispuestos a batirse en el campo de las ideas y de batalla, siendo el último episodio de 1926 a 1929 con la llamada guerra cristera y donde a los liberales les costó más allá del siglo XIX la separación entre el Estado y la Iglesia y la merma del poder espiritual y económico de esta última, además de diferentes ensayos de constituciones el de 1824 constitución de corte liberal, el de 1836 de corte conservador, el de 1843 de corte conservador y el de 1857 de corte liberal.

Por último también se le olvida que dentro de los debates más encarnizados de la Constitución de 1917 fue precisamente la discusión del artículo 3° constitucional sobre la educación y la forma en que se tenía que entender el laicicismo en las escuelas públicas y que pareciera que con celebraciones del día de muertos como las que actualmente se llevan a cabo en las escuelas se está mancillando este principio por el que muchas personas dieron su vida.

¿O es acaso que en México se están viviendo nuevos tiempos después de que en 1861 Benito Juárez rompiera las relaciones diplomáticas con el Vaticano y existe una nueva actitud oficial iniciada en 1990 con Carlos Salinas de Gortari (1998- 1994) y Juan Pablo II al reconocer la personalidad jurídica de las iglesias, restablecer las relaciones diplomáticas con el Vaticano y permitir que los sacerdotes vistieran ropas clericales en público?

Esta actitud se vio continuada con Vicente Fox (2000- 2006) que al ganar las elecciones fue a la Basílica de Guadalupe a dar gracias a la virgen por el triunfo y en el año 2002 varios políticos asistieron a la canonización de Juan Diego en la Basílica de Guadalupe y fortalecida con Felipe de Jesús Calderón (2006- 2012) y su asistencia en el 2011 al Vaticano a la beatificación de Juan Pablo II o los rumores acerca del movimiento de ultraderecha llamado el Yunque y que con la llegada de Fox al poder vinculan a varios altos funcionarios del Partido Acción Nacional (PAN) con esta organización que busca, según el libro de Álvaro Delgado el “Yunque la ultraderecha en el poder”, establecer el reino de Dios en la tierra mexicana, usando para ello ritos de tipo masónico y con una frase de iniciación en latín para los miembros: “estad firmus” “Ut incus percusa”  que en español se traduce como “estar firmes en la adversidad como el yunque al ser golpeado” (Delgado, 2003).

Al final estimado lector la mejor opinión la tiene usted, pero eso sí, al celebrar el próximo día de muertos en la escuela recuerde todo lo que hay detrás de ésta gran celebración y que en Patzcuaro, Michoacán ha logrado una de sus versiones más singulares y turísticas proyectando a México internacionalmente, además de que no hay ninguna otra parte del mundo cristiano que se celebre el día de todos los fieles difuntos como en México.

Bibliografía Consultada:

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