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Crónicas de lectura: Entre el cielo y la tierra; San Mateo Oxtotitlán

Foto: Flor Moreno

Por la calle de Nicolás Bravo, los caminos escarpados nos llevan muy cerquita del azul del cielo, que callado, eterno, aguarda entre sus nubes y sus tonos azulados a un poblado que sube y baja en medio de un cuenco, de un espacio privilegiado.

Escondido entre la Sierrita de Toluca, un pueblo de origen matlazinca resguarda en su nombre la historia del patrimonio natural, histórico y cultural de esta ciudad. En su nombre San Mateo Oxtotitlán, esconde la memoria de una comunidad que atestigua el tiempo histórico desde su origen geológico “oxtotl”, cueva, y “titlán”, entre. “El lugar entre las cuevas” nos recuerda que la Sierrita de Toluca fue formada en tiempos geológicos por la erupción volcánica del Xinantecátl de hace aproximadamente 1.5 millones de años.

En los tiempos inmemoriales de un volcán activo, cada piedra, cada cerro y cada ladera prominente de la Sierrita de Toluca es un vestigio vivo de la creación ígnea casi mítica de una ciudad encantada, como se cuenta que fue nombrada por el personaje legendario de la Shinula; para algunos conocida como la hija de la hacendada Teresa, de quien el Cerro de la Teresona toma su nombre. Y para otros, la Shinula es una figura imprecisa parecida a una Llorona que toma su forma de acuerdo a la esencia del corazón de quien la mira con ternura o con miedo.

En el libro Narraciones tradicionales del Estado de México, María del Socorro Caballero cuenta varias versiones del Cerro de la Teresona, también conocido como “del Elefante”. Se dice que este cerro es el obligo del mundo y que ahí hay una ciudad encantada y que quedó así cuando hizo erupción el volcán. También nos cuenta la historia de una niña que fue hechizada por una viejecita del lugar que no fue invitada a su bautizo y que, al llegar de improviso, comió con cubiertos de plata y no de oro, como el resto de los invitados, generando envidia y un conjuro para la niña. A la edad de quince años, la niña sería desencantada si sus papás reunían cien monedas de oro, un anillo, un collar de perlas escondido en el Cerro del Elefante y ver a un enano juguetón. Pero no lograron ver al enano, quien se dedicó a engañar a la gente, siendo el primero, un tlachiquero, quien se quedó llorando cerca del lugar donde había nacido la niña. Se dice que con sus lágrimas se formó el ojo de agua y que él se convirtió en piedra.

San Mateo Oxtotitlán es ese lugar mítico y legendario, geológicamente privilegiado por la erupción de un volcán que formó la Sierrita Toluca con sus cerros y sus valles que permitieron a los antiguos cazadores vivir entre las cuevas. Este lugar es un espacio de encanto no solamente por sus leyendas, sino por ser una región fértil, fuente de agua proveniente del Nevado de Toluca, pero también de la lluvia que baja desde el azul del cielo y cubre con su manto cristalino de agua, las callejuelas del lugar.

Fiel al paso del tiempo mítico de la creación, Oxtotitlán recibe también el nombre del apóstol San Mateo, a quienes los fieles católicos recuerdan con fiestas y celebraciones cada mes de septiembre. Rememorando la historia de un lugar que también forma parte del patrimonio cultural del contexto novohispano del Siglo XVI. Una de las celebraciones es el recorrido con música de banda, comida, toritos de fuegos artificiales y la mojiganga, una expresión característica de la zona mixteca del estado de Guerrero, en donde también hay un lugar llamado la Cueva Oxtotitlán, con indicios de la cultura Olmeca y pinturas rupestres.

Coloquialmente llamada la Sierrita de Toluca, el Parque Sierra Morelos es un área natural protegida de bosque, al cual también pertenece el Cerro Toloche, que resguarda fragmentos del pasado matlazinca y del presente de una cultura viva que camina por sus senderos escondidos y que une dos momentos históricos: el paso de los aztecas dejando vestigios de cerámica y el paso de los españoles con el símbolo de la cruz. Coincidencia de caminos: al Cerro de la Teresona se llega por los caminos escarpados de la calle de Nicolás Bravo de San Mateo Oxtotitlán y al Cerro Toloche se llega, siguiendo la pendiente de la calle de Nicolás Bravo desde el centro de Toluca. Así se llega al corazón de la Sierrita de Toluca, que esconde la memoria de los tiempos míticos de la creación geológica de fuego y agua, además de los relatos legendarios de una ciudad que vive cerquita del azul del cielo.

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