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AMLO: ¿Regreso al 2012?

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Si hay algo que evidenciaron los comicios del 4 de junio, en cuatro entidades, es que no solo la desconfianza sigue marcando las votaciones en México, sino que nuestros partidos políticos aún carecen de un espíritu democrático para competir.

 

Lejos de quien sea el ganador de los comicios electorales y lejos de cuantas irregularidades o no se cometieron en cada uno de los estados que celebraron elecciones, lo verdaderamente importante es que nuestro actual sistema electoral ya no garantiza la gobernabilidad: no refleja mayorías y no produce ganadores legítimos.

Supongamos por un momento que el actual proceso del Estado de México no tuvo irregularidades y que los resultados serán aceptados como legítimos por todas las partes participantes en el proceso electoral. Lo realmente preocupante es que quien resulte ganador representará únicamente al 15 o 20 por ciento del electorado de uno de los estados más poblados del país.

Lejos de celebrarse, debería ser una victoria agridulce y una llamada de atención para nuestros partidos políticos: son incapaces de seducir a gran parte del electorado con sus propuestas arcaicas y populistas.

Nuestro actual sistema electoral a nivel estatal y federal no hace nada más que crear gobiernos de minoría incapaces de sacar adelante agendas legislativas, que beneficiarían a la nación, al verse rodeados de una oposición que ve más victorias políticas al oponerse, que al cogobernar. México tiene un sistema electoral que favorece la fragmentación política y la dispersión de las opciones traduciendo los votos útiles en votos desperdiciados.

Un discurso preocupante y que se ha repetido desde antes de las elecciones del 2000 es que sacar al PRI del gobierno equivale a democracia. Esto es una falacia que las dos administraciones fallidas del PAN han demostrado. La democracia va más allá de la rotación de partidos, va más allá del protagonismo político y del pregonar de algunos candidatos que “la democracia soy yo.”

Andrés Manuel López Obrador, como era ya de esperarse, ha cuestionado de nuevo los resultados electorales del Estado de México y ha repetido, en innumerables ocasiones justo como lo hizo en el 2012, que únicamente aceptará un resultado como democrático aquel que le sea favorecedor.

Debemos reconocer que los políticos no son diferentes a cualquier otra mercancía, a final de cuentas son un producto con contenido y un producto incapaz de regenerarse con el tiempo y lleno de inconsistencias no será capaz de representar a nadie ni de atraer a un número significativo de votantes. Esto es lo que ha caracterizado a nuestro sistema electoral desde hace casi dos décadas.

Tomemos el caso específico de MORENA, lejos de culpar a la mafia en el poder, AMLO debe culparse a él mismo por su derrota. Una de las principales razones por las que perdió fue su necedad al no aceptar formar alianzas de una manera civilizada con su aliado natural el PRD. La necesidad de protagonismo del político tabasqueño ha estado cegando su capacidad de análisis de la realidad política del país.

El voto y el votante informado es casi una excepción en nuestro país. Son muy pocos aquellos que realmente revisan la trayectoria de los candidatos; las cuentas que dejaron en su administración, su oferta política y la viabilidad de la misma; sus buenas y malas amistades así como las alianzas y respaldos.

Es difícil creerle a AMLO que realmente está en búsqueda de un proyecto alternativo de nación cuando en sus filas partidistas aún sigue Ricardo Monreal, aquel político que desangró la delegación Cuauhtémoc, ha hecho del abuso del erario público su modo de vida y tiene más que evidenciados sus actos de corrupción. No podemos creerle a alguien cuya lógica electoral es inconsistente con su discurso al aceptar tácitamente el apoyo de Elba Esther Gordillo, Fernando Espino y Napoleón Gómez Urrutia. Las peores alianzas para alguien que proclama ser antisistémico.

El PRD es quien sostenía la llave del Estado de México para MORENA y quizá es quien también la sostenga para las elecciones presidenciales del 2018. Sin embargo, está de sobra decir que AMLO será por cuarta ocasión quien compita por la silla presidencial. En lugar de negociar, AMLO exige y demanda obediencia absoluta, al igual que en el 2006 cuando desdeño la posibilidad de una alianza con Patricia Mercado del partido Alternativa Socialdemócrata, hoy desdeñó la posibilidad de negociar con el PRD y llevarse fácilmente la victoria en la joya de la corona priista: El Estado de México.

Si AMLO de verdad quiere dejar de ser el perpetuo candidato del “ya merito”, “voto por voto, casilla por casilla” debe comenzar a moverse al centro del espectro político, a demostrar que tiene una actitud tolerante y una mente abierta.

El panorama no es favorable para los demás partidos políticos: El PAN es incapaz de ofrecer alternativas y candidatos diferentes; el PRI ofrece más de lo mismo. pero le fue suficiente para asegurar casi el mismo número de votos que la alternativa, y los ciudadanos seguimos siendo partícipes de la manipulación electoral de algunos candidatos o partidos políticos.

Queda en evidencia la existencia del mexicano cínico que conoce a la perfección las torceduras y debilidades del sistema político mexicano y que únicamente levanta su voz en las semanas posteriores a cada elección, generalmente en redes sociales, pero que también ha sido receptor de los muchos beneficios que los múltiples circuitos de la corrupción le ofrecen.

Dichos como “La amistad se demuestra en la nómina.” “No pido que me des solo que me pongas donde hay” “El que no transa no avanza” desgraciadamente siguen representando la mentalidad de la gran mayoría del mexicano.

Mientras no dejemos de hacer las cosas “a la mexicana” o no dejemos de decirla la frase “Pues es que así es como se hacen las cosas en México” nuestro país seguirá plagado de partidos irresponsables, candidatos populistas, gobiernos ilegítimos e incapaces, y de ciudadanos ignorantes.

 

Lisdey Espinoza Pedraza

Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana y Maestra en Relaciones Internacionales y Orden Mundial por la Universidad de Leicester en el Reino Unido.

Se ha desempeñado como académica e investigadora en las áreas de ciencia política, relaciones internacionales, historia y lengua inglesa en varias instituciones de nivel superior en el Estado de México y actualmente se encuentra cursando un Doctorado en Filosofía, Ciencia Política y Relaciones Internacionales.