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Desaparición y homicidio de Erik, en busca de justicia y memoria

Un 10 de abril de hace 10 años, Erik Antonio Ruiz Mata salió a jugar futbol como cada domingo. Ninguno de sus amigos lo vio llegar a la cancha. Al caer la noche, no regresó a casa. Ese fue el último día de su vida. También fue el primero de Erika Ruiz, como madre buscadora.

Esta es la historia de la desaparición y el homicidio de un estudiante de 17 años, originario de Cuautitlán Izcalli, Estado de México. También es un caso paradigmático que brindó elementos para que se reconociera el delito de desaparición forzada cometida por particulares. Esta es la historia de cómo la familia de Erik vivió un giro de 180 grados tras su muerte.

A una década de estos crímenes, continúa la búsqueda de justicia y la insistencia de la memoria, para que el caso de Erik no sea un número más en medio de la crisis actual de personas desaparecidas y víctimas de homicidio.

 

Los hechos: una desaparición, una cruda verdad

Erik salió de su casa, ubicada en Cuautitlán Izcalli, a las 12 del día. Según le dijo a su mamá, iría a casa de Roberto Carlos, a quien consideraba su mejor amigo, para ir a jugar futbol. Sin embargo, al caer la noche, no volvió a casa. La sospecha inicia y con ella, el peregrinar de su familia por localizarlo. Su mamá sale a preguntarle a sus amigos por él. Uno de ellos, apodado “el Kiko” le dijo haberlo visto en el lago de Guadalupe con Roberto Carlos y su tío. Al llegar a casa de Roberto, este negó haberlo visto, pero tras indicarle que los habían visto juntos, afirma que una patrulla los quiso detener, por lo que ellos salieron corriendo sin Erik.

Empieza la sospecha. Ya entrada la noche, acuden al Ministerio Público, a la Cruz Roja, a hospitales públicos, sin éxito. En la madrugada, toman un taxi que los lleve a la laguna, pero está muy oscuro para poder ver algo, por lo que buscan una patrulla que les ayude a alumbrar. Al encontrar una, los elementos policiacos le niegan la ayuda y amenazan a la señora Erika con remitirla por alterar el orden público.

A la mañana siguiente, su familia amplía la búsqueda al municipio de Atizapán, también sin éxito. Los mandan al C4, en donde el comandante en turno les indica que lo mejor es poner una ficha de búsqueda en Cuautitlán. Su mamá empieza a estar desesperada. Al arribar al MP de ese municipio, la funcionaria que la atiende le afirma que pudo haberse ido con su novia o algún amigo. Lo niegan rotundamente y gracias a ello, le generan la ficha, misma que empiezan a pegar en los lugares que frecuentaba Erik.

Los días pasan y en ese tiempo, tíos, primos, la abuelita y la mamá de Erik continúan la búsqueda en los SEMEFOS, hospitales y hasta el aeropuerto. El viernes, deciden cerrar la glorieta del municipio junto con vecinos y más familiares para generar ruido y que así le den celeridad a su caso. Funciona, la llevan a reunirse con la que entonces era Fiscal Especializada en Búsqueda de Personas del Estado de México, Sol Salgado Ambros, quien la atiende.

La misma exfiscal cuenta en una entrevista realizada para este medio de comunicación que los principales sospechosos eran Roberto Carlos y su tío, Eduardo, quien en ese entonces tenía más de 30 años y era luchador. Antes de la reunión ya habían iniciado las primeras investigaciones. Una de ellas fue entrevistar a los supuestos policías que habían querido detener a los chicos el domingo, según la versión de Roberto Carlos. Ahí hay una pista: los elementos negaron haberlos querido detener, pero aseguraron que vieron a dos hombres tomando en la orilla de la laguna, a quienes les habían pedido retirarse por el peligro que implicada. Aseguraron que les llamó la atención que llevaran 3 bicicletas, siendo sólo dos individuos.

La sospecha gira en torno a Roberto Carlos y Eduardo. La exfiscal narró que les pidió a los policías de investigación ir a buscarlos. Encontraron al primero, era testigo y por ello, le pidieron los llevara al último punto en donde habían estado los tres, tras lo cual, se pone muy nervioso. Los llevaron a un punto en el que había un hoyo de 25 cm de diámetro, lo que generó una sospecha fundada.

Las autoridades ya estaban interrogando a Roberto Carlos, quien iba acompañado de su mamá, cuando les piden que vayan en una camioneta hasta el lugar donde estuvieron la última vez con Erik; sin embargo, la madre siente que es un interrogatorio y exige que los devuelvan a la comisaría.

Unos de los policías de investigación municipal encargado del caso, quien pidió no revelar su nombre, afirmó en entrevista exclusiva que desde que empezó los protocolos de actuación hubo sospecha de que había sido un homicidio debido a que, al buscar a Roberto Carlos y Eduardo, se mostraron renuentes y esquivos. También confirmó que los policías municipales, testigos presenciales, fueron clave para valorar los datos de prueba como el modo, el tiempo y el lugar del crimen.

El sábado 16 de abril, las autoridades estatales y municipales empiezan la búsqueda en las zonas aledañas a la laguna. Protección Civil de Cuautitlán Izcalli presta una lancha y el director sugiere que se cierren algunas compuertas de salida, para que pueda liberarse el cuerpo de Erik si se encuentra atorado entre los lirios. Sol Salgado y autoridades municipales utilizan una lancha para recorrer la orilla en el bote. Mientras tanto, la señora Erika busca en tierra, pero escucha que un compañero le externa a otro que sospecha que Erik ya no está con vida porque lo mataron.

Pasan las horas y a las 3:30 de la tarde, la abuelita de Erik comienza a gritar que ahí estaba su niño. Una agente del MP afirma que “la abuela se está quedando loca”, sin sensibilidad alguna por su dolor. En ese momento, la señora Erika ve como sale el cuerpo de su hijo, el cual sacan de la camisa color verde que vestía el domingo pasado. Ella alcanza a observar su cara y cuerpo con golpes, aunque no la dejan acercarse porque iba con sus dos hijos menores.

A las 4:00 de la tarde se hace el levantamiento oficial del cuerpo y después, la necropsia. El resultado apunta a que Erik fue asfixiado por estrangulamiento, le rompieron un brazo y presentaba heridas defensivas en puños y pómulos, además, determinaron que, tras quitarle la vida, arrojaron el cuerpo de agua. Todo apunta a un homicidio doloso.

La madrugada del domingo siguiente a su desaparición, le entregan el cuerpo de Erik a su mamá.

La búsqueda de sus asesinos, una injusticia

Una vez revelados los datos de la autopsia, la fiscalía gira una orden para detener a los principales sospechosos: Roberto Carlos y Eduardo. Para este momento, el deber de la fiscalía de búsqueda de personas desaparecidas fue cerrar sus actuaciones y pasar el caso a la fiscalía de homicidios de Cuautitlán Izcalli, aunque se mantiene en contacto.

Para este momento, los dos homicidas habían huido. Gracias a la policía de investigación, lograron localizar a Eduardo, el mayor. Roberto Carlos, quien la policía considera el autor intelectual, se fugó y actualmente se mantiene prófugo de la justicia.

“Estoy segura de que el que se dio a la fuga se mantiene escondido y alejado de su familia”. Sol Salgado Ambros, Exfiscal de búsqueda de personas desaparecidas del Estado de México

En cuanto a Eduardo, fue hasta 2022 que le dieron una sentencia de 40 años de prisión, debido a que, de acuerdo con el policía entrevistado, pudieron comprobar que fue él quien aplicó una llave de lucha libre que le rompió el brazo. La resolución tardó 6 años en llegar debido a que trato de alegar que padecía un trastorno psiquiátrico y por ello, su defensa pidió que no fuera sancionado. La señora Erika asegura que era agresivo y alcohólico.

Además, debido a que Roberto Carlos también tenía 17 años a la hora de cometer el delito, era considerado menor de edad. Ese hueco en la justicia permite que en este caso haya habido impunidad, pues no se le puede juzgar como a un adulto.

“La policía sólo me pidió perdón por no poder agarrar al asesino de mi hijo… Un perdón no es suficiente. A mí quién me va a regresar mi hijo, nadie y mientras, su asesino vive libre. ” Erika Ruiz, madre de Erik Antonio Ruiz Mata

Hoy, la carpeta está archivada. No hay más informes.

 

Consecuencias del homicidio de Erik Antonio

Luego de la muerte de Erik, su familia quedó destrozada: sus hermanos gemelos, de 11 años de edad, sufrieron consecuencias psicológicas que cambiaron su vida. Su hermanito tuvo una depresión tan severa que hasta dejó de caminar por un tiempo, sólo pudo terminar la secundaria. Su hermana mantuvo tendida la cama de Erik por años con la esperanza de que algún día regresara porque no podía hacerse a la idea de que no volviera. A pesar de que estudia psicología actualmente, también tuvo depresión.

“Qué le puedo decir yo, desde hace 10 años todo me pesa, me fastidia. A veces no puedo ni levantarme, pero pues debo seguir por mis otros hijos… Ninguno de los dos tiene amigos, les da miedo salir, sólo salen a trabajar y regresan a casa” Erika Ruiz, madre de Erik Antonio Ruiz Mata

Tras un recuento de lo sucedido antes del asesinato de Erik, su mamá señala que, para ella, el motivo del crimen fue la envidia que le tenía Roberto Carlos a su hijo, esto debido a que en alguna ocasión le comentó que Erik “tenía el privilegio de estudiar y levantarse tarde”, mientras él debía trabajar y cuidar a sus hermanos. También le hizo notar que Erik no valoraba su esfuerzo, pues la señora Erika era mamá autónoma de 3 hijos y la cabeza de familia. Aún no sabe porqué Roberto Carlos violó su confianza, si ella le abrió las puertas de su casa, lo dejaba dormir en ella y lo invitó a sentarse en su mesa.

Para Sol Salgado Ambros, este caso, al ser tan complejo, le indicó el camino a seguir a la hora de buscar a una persona desaparecida:

“Reconocí la necesidad de que las instituciones escuchen las inquietudes y corazonadas de las familias… la atención siempre debe ser inmediata y con seriedad… Si hubiera existido el tipo penal de desaparición forzada cometida por particulares, que entró en vigor hasta 2017, hubieran tenido la ventaja de realizar las detenciones sin necesidad de mayor evidencia.” Sol Salgado Ambros, Exfiscal de búsqueda de personas desaparecidas del Estado de México

Además, reconoció que aún hay retos importantes para las autoridades como la falta de personal y recursos económicos suficientes, sumado a la falta de capacitación y sensibilización que tienen muchos policías, ministerios públicos y jefes.

“Existe una cultura exacerbada de la violencia que lastima y pone en el centro a las personas más jóvenes, también hay que tener en cuenta eso.” Sol Salgado Ambros, Exfiscal de búsqueda de personas desaparecidas del Estado de México

El policía de Cuautitlán que nos dio su testimonio, pidió a sus compañeros que carpetas como las de este caso no sean archivadas, pues la justicia significa dar paz y protección a las víctimas.

“Un mal sabor de boca, con eso me quedé al ver destruida a una familia y por no poder haber detenido al otro muchacho… Si el sistema de justicia quisiera, podría localizarlo, es imposible rehacer una vida sin pasar por las instituciones, aunque se quiera salir del país” Policía de investigación del caso de Erik.

En cuanto a la señora Erika Ruiz, desde 2024 fundó el colectivo “Porque amamos a nuestros hijos”, desde el cual realiza búsquedas de personas desaparecidas y apoya a las familias sobre cómo acercarse a las autoridades. Con estas acciones espera que otras familias padezcan lo que ella y que haya justicia para las demás víctimas, algo que tuvo a medias su hijo.

 

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