Las reformas que reducen la jornada laboral de 48 a 40 horas ya fue publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF), una promesa que dejó mucho que desear, con sabor amargo para la clase trabajadora.
Los principales cuestionamientos a los cambios constitucionales en materia laboral son, que el descanso de dos días obligatorios no queda estipulado, porque la demanda era “exclusivamente” las 40 horas, en un escenario donde los “empleadores” tienen amplia ventaja frente a los trabajadores, y el tiempo es tan desigual cuando tu existencia está enfocada a cubrir el trabajo asalariado, cuando el traslado implica más de 4 horas del día.
Y el aumento en el margen de horas extras que se pagaran al doble, de 9 a 12, lo que otorga un amplio campo legal a los grandes empresarios para ampliar su uso y pagar menos, ya que en los hechos resulta más barato usar horas extras respecto a cómo estaba estipulado antes de la reforma.
Para el gobierno federal, las 40 horas ya es una promesa cumplida, la clase obrera esta contenta y una nueva era de felicidad se avecina…, de manera escalonada, por supuesto. Porque la reforma estipula la reducción a partir del 2027, con dos horas a partir de enero, dos horas en el 2028, y así sucesivamente hasta alcanzar las 40 horas en el 2030.
Sin embargo, el mundo de la clase trabajadora es inmensa y altamente estratificada ¿En quién impacta dicha reforma? En los empleados formales bajo contrato ¿Y qué sucede con más de la mitad de la población que trabaja en la informalidad, millones de mexicanos sin contrato laboral, protección legal y acceso a seguridad social?
En un país donde las leyes son manipulables por el poder económico, donde los patronos extienden el horario laboral bajo el argumento de las horas extras o comisiones, pagan por día laboral o ejercen presión para cubrir jornadas más allá de lo que estipula la ley, no se puede decretar que se avecina una nueva era de justicia para el pueblo trabajador, que habrá más dignidad para trabajar y para vivir.
Al final del día, la forma en que se estructura la sociedad permite a las grandes empresas buscar mecanismos para continuar ganando, mientras al asalariado bajo contrato se le reacomoda y regula su tiempo, no su condición de explotación.
¿El trabajador tiene control sobre su trabajo? No, éste sirve para cumplir las necesidades de las empresas privadas, no su existencia y realización, solo de su reproducción, bastante precarizada en un mundo en crisis.
Más allá de las ecuaciones de horas y pagos, es necesario entender el trabajo desde la realidad material que viven millones de asalariados, una actividad exclusiva para recibir un salario, el trabajo enajenado.
Donde el asalariado es ajeno a sí mismo, a la naturaleza y a los demás, su existencia es por sobrevivir y su limitado “descanso” es para olvidar su día a día, porque en una sociedad donde reina el poder del dinero, que se sostiene sobre la desigualdad, aprendemos a relacionarnos por medio de las cosas, como pilares de nuestra convivencia, no entre sujetos. Vivimos en un mundo donde las cosas suplantan a los hombres y nuestro lenguaje es el de las mercancías, el dinero como fin y no como un medio.
Mientras que en nuestro país se viva en y para el consumo no hay espacio para la realización personal y colectiva, las leyes serán manipulables y limitadas en un terreno abismalmente desigual. ¿El primer paso? Saber la verdadera condición del trabajo ¿el futuro? construir “un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.
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