Cuando observamos los conflictos que hoy desgarran Medio Oriente y África, debemos hacerlo con una mirada que atraviese las apariencias y llegue a la raíz del problema. Esa raíz tiene un nombre: el imperialismo. Detrás del genocidio en Sudán, detrás de las amenazas de guerra contra Irán, se esconde la misma lógica de depredación que durante siglos ha saqueado territorios, explotado pueblos y sembrado muerte para garantizar las ganancias de unas pocas potencias.
En Sudán, particularmente en la región de Darfur, estamos presenciando una masacre que diversos organismos internacionales han advertido puede constituir actos de genocidio. Las Fuerzas de Apoyo Rápido, herederas directas de las milicias yanjaweed que ya perpetraron atrocidades hace veinte años, están llevando a cabo una campaña sistemática de violencia contra comunidades Fur y Zaghawa. Miles de muertos, violaciones masivas, hambruna provocada como arma de guerra. Pero este horror no surge de la nada ni es fruto de un odio tribal inexplicable. Responde a intereses muy concretos.
Detrás de las RSF, distintos reportes han señalado la implicación de actores regionales como Emiratos Árabes Unidos, que buscarían consolidar su influencia en la región del Mar Rojo y en los circuitos económicos vinculados a los recursos estratégicos sudaneses. Asimismo, la reconfiguración geopolítica regional tras los Acuerdos de Abraham, entre EUA e Israel, ha fortalecido una alianza estrategica que ha permitido el flujo de capitales involucrados en el genocidio.
Detrás de esta economía de guerra no hay una conspiración simple ni una cadena perfectamente visible, sino una red compleja de intereses comerciales, flujos financieros y opacidad internacional. Diversas investigaciones periodísticas y reportes de organizaciones especializadas han señalado que parte del oro extraído en zonas bajo control de las Fuerzas de Apoyo Rápido sale de Sudán a través de circuitos informales y termina en mercados internacionales, particularmente en Emiratos Árabes Unidos, que funciona como uno de los principales centros globales de refinación y comercio de oro.
Empresas como Kaloti Precious Metals y Emirates Gold han sido mencionadas en investigaciones previas sobre cadenas de suministro de oro provenientes de zonas de conflicto, lo que ha generado cuestionamientos sobre los mecanismos de trazabilidad y control en el comercio internacional de metales preciosos. Sin embargo, estas dinámicas no son exclusivas de un solo país o empresa, sino que forman parte de un sistema global donde la debilidad regulatoria fomentada por los Estados involucrados permite la circulación de recursos extraídos en contextos de violencia.
En este entramado, el papel de los sistemas financieros internacionales es más estructural que conspirativo. Grandes instituciones bancarias como HSBC o Standard Chartered han sido señaladas en distintos momentos por fallas en controles contra el lavado de dinero a nivel global, lo que ilustra cómo los circuitos financieros internacionales son utilizados para mover capitales de origen ilícito o poco transparente.
De manera más amplia, la industria global de la guerra, incluyendo empresas como Elbit Systems o Israel Aerospace Industries, forma parte de un mercado internacional que provee tecnología militar y de vigilancia a múltiples Estados que ha sido señalado permitir el flujo de armas a la región.
Mientras tanto, en Asia Occidental, se calienta la maquinaria de guerra contra Irán. El pretexto, como sabemos, es su programa nuclear o su influencia regional. La verdadera razón consiste en que Irán se niega a someterse completamente a los dictados de Washington y Tel Aviv. El Estrecho de Ormuz, por donde pasa una proporción significativa del petróleo mundial, se ha convertido en una pieza clave en la tensión geopolítica regional. Recordemos que esta confrontación también se inscribe en disputas por el control de rutas energéticas, equilibrios regionales de poder y modelos de soberanía frente a la hegemonía estadounidense.
Aquí es donde la geopolítica global se encuentra con la resistencia de los pueblos. Un cierre del Estrecho de Ormuz, aunque sea temporal, está teniendo efectos profundos en la economía global y particularmente en países altamente dependientes del comercio energético como Emiratos Árabes Unidos. En ese escenario, las milicias se ven afectadas en sus dinámicas logísticas y económicas que atraviesan la región.
La resistencia iraní, enfrentando a estos equilibrios de poder, se convierte así en parte de un escenario más amplio de disputas que ha permitido aliviar temporalmente el genocidio en Sudán.
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