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Los Riesgos de nuestra endeble democracia y los Retos del populismo

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Por coincidencias extrañas del destino y de la política, podría darse el caso que Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump fueran presidentes en periodos coincidentes de México y Estados Unidos respectivamente.

 

Vivimos en un reinado de imágenes, rituales y promesas efímeras más que en uno de  conceptos e ideas. Estamos inundados por el sueño de una prosperidad ficticia.

Si Donald Trump no modera su tono respecto a México es muy probable que AMLO se beneficie debido a su retórica nacionalista, ya que sería visto como un candidato capaz de enfrentarse a los posicionamientos de Trump. Si a esto se le suma la deplorable situación de la actual administración y los nulos prospectos de que mejore en su último año será muy difícil disuadir a la gente de votar por un candidato alternativo.

De acuerdo con una encuesta reciente realizada por el periódico El Financiero, el 24 por ciento de los mexicanos considera a AMLO como el presidenciable más apto y capaz ante las nuevas circunstancias del país.

Esto representa un grave problema por la forma en la que el presidente de México es electo: en México no existe un sistema de mayoría absoluta sino uno de mayoría relativa, lo que significa que un candidato puede ganar con menos del 50 por ciento de los votos, aquel candidato con la mayoría de votos en la elección presidencial es el ganador, incluso con un porcentaje tan bajo como lo es un 24 por ciento.

La propuesta de AMLO es una batalla contra un sistema que ha dejado de funcionar y que necesita la urgente intervención de un salvador, muy al estilo de Trump. Lo que olvidamos es que AMLO le provocó un daño colosal a las instituciones electorales de México y dinamitó la poca o mucha confianza  que se tenía en el proceso de construcción democrática.

Existen muchos paralelismos entre en populismo de Trump y el de Obrador: la superficialidad de sus propuestas; el uso indiscriminado de mentiras como arma política; la carencia de un proyecto político sólido y una campaña armada alrededor de propuestas altamente atractivas pero imposibles de cumplir.

A diferencia de Trump, AMLO ha tenido experiencia en la administración pública y tiene poca experiencia en el sector privado, al igual que Trump no sigue las reglas tradicionales y su plataforma política se centra en su protagonismo más que un proyecto coherente de nación, y tanto Trump como AMLO tienen propuestas populistas en cuanto a la economía se refiere.

Trump supo sacar ventaja de la insatisfacción con el status quo político de Estados Unidos, y su posición con México parece haber catapultado el posicionamiento del semi-eterno candidato de la izquierda AMLO quien tiene las mismas posturas antigubernamentales.

AMLO es un personaje carismático y altamente divisivo a la vez. Creó MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional) como una organización civil para relanzar su candidatura dentro del PRD en el 2012, en un movimiento que hizo eco a lo que en el 2000 hizo Vicente Fox con su organización Amigos de Fox.

Las debilidades no sólo del PRI sino de los demás partidos políticos, junto con la retórica incendiaria de Trump han reposicionado la atracción de AMLO como un candidato dispuesto a cambiar el status quo y defender a los mexicanos.

EL PRI perdió 6 de las 9 gubernaturas en juego en las pasadas elecciones; los prospectos del PAN tampoco se vislumbran positivos, AMLO y su recién creado partido MORENA formado en 2014 recibió un impulso importante en estas mismas elecciones al lograr ganar el 18 por ciento de los votos a nivel estatal y posicionarse como primera fuerza en la Ciudad de México.

Es increíble como un partido prácticamente sin presencia y representación nacional fue capaz de arrebatarle un segmento importante de votantes al PRD. Esto es evidencia del problema que representa el protagonismo de líderes en los partidos políticos, nuestro actual sistema de partidos es tan débil que debe apoyarse en personajes más que en plataformas.

Aunque AMLO se ha caracterizado por atraer a un segmento muy específico de la población, y su victoria parece improbable, recordemos que las lecciones de la elección de Trump y el voto por el BREXIT en Reino Unido parecen decirnos que lo imposible es ya probable.

Aunque su plataforma no represente a una izquierda progresiva e inteligente puede darle la vuelta al tablero y ganar la siguiente elección presidencial. Para él el único problema que tiene México es la corrupción y él es el único indicado para erradicarla, la gente olvida que su administración en el entonces  Distrito Federal estuvo igual de plagada de actos corruptos como cualquier otra del PAN o del PRI.

El morenista, al igual que Trump, responde con frases hechas y simplismos cuando se le cuestiona cómo piensa resolver los problemas actuales de México, es intolerante a la crítica y su proyecto de nación está basado en el populismo que no es otra cosa que ofrecer soluciones fáciles a problemas complejos, propuestas que generalmente terminan en el desastre económico y el la disrupción del proceso democrático, y para ejemplo solo basta mirar a la situación actual de Venezuela.

En cualquier caso, el equilibrio corporativista del PRI está en declive y queda por verse si una izquierda cohesionada será capaz de erigirse victoriosa y con una propuesta realmente diferente de Estado. MORENA podría ser esa alternativa, y por el bien de México esperemos que de aquí al 2018 AMLO se dé cuenta de las posibilidades de iniciar un verdadero proyecto alternativo de nación basado en ideas y no en populismo.

Antes claro debe quitarse el lastre de corrupción, corporativismo, clientelismo y ausencia de plataforma partidista que aqueja a nuestro actual sistema de partidos. Parecemos condenados a vivir en una pesadilla Nietzscheana: el eterno retorno a lo mismo. No nos debe pues sorprender que la nueva condición democrática se encuentre inmersa en la misma y fastidiosa cultura de la tradición revolucionaria institucional.

 

Foto tomada de AMLO.

Lisdey Espinoza Pedraza
Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana y Maestra en Relaciones Internacionales y Orden Mundial por la Universidad de Leicester en el Reino Unido. Se ha desempeñado como académica e investigadora en las áreas de ciencia política, relaciones internacionales, historia y lengua inglesa en varias instituciones de nivel superior en el Estado de México y actualmente se encuentra cursando un Doctorado en Filosofía, Ciencia Política y Relaciones Internacionales.