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De estudiante a estar presa por un delito fabricado: la desaparición de Cynthia González

Fotos: cortesía de Inocencia González

Cynthia González González tenía 26 años cuando desapareció. Era estudiante de séptimo semestre en la carrera de ingeniería petrolera y quería trabajar en PEMEX. Para seguir ese sueño había migrado desde el municipio de Acambay, de donde era originaria, a Poza Rica, Veracruz, en donde encontraría un sistema de justicia a modo.

Cynthia estuvo en el penal de Papantla por dos delitos que no cometió, pero salió por falta de pruebas. Tras eso, fue acosaba durante tres meses por los mismos policías que la detuvieron arbitrariamente y, cuando por fin se decidió a denunciarlos, su familia perdió su huella.

Esta es la historia de Cynthia, una joven mexiquense revictimizada y desaparecida. Esta es la historia que cuenta su mamá, Inocencia González, quien hoy sigue buscándola a casi dos años de su desaparición.

 

Crónica de terror: de la fabricación de delitos hasta la desaparición de Cynthia

Es martes 30 de enero de 2024. Cynthia sale de la facultad donde estudiaba ingeniería petrolera en la Universidad Veracruzana, en Poza Rica, Veracruz. Como cada día, sale a las 2:30 de la tarde rumbo a su residencia actual. Le marca a su mamá para avisarle que su teléfono no sirve, por lo que no se reporta como lo hacía cada noche.

Cynthia toma un taxi camino al hotel donde se estaba alojando en lo que hacían reparaciones al departamento que rentaba. Escucha un carro de emergencias, ve una patrulla que va detrás de su taxi. Los detienen a ambos sin ningún motivo aparente. Se la llevan a la fiscalía municipal. Hasta las 10:00 de la noche, la mantienen incomunicada y privada de la libertad. Durante el transcurso de ese día y el siguiente es interrogada y torturada para “sacarle testimonio”.

Al día siguiente, no le marca a su mamá a las 6:00 de la mañana, antes de entrar a clases. La llamada manda a buzón, su mamá sospecha que algo no está bien, más tarde recibe una llamada de otra mamá que le avisa que su hija está detenida y que necesitan que vayan a identificarla.

Son las 3:30 de la madrugada cuando la señora Inocencia llega a Poza Rica en un traslado donde llevaba el dinero contado y ninguna pertenencia. En la fiscalía local no le dan razón de su hija y ni siquiera la dejan registrarse. Pasaría casi otro día hasta que puede tener comunicación con ella, pero lo que encuentra, le hiele la sangre: Cynthia está en una celda húmeda y fría, llena de insectos. Está en posición fetal, sin cobijas, en una condición inhumana.

El reencuentro es desgarrador para ambas. Cynthia entonces le cuenta lo que ha vivido en las últimas 30 horas a su mamá: la detuvieron por supuesta posesión de sustancias prohibidas, pero durante el arresto, le suman el cargo de agresiones a instituciones públicas debido a que una de las agentes declaró que se había resistido al arresto y le había aplicado una llave, cuando, según las palabras de su propia mamá, era imposible que pudiera hacerlo Cynthia debido a una discapacidad motriz que tiene en la pierna izquierda que no le permite ni siquiera correr.

Durante el arresto, el traslado y el interrogatorio, los agentes de policía y de la fiscalía la golpearon y torturaron con una bolsa de agua en la cabeza. Se siente muy adolorida. El legista declararía que durante la detención estaba en buen estado de salud.

Hasta este punto, suman varias vulneraciones a los derechos humanos de Cynthia: detención arbitraria, incomunicación, falta de un defensor público, tortura por parte de agentes del orden público. Se sumarían más. No es la primera ni la última joven a la que le fabrican una carpeta de investigación en ese municipio de Veracruz, esto según le comentó un abogado a la señora Inocencia.

El mismo 31 de enero a las 10:00 de la noche fue su audiencia inicial con una jueza y con solo un defensor de oficio. El juez número 2 de la fiscalía de Poza Rica le pide una constancia domiciliaria del municipio de donde es originaria para acreditar que es foránea, pues no le hacen válida la constancia de estudiante que le proporcionó la propia universidad.

Le piden dinero para “soltar a su hija”, su mamá accede, pero al no poder acreditar su origen de manera inmediata y al atravesarse día festivo para el abogado defensor, es remitida hasta el Centro Penitenciario de Papantla. Todo su proceso estuvo fuera de los parámetros legales. Por la rapidez del proceso, no le dejaron a su familia ni meter un amparo.

Este traslado implicó un mes y medio recluida sin poder ver a su familia a pesar de que constantemente su mamá pide verla durante las visitas, justificando que está en aislamiento debido a que ella se drogaba y está en un proceso de intoxicación.

Según relata su mamá no pasó lo mismo con el taxista al que también lo habían detenido por el delito de narcomenudeo. Él salió libre al poco tiempo.

Hasta el 15 de marzo, el juez tercero del penal de Papantla determina que no se pudieron comprobar los delitos imputados contra Cynthia, los cuales se basaban en su pérdida de peso y los tatuajes que portaba; sin embargo, había bajado de peso para cuidarse de su discapacidad motriz de la mano de un bariatra y sus tatuajes ya los tenía antes de entrar a estudiar.

Ese mismo juez le permite pasar en libertad la investigación complementaria tras pagar una garantía económica de cinco mil pesos. La condición es que cada 15 días debe ir a firmar a la fiscalía como un acto de buena voluntad.

No obstante, a partir de ese día los mismos elementos policiacos que la detuvieron empiezan a vigilarla y a seguir constantemente, situación que no aclaró el juez que fuera parte de la investigación complementaría. Cynthia no se dio cuenta del acoso hasta abril, mes en el que decide volver a Acambay con su familia.

Sin embargo y a pesar de todo lo vivido, Cynthia habló con su mamá y le comunica que regresará a Poza Rica para seguir con su formación profesional, pues quedarse en su municipio de origen sería como admitir su culpa. Ella no es una delincuente, es una estudiante de ingeniería.

Regresa a Veracruz, donde consigue rentar otro departamento, pues una de las justificantes que utilizaron en su contra es que rentaba una habitación de hotel para vivir, pues cuestionaron cómo era posible que una estudiante foránea pudiera costearse una renta diaria de $250 pesos por noche. Lo que no tomaron en cuenta es que Cynthia trabajaba como niñera en la ciudad de Querétaro durante sus periodos vacacionales, por lo que tenía ahorros suficientes.

Retoma su rutina, en la que está hablar por videollamada todos los días con su mamá. En mayo, le muestra como la misma patrulla que la detuvo, con número SP-3994, la va siguiendo mientras camina. Su mamá le pide regresar, pues intuye que puede suceder algo malo, pero no accede.

A finales de mayo, una araña de importancia médica le picó en la oreja a Cynthia, pero al no tener dinero por los gastos derivados de su proceso penal, no se atiende de inmediato la herida, provocando una infección. Tras esto, deciden que después de firmar vuelva a Acambay, pero Cynthia está insegura y se arrepiente.

El 12 de junio de 2024, Cynthia decide ir a denunciar el hostigamiento policial constante que vive por parte de los mismos policías que la detuvieron y que no la han dejado tras salir del penal. Se lo comunica por la mañana a su mamá. Esa fue la última llamada que recibió su mamá. Fue lo último que supo que iba a hacer desde entonces. Su voz no volvió a comunicarse con nadie.

La búsqueda incansable de su mamá, Inocencia González

Desde el 13 de junio de 2024, Inocencia González se convirtió en madre buscadora. Ese día le pide a los hermanos de Cynthia que la ayuden a localizarla, pero no tienen éxito, pues nadie contesta. Consigue dinero prestado para ir a Poza Rica. Al llegar, le dicen que vaya a levantar denuncia de desaparición a la comisión de búsqueda, pero al arribar,  no había nadie que la atendiera porque en ese momento se estaba viviendo una crisis por la aparición de varios cuerpos en diversas situaciones de mucha violencia.

Hasta las 7:00 de la noche del día 14 de junio la atienden. Le realizan un interrogatorio sin tacto, que le molesta. Los funcionarios de la comisión le preguntan si le han pedido rescate. Ella afirma que sí, pero fue una sola llamada sin mucha comunicación que cree que realizaron los mismos policías que ya la venían siguiendo. Por ello, le niegan levantar la ficha de búsqueda y le piden que vaya hasta Tuxpan para hacer la denuncia por secuestro.

Agotada y sin dinero, regresa a Acambay. Ahí les dice a sus hijos que le pidan al papá de Cynthia que vaya a poner la denuncia a Tuxpan. El padre de Cynthia hace lo correspondiente, pero no le dan el número de la carpeta. Pasan los días y nadie les informa nada. Desesperada, empieza a difundir su caso por redes sociales. Entonces, un abogado penalista la contacta y ella decide viajar hasta Tuxpan para averiguar cómo avanza el caso. Al llegar a la fiscalía, la dejan hora y media afuera, para luego dejarla pasar sin teléfono ni aparatos para grabar, pero al no estar el titular le piden que regrese el lunes.

En medio del coraje y la zozobra, ve a través de la página de Facebook “Resistencia civil pacífica” que la misma patrulla que había seguido a su hija por meses había agredido a una familia que fue a liberar tortugas. Contacta al administrador, que plantea su caso en un video. Ese video se vuelve viral.

Con el paso de los días, de nuevo ninguna autoridad se contacta con la señora Inocencia, por lo que decide hacer saber el caso entre los colectivos de la Ciudad de México. También va a hacer una denuncia a Xalapa.

Gracias a otro video emitido por redes sociales, se viraliza el caso de Cynthia y hasta ese momento, que la Comisión de Búsqueda de Veracruz se contacta con ella para hacer el volantín. También la contacta la Fiscalía especializada en Búsqueda de Personas del Estado de México, quienes también crean una ficha de búsqueda y comienza a trabajar con las autoridades de Veracruz.  Hasta entonces, la fiscalía estatal se pone en contacto con ella y le pide disculpas por el trato recibido hasta ese momento. No obstante, le piden que “ya no haga ruido” sobre el caso, porque están trabajando en él. Ella no accede, pues no va a quedarse callada hasta que sepa algo de su hija.

A pesar de que hasta hoy hay tres fichas de búsqueda, una de ellas emitida por la Secretaría de Gobernación nacional, no ha habido avances.

La señora Inocenta vive actualmente en la ciudad de Querétaro, donde trabaja cuidando menores de edad. El dinero que gana, lo utiliza para realizar búsquedas en varios estados de la república como Guanajuato o en municipios mexiquenses, como Ocoyoacac.

Para la señora Inocencia González, su hija sigue con vida, pero su intuición le dice que está recluida en algún penal de Veracruz.

Ella no pierde la fe en que Cynthia, que ahora tendría 28 años, vuelva a casa con su familia y continúe la vida que le arrebataron, para que siga escribiendo cuentos infantiles, como solía hacerlo antes de que la pesadilla iniciara.

 

Muchas declaraciones, ningún avance

Durante año y medio desde la desaparición de su hija, ha habido varias declaraciones, pero ningún avance:

El 4 de agosto de 2024, el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez, declaró: “Nosotros hemos hecho una implementación, ya la Comisión Estatal de Búsqueda para todos los casos se atiende, la fiscalía especializada toma ese tipo de asuntos también, y se trabaja en eso”. También rechazó que policías estatales hayan estado involucrados en su desaparición. Tras esto, no volvió a emitir declaración alguna sobre los avances en la investigación.

Por su parte, el 16 de agosto de 2024, el rector de la Universidad Veracruzana, Martín Aguilar Sánchez, publicó un pronunciamiento en el que declaraba que Cynthia seguía siendo considerada universitaria a pesar de “no haberse inscrito en el último semestre”, por lo que llamó a la fiscalía continuar con la investigación sobre su desaparición.

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