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La historia también suena: la música y la danza de los arrieros

Foto: Flor Moreno Salazar

La historia también se vive en la danza y la música. Y no solamente me refiero a la comprensión del contexto cultural, social y artístico de una determinada época histórica; sino, a la propia experiencia del pasado en tiempo presente.

En palabras de Kierkegaard, “la vida sólo puede entenderse mirando hacia atrás, pero debe vivirse hacia adelante”, tal como sucede al danzar en un entorno tradicional y colectivo, viviendo en tiempo presente la metáfora del pasado.

En el libro Los arrieros de Víctor Ruiz Meza, se relata la mirada hacia atrás de un tiempo que cambió sin vuelta atrás: “Y aparecieron los ferrocarriles, las carreteras y con esto el final de un oficio” (1976, p. 46): los arrieros.

En la actualidad, la música y la danza de los arrieros nos abren ventanas desde dónde mirar al pasado y comprender una organización social: los cargadores, los sabaneros “que alimentaban a las bestias”, los atajadores, “encargados de confeccionar o recalentar el itacate» (Ruiz, 1976). Al dueño  de la recua se le conocía como el mayordomo, quien vestía con sombrero de fieltro o paja, de chaqueta corta bordada en plata o en estambre con colores vivos. Y “típica en verdad resultaba la famosa víbora repleta siempre de pesos fuertes  de oro y plata, usada a manera de cinturón” (Ruiz, 1976).

Sin duda, se trataba de un oficio relevante para la economía, la comunicación, el transporte y el sistema de carga: la recua, que dejaba a los animales una labor que en algún tiempo hacían los humanos. “Al frente de la recua iban las mulas más fuertes y hermosas: las caponeras o capitanas; eran ellas las que dirigían a las otras, haciendo sonar en cada paso las campanas y cascabeles que pendían de una collera de piel labrada que siempre llevaban” (Ruiz, 1976).

Si bien, la música y la danza de arrieros es una representación del pasado, hay elementos que se conservan como un símbolo tradicional: el itacate, las vestimentas alusivas, la organización de los participantes y las espuelas, que además de formar parte de la vestimenta, son fundamentales para dar ritmo a los movimientos en la danza, acompañada por la música de arrieros.

La historia de los arrieros se mira hacia el pasado;pero en tiempo presente, se vive la tradición de danzar con movimientos circulares, el peregrinaje de las cuadrillas, que recuerdan los recorridos, los caminos y los atajos.

A propósito de la ausencia de los arrieros, Mario Colín mencionó con nostalgia, en la introducción de este libro, que “los niños no volverán a correr detrás de los mayordomos y los jefes de las recuas”. Y mirando hacia el pasado, tiene razón. Pero si vivimos hacia adelante nuestras tradiciones, si danzamos al compás de la música de arrieros, podemos “descubrir, sorprendidos” que son los niños y jóvenes quienes nos guían, al sonido de las espuelas, hacia una experiencia artística de la historia que también suena y se comprende al bailar. Tal como sucedió en Toluca, en días anteriores, con la participación de la Orquesta Son del Callejón, música de arrieros, acompañada de la cuadrilla infantil de la Danza de Arrieros “La Juventud” de Ocoyoacac, en la clausura de la novena edición del Congreso Nacional de Educación Musical, organizado por el FORMEDEM, Estado de México.

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