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Zonas de sacrificio, la consecuencia incómoda del desarrollo

En México, ha habido un aumento considerable de las llamadas zonas de sacrificio, es decir, regiones que han sufrido afectaciones sociales y ambientales, como consecuencia de priorizar las actividades económicas, así lo publicó en marzo pasado la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

De acuerdo con el informe del relator especial de la ONU sobre sustancias tóxicas, Marcos Orellana, el crecimiento de estos territorios ha provocado que comunidades enteras vivan cotidianamente con cáncer, abortos espontáneos y enfermedades crónicas por la contaminación industrial, sin que haya protección de sus derechos humanos por parte de las autoridades.

Y es que según el Inventario Nacional de Sitios Contaminados, actualmente hay mil 142 lugares registrados, pero la cifra real podría ser mayor, pues la realidad es que estas zonas de sacrificio son desde ríos altamente contaminados con metales pesados, entre los que destacan el Atoyac, el Lerma,  el Tula y el Sonora, hasta zonas de cultivo que mantienen el uso de plaguicidas sin control, a pesar de que están prohibidas 35 sustancias como el glifosato y que aún circulan por los campos del país.

 

¿Cómo surgen las Zonas de sacrificio y qué consecuencias traen consigo?

De acuerdo con el Observatorio de zonas de sacrificio en México, estos territorios son “tanto lugares físicamente dañados como grupos y poblaciones consideradas prescindibles”.

Las zonas de sacrificio van desde espacios para la extracción de recursos naturales (muchas veces áreas de gran diversidad ecológica) o lugares para la concentración de los desechos como basureros. Sin embargo, una característica en común es que soportan una carga desproporcionada de contaminantes, los cuales pueden ser tóxicos y altamente dañinos para la salud de las poblaciones cercanas y los ecosistemas.

El profesor investigador de la Facultad de Planeación Urbana y Regional, Gustavo Álvarez Arteaga, explica que estas zonas también se caracterizan por tener un alto porcentaje de contaminación en el agua, el aire y el suelo, lo que las vuelve una problemática con connotaciones económicas, sociales y ambientales.

Otra particularidad que describe es que suelen ser zonas que antes eran rurales, pero que se encuentran cercanas a grandes centros de población como la Ciudad de México. Estas urbes tienen que satisfacer sus necesidades, y para ello, extraen recursos de sitios cercanos considerados menos prioritarios. Al mismo tiempo, añadió, exportan residuos sólidos, aguas residuales y contaminantes.

El especialista expuso que el factor determinante de que haya tantas zonas de sacrificio en México es la anexión de México en 1994 al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que atrajo una gran cantidad de empresas trasnacionales debido a la enorme cantidad de mano de obra barata y de recursos disponibles, combinados con la fragilidad de instrumentos legales a nivel ambiental.

Afirmó que la flexibilidad de los gobiernos locales para atraer empresas también se traduce en degradación de la naturaleza y de las poblaciones que viven en las zonas sacrificadas.

Como consecuencia, señaló que los grupos sociales que ahí viven se vuelven los principales afectados, pues para el sistema productivo capitalista se vuelven “como individuos de segunda”, debido a que el fin primario es el desarrollo económico. Por ello, tienden a padecer problemas de salud, escasez de vivienda digna, rezago alimenticio, así como contaminación de materiales orgánicos e inorgánicos, metales pesados y contaminantes tóxicos. Estudios documentados de estas zonas indican que dichos agentes peligrosos pueden quedarse en el cuerpo humano, causando cáncer, parásitos muy fuertes y problemas severos de la vista.

Finalmente, el especialista universitario añadió que desde hace varias décadas se ha visto el desmantelamiento gradual de instituciones ambientales como la SEMARNAT, las cuales cuentan con menos presupuestos y recursos humanos, lo que provoca que pierdan capacidades y competencias a pesar del aumento de la problemática ambiental y social.

 

Ejemplos de zonas de sacrificio en México y en el Estado de México

Unas de las zonas de sacrificio más estudiadas y analizadas según el investigador de la UAEMéx es la zona del Valle del Mezquital en Hidalgo y el municipio mexiquense de Apaxco, donde las cementeras y la refinería de PEMEX han contaminado hasta las zonas de cultivo de alfalfa y hojas verdes de la región, provocando que estos contaminantes lleguen hasta nuestras mesas, ya sea por el consumo directo o por ser el alimento de animales de consumo como las vacas.

Otro ejemplo que especificó fueron el Golfo de México, de donde se extrae petróleo y que tiene constantes fugas que dañan la flora y fauna marina y costera o, más recientemente, el Mar de Cortés, el acuario natural del Mundo en donde se pretende llevar a cabo el Proyecto Saguaro, un acueducto submarino de gas natural que beneficiaría principalmente a Estados Unidos y que pondría en peligro a miles de especies endémicas y de migración como las ballenas. En ambos casos se privilegia el consumo de gas y petróleo a pesar de las consecuencias ecológicas y sociales.

En el Estado de México el ejemplo más paradigmático es el río Lerma, el cual se contaminó a partir de la construcción del corredor industrial que fue creciendo en la segunda mitad del siglo XX. El profesor Álvarez Arteaga afirma que el conjunto de empresas que llegó contó con ventajas legales y económicas que permitieron generar gran cantidad de residuos contaminantes que afectan gradualmente a los sistemas socioambientales cercanos y cuya consecuencia la podemos ver hoy en día.

 

Soluciones: fortalecimiento de las políticas ambientales y corresponsabilidad empresarial

El investigador de la FAPUR añadió que las principales soluciones son 3: tener estudios que aclaren el alcance de las problemáticas, el robustecimiento de las políticas ambientales desde lo municipal hasta lo federal y que las industrias se hagan responsables de los residuos que generan, como se hace en la Unión Europea.

Para ello, especificó que primero debe haber una vinculación entre la academia, el gobierno y la iniciativa privada para realizar diagnósticos de las zonas y los costos de recuperación. Además, e deben fortalecer las políticas ambientales con recursos económicos, legales y humanos, así como involucrar a las industrias en los procesos de limpieza en todas las fases del proceso productivo. Esto haría que los recursos que se inviertan sean eficientes y no sólo solucionen parcial o momentáneamente las consecuencias.

También dijo que es importante sensibilizar a población sobre la generación y separación de residuos sólidos, los espacios adecuados donde se depositan, y crear consciencia sobre el consumo del agua y la generación de la contaminación.

Cabe destacar que el informe de la ONU destacó que «El respeto al derecho humano a un medio ambiente libre de tóxicos es piedra angular de un futuro de paz y prosperidad».

 

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