Aparentes contradicciones entre oficialismo y oposición, que al momento de asumir cargos públicos y entrar a Palacio Nacional toman un cause general en común donde lo que cambia son las formas más no el fondo, que continúa siendo la subordinación a los intereses de los negocios privados controlados por los grandes monopolios, el impulso desarrollista capitalista y la “paz” para hacerlo posible.
Al final del día, la imagen es lo que se defiende a capa y espada, a pesar de que de ella sólo queden girones democráticos, parches declarativos, menciones y desmenciones. Imponer la última palabra mediática sintetiza el carácter publicitario de las declaraciones de los políticos y funcionarios, donde la ley que predomina es vender productos milagro, de un lado y de otro, mientras las dinámicas extractivistas, explotadoras y monopolistas continúan definiendo la vida de millones de mexicanos.
A pesar de los informes de diversas agrupaciones ambientales sobre las consecuencias del derrame en el golfo de México, las declaraciones institucionales de diferentes niveles de gobierno fueron negar o minimizar el hecho, mientras la oposición gozaba con la tragedia para aumentar sus bonos electorales.
Quienes quedan al margen de los púlpitos mediáticos son los habitantes, los trabajadores, los territorios, que no se preocupan por mantener una imagen pública, sino del día a día, de llevar lo elemental al hogar, de mantener un espacio para sobrevivir.
Forma de asumir las críticas que se convierte en política, por ser mecanismos continuos para hacer frente a los cuestionamientos. Negar en primera instancia, después minimizar ante el peso de los hechos, y finalmente achacar la responsabilidad exclusivamente a elementos de menor cargo, para finalmente abrir una “extensa” investigación que queda en el púlpito mediático.
Estrategia que se aplicó ante el descarrilamiento del tren interoceánico en el 2025 en Oaxaca, la mujer que tomó el sol en un balcón de Palacio Nacional, el reciente derrame de hidrocarburo en el Golfo de México o los dos presuntos agentes de la CIA muertos en un accidente automovilístico en Chihuahua.
A la par la oposición busca colarse en la opinión pública usando las problemáticas sociales para ganar simpatía y presentarse como “salvadores” de la democracia. Un ring mediático donde quienes reciben los golpes es el público, los espectadores, porque la verdadera contradicción no se encuentra entre los dichos y debates entre políticos-publicistas, sino entre estos y los que dependen del trabajo diario para sostener su existencia, donde la condición para la “estabilidad” es no enfermarse, no endeudarse, no perder el trabajo, el día a día de no tener certeza ni futuro, batalla diaria con gran desventaja para las y los trabajadores de México.
La vida cotidiana entre inflación, dominio de los bancos, despojo de territorios, falta de agua para las necesidades de la población (porque la industria privada no sufre de desabasto), incapacidad para adquirir un patrimonio y gentrificación de nuestros barrios, despojo y extractivismo.
Paulatinamente se trasluce la misma lógica económica y política de antaño, con sus matices, pero las mismas premisas; se agota el discurso ecológico y cada día es más inocultable la dependencia energética que tenemos respecto a EUA, al grado de que se abre una puerta al fracking en México.
La política institucional queda sintetizada en las maniobras publicitarias, el discurso que entretiene, el circo mediático, entre dichos y desdichos, unos para mantener un bono electoral, otros para recuperarlo; en medio, quienes solo quieren llegar a casa después de horas de tráfico, caos y trabajo asalariado.
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