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Hundimientos en Toluca: advertencia ignorada, consecuencia del estrés hídrico

Los hundimientos, grietas y socavones que afectan diversas zonas del Valle de Toluca son la manifestación visible de un problema mucho más profundo: la sobreexplotación de los acuíferos, una deficiente planeación urbana y la falta de una gestión integral del agua, advirtió el urbanista y especialista en desarrollo territorial Alfonso Iracheta Cenecorta.

En entrevista, el investigador señaló que la aparición de subsidencias no responde a un solo factor, sino a la combinación de procesos geológicos y actividades humanas que durante décadas han debilitado el subsuelo.

«Cuando se extrae más agua de la que naturalmente se recupera, el acuífero comienza a dejar espacios vacíos. Con el peso de las construcciones y las vibraciones del tránsito esos huecos terminan colapsando, provocando hundimientos y grietas», explicó.

 

La prevención debe comenzar antes de urbanizar

Iracheta sostuvo que el principal error ha sido permitir el crecimiento urbano sin considerar las condiciones del terreno.

Afirmó que corresponde a los gobiernos municipales elaborar diagnósticos precisos y utilizar atlas de riesgo para identificar las zonas donde no debería autorizarse la construcción de viviendas o desarrollos urbanos.

«Prevenir siempre será más barato que tratar de resolver el problema cuando ya existen casas fracturadas», señaló.

Indicó que una vez que aparecen los hundimientos, las soluciones son complejas y costosas, pues requieren estudios especializados realizados por geólogos, ingenieros hidráulicos y expertos en infraestructura.

Entre las medidas técnicas que se deben realizar a partir de este momento, destacan el reforzamiento de cimentaciones, la instalación de pozos de observación para detectar cavidades en el subsuelo, limitar las construcciones de alta densidad y, en casos extremos, demoler edificios que representen un riesgo para la población.

También consideró necesario restringir el tránsito de vehículos pesados en colonias donde el suelo presenta hundimientos diferenciales, como ocurre en la colonia Morelos, ya que las vibraciones generadas por camiones de carga aceleran el deterioro del terreno.

 

Falta información sobre el estado real de los acuíferos

El especialista advirtió que uno de los principales obstáculos para atender el problema es el limitado conocimiento sobre las condiciones reales de los acuíferos.

Explicó que actualmente gran parte de la información disponible corresponde a estimaciones y que no existe un monitoreo suficiente para conocer con precisión cuánta agua permanece en el subsuelo ni cuánto se extrae realmente.

Además, alertó sobre la proliferación de pozos privados cuya extracción resulta difícil de supervisar.

«¿Cómo demostrar ante un juez que determinado pozo está provocando un hundimiento? No existen todavía las condiciones técnicas para establecer esa relación con absoluta precisión», comentó.

A su juicio, la gobernanza del agua continúa presentando importantes deficiencias, desde la exploración de los acuíferos hasta la vigilancia del cumplimiento de las concesiones de extracción y la evaluación de sus impactos ambientales.

 

Una crisis que se arrastra desde hace décadas

Iracheta recordó que el Valle de Toluca enfrenta un déficit hídrico desde mediados del siglo pasado, cuando comenzó el trasvase de agua de la cuenca del río Lerma hacia la Ciudad de México.

Desde entonces, explicó, la demanda de agua ha superado la capacidad natural de recuperación de los acuíferos, situación que ha favorecido los procesos de subsidencia.

A ello se suma un modelo urbano que impermeabiliza cada vez más el suelo mediante pavimentos y construcciones, impidiendo que el agua de lluvia infiltre y recargue los mantos acuíferos.

 

Convertir las ciudades en «esponjas»

Como alternativa, el urbanista propuso transformar las ciudades bajo el modelo de «ciudad esponja», que busca recuperar la infiltración natural del agua de lluvia mediante infraestructura verde.

Entre las acciones planteó la conservación y restauración de humedales, la construcción de jardines de lluvia, corredores verdes, humedales artificiales, la reforestación masiva de bosques y la protección de las zonas lacustres.

Asimismo, consideró indispensable que las nuevas edificaciones incorporen sistemas de captación de agua pluvial, reutilización del agua y tecnologías para disminuir el consumo doméstico.

También llamó a fortalecer las plantas de tratamiento y detener las descargas ilegales de aguas residuales hacia el río Lerma y otros cuerpos de agua.

 

La solución es la gobernanza del agua

Para Iracheta, el problema de los hundimientos no podrá resolverse únicamente reparando grietas o rellenando socavones.

«La solución no es tapar los agujeros. La solución es ambiental», enfatizó.

El especialista afirmó que se requiere una gobernanza integral del ciclo del agua que permita conocer cuánto recurso existe, cuánto puede extraerse de manera sustentable, cómo debe distribuirse y qué acciones son necesarias para garantizar su recuperación.

También pidió revisar el consumo de grandes usuarios industriales y comerciales, evitar que negocios utilicen agua potable cuando existen alternativas, proteger los bosques que recargan los acuíferos y fortalecer la educación ambiental.

Finalmente, lamentó que el agua siga siendo un recurso subestimado por autoridades, empresas y ciudadanos.

«No entendemos que tanto los excesos como la escasez generan problemas sociales, económicos y políticos. Parece que vivimos una guerra contra el agua: la contaminamos, la desperdiciamos, desviamos los ríos y seguimos destruyendo los ecosistemas que la producen. Mientras no cambiemos esa relación, los hundimientos seguirán siendo una consecuencia inevitable», concluyó.

Fotos: Paulina Lemus

Desde hace 40 años estudios científicos advirtieron que los hundimientos en Toluca se agravarían por la sobreexplotación del acuífero

Los hundimientos, grietas y fracturas que hoy afectan diversas zonas de Toluca y su área metropolitana no son un fenómeno reciente ni inesperado. Al menos tres investigaciones académicas elaboradas entre finales de la década de 1980 y 2017 coinciden en que la sobreexplotación del acuífero del Valle de Toluca, sumada a las condiciones geológicas del subsuelo y al crecimiento urbano, ha provocado un deterioro progresivo del terreno que continúa extendiéndose.

La primera advertencia documentada aparece en la tesina “Los hundimientos del subsuelo de la ciudad de Toluca: efectos físicos y sociopolíticos, 1986-1987”, de la investigadora Carmen Rodríguez Jáuregui, quien concluyó que desde mediados de los años ochenta existían evidencias de que la extracción excesiva de agua subterránea era la principal causa del hundimiento diferencial del suelo.

El trabajo documentó afectaciones en colonias como Morelos, San Buenaventura, Seminario, Vicente Guerrero y San Pedro Totoltepec, donde se registraron 399 viviendas con fracturas, daños en redes de agua potable y drenaje, derrumbes de bardas y afectaciones principalmente a familias de bajos recursos y ejidatarios.

La investigación también describió un deterioro ambiental más amplio, caracterizado por la desecación del subsuelo, contaminación del agua, cambios en el uso del suelo y la desaparición gradual de cuerpos de agua vinculados al río Lerma.

Rodríguez Jáuregui explicó que el abatimiento del nivel freático —estimado entonces entre 30 y 40 metros— provoca que los sedimentos pierdan humedad, se contraigan y generen hundimientos diferenciales, particularmente en zonas donde cambian las características geológicas del subsuelo.

Además, advirtió que la presencia de los cerros de Coatepec y El Calvario limita la recarga natural del acuífero bajo la ciudad, mientras que gran parte del agua proveniente del Nevado de Toluca escurre superficialmente por el río Verdiguel sin infiltrarse de manera suficiente.

Entre sus recomendaciones destacó regular el bombeo de agua subterránea, buscar nuevas fuentes de abastecimiento fuera del cono de abatimiento, monitorear permanentemente las viviendas afectadas y dar seguimiento a la nivelación de calles para detectar la evolución de los hundimientos.

 

La sobreexplotación sigue siendo el principal factor

Décadas después, la tesis de Alan Ricardo Almazán Vázquez confirmó que la subsidencia continúa estrechamente relacionada con la explotación intensiva del agua subterránea.

El investigador señala que el crecimiento industrial, urbano y agrícola incrementó la demanda de agua, acelerando la extracción del acuífero y aumentando la inestabilidad del terreno.

La investigación identifica como zonas de mayor peligro geológico a San Pedro Totoltepec, Santa María Totoltepec, Santiago Miltepec, San Mateo Oxtotitlán, Santa Ana, La Mora, La Teresona y el fraccionamiento La Virgen, en Metepec.

Entre las principales afectaciones se encuentran grietas en viviendas, daños en calles y vialidades, afectaciones en escuelas y fracturas en bardas de instalaciones industriales.

La tesis advierte que resulta indispensable elaborar mapas de vulnerabilidad y riesgo que incorporen las condiciones socioeconómicas de la población y las características constructivas de las edificaciones para estimar posibles pérdidas económicas y prevenir daños en infraestructura crítica como redes hidráulicas, drenaje y ductos.

 

Un subsuelo naturalmente vulnerable

El estudio “Procesos de Hundimientos en el Noreste del Municipio de Toluca, Estado de México”, elaborado en 2017 por Luis Miguel Espinosa Rodríguez y Ana Karen Rivera Alfaro, aporta una explicación más detallada sobre las condiciones físicas que hacen especialmente vulnerable al territorio.

Los especialistas concluyen que los hundimientos tienen un origen multifactorial, donde la sobreexplotación del agua se combina con la composición geológica del subsuelo.

La zona analizada está formada por antiguos depósitos lacustres mezclados con cenizas volcánicas y pómez, materiales altamente permeables que favorecen el movimiento del agua y reducen la estabilidad del terreno.

Asimismo, documentan procesos de lixiviación que desplazan las arcillas hacia capas profundas y generan superficies arenosas con menor capacidad para soportar cargas.

Las pruebas de laboratorio realizadas durante la investigación demostraron que se trata de un suelo colapsable, capaz de perder rápidamente volumen y resistencia cuando gana o pierde grandes cantidades de agua.

A ello se suma el comportamiento de las arcillas, que se expanden al hidratarse y se contraen al secarse, debilitando progresivamente la estructura interna del terreno y favoreciendo hundimientos diferenciales.

El estudio también concluye que el crecimiento urbano agrava el problema, ya que la construcción de viviendas, escuelas, banquetas y redes de servicios incrementa la carga sobre un subsuelo que ya presenta condiciones naturales de inestabilidad.

 

Un problema anunciado

Aunque las tres investigaciones fueron elaboradas en distintos momentos y con metodologías diferentes, todas coinciden en un diagnóstico central: la sobreexplotación del acuífero del Valle de Toluca es el principal detonante de los hundimientos, mientras que las características geológicas del subsuelo y la expansión urbana aceleran el deterioro.

Los estudios también convergen en la necesidad de fortalecer el monitoreo permanente del terreno, regular la extracción de agua subterránea, elaborar mapas de riesgo y planear el crecimiento urbano considerando la vulnerabilidad geológica de la región.

En conjunto, las investigaciones muestran que el fenómeno de subsidencia en Toluca no constituye una emergencia reciente, sino un problema ampliamente documentado por la academia desde hace casi cuatro décadas, cuyas advertencias han señalado de manera reiterada que, sin una gestión integral del agua y del territorio, los hundimientos continuarán intensificándose y afectando a un mayor número de viviendas, infraestructura y servicios públicos.

 

Temor a dar información

Para la realización de este reportaje, la periodista Paulina Lemus contactó a tres especialistas de la Facultad de Geografía de la Universidad Autónoma del Estado de México; a uno de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Lerma y a otro independiente, que residen en el norte del país.

Los tres se negaron a dar información por varios motivos: la politización de la información, la delicadeza de las conclusiones y el temor a ser desprestigiados como investigadores.

Además, vecinos de la colonia Santa Clara también pidieron evitar dar testimonios directos debido a que temen ser clasificados como opositores políticos del gobierno encabeza Ricardo Moreno y, en consecuencia, no obtener respuestas al daño a su patrimonio.

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