México es un país con altos índices de violencia contra las personas LGBT+ a pesar de que alrededor de cinco millones de mexicanos se identifican como parte de la diversidad sexual. Prueba de ello es que tan solo en 2024, se documentaron 97 crímenes de odio, mientras que del 2014 a 2025, se registraron al menos 739 desapariciones y asesinatos cometidos contra este sector social.
Además, de acuerdo con cifras oficiales, 1 de cada 3 mexicanos fue testigo de violencia o discriminación hacia personas LGBT+.
De la diversidad sexual, especialistas apuntan que las personas trans son las que más riesgos corren de ser víctimas de exclusión social y homicidios.
La secretaria técnica de la Comisión Legislativa para la Defensa de las Poblaciones LGBTTTIQNB+ del actual Congreso del Estado de México, Patricia Mireles Sosa, apunta a que los factores que provocan estas violencias se basan en cuatro ejes: el conservadurismo social, los fundamentalismos religiosos, la falta de políticas públicas efectivas y la precarización económica, que es resultado directo del abandono escolar y la discriminación laboral que sufren producto de estigmas y prejuicios.
La también activista social destacó que las violencias que sufre la población arcoíris es algo que está normalizado en nuestra cotidianidad debido a cuestiones como los discursos de odio que de disfrazan en chistes o burlas o actos que escalan hasta el fortalecimiento de estereotipos y la negación de derechos.
“Tu punto de vista puede ser un discurso de odio porque puede estar promoviendo la discriminación y la violencia. Si tu opinión hace que un grupo o una persona se segregue, se lastime, conlleve transfobia, racismo, clasismo o misoginia, no es solo un comentario, es un discurso de odio” Patricia Mireles Sosa, activista por los derechos LGBT+.
Tipos de violencia y sus consecuencias
Durante la ponencia “Entre el miedo y la resistencia: violencias dirigidas hacia poblaciones LGBTTTIQNB+” impartida por Mireles Sosa a través del Instituto de Administración Pública del Estado de México (IAPEM), informó que las violencias que sufren las personas de la diversidad sexual se clasifican en cinco tipos.
Detalló que la violencia física son todas las agresiones, crímenes de odio como homicidios o transfeminicidios o la violencia policial, que se da, por ejemplo, cuando detienen a personas del mismo sexo por hacer demostraciones públicas de amor o cuando quieren procesar a mujeres trans en la vía pública al dar por hecho que se dedican al trabajo sexual.
Especificó que la violencia psicológica incluye el acoso, las amenazas o el rechazo familiar, situaciones preocupantes que se reflejan en cifras alarmantes como que el 40% de los jóvenes LGBT+ ha tenido pensamientos suicidas o que entre el 20 y 30% de este sector haya vivido tratos diferenciados o discriminación por sus gustos o maneras de vestir o hablar.
Explicó que también existe la violencia simbólica, traducida en invisibilización de la diversidad sexual, estereotipos, burlas o estigmas sociales, que terminan en la normalización de esta segregación y causan dolor emocional y falta de oportunidades.
Añadió la violencia institucional como aquella que niega derechos como el formar una familia, adoptar o poder heredar; además de la discriminación en los sectores educativo y de salud, así como obstáculos legales.
Finalmente, refirió la violencia digital en la que incluyó prácticas como el ciberacoso, la difusión no consentida de información personal o, directamente, las campañas de odio que se difunden en redes sociales.
“La violencia no siempre es visible, muchas veces está operando mediante una exclusión cotidiana, normalizada, hablada”. Patricia Mireles Sosa, activista por los derechos LGBT+.
En consecuencia, la especialista en género indicó que todas estas violencias se traducen en actos como la expulsión del hogar, la existencia de terapias de conversión, bullying, abandono escolar, invisibilidad curricular, menores oportunidades de desarrollo, acoso y hostigamiento, que les hace vivir con miedo constante.
Además, refirió que están directamente relacionados impactos en la salud mental, provocando estrés depresión, ansiedad y asilamiento social, lo que puede traducirse en riesgos somo el consumo de sustancias, autolesiones e ideación suicida.
Resistencia colectiva que logra avances
Aunque el Estado de México se encuentra en la vanguardia legislativa a favor de los derechos LGBT+, están no están rindiendo los frutos esperados debido a la falta de capacitación de quienes las aplican, declaró Mireles Sosa.
No obstante, precisó que esos logros son producto de las luchas colectivas que derivan de la resistencia y organización comunitaria que tanto les caracteriza.
Afirmó que algunas acciones de resistencia activas son las redes de apoyo, el activismo y movilización social, la creación de casas refugio y espacios seguros, así como la producción artística y cultural.
Por todo eso, invitó a todas las personas de la diversidad sexual a reconocer la memoria colectiva que se visibiliza en las marchas del orgullo, en las denuncias públicas y en los archivos y testimonios.
Asimismo, exhortó a la población a romper con los discursos de odio y reconocer que la población LGBT “sólo son personas contando sus historias y amando distinto”.
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