Una alumna presentó una denuncia ante la Dirección Jurídica del IEMS CDMX y el MP. Un docente fue denunciado por abuso sexual, el profesor grabó un video negando las acusaciones y reveló los datos de la menor de edad, posteriormente se quitó la vida.
El discurso predominante, principalmente en las redes sociales digitales, se tasa en dos posiciones aparentemente contrarias, por un lado, la defensa absoluta al profesor-apoyo absoluto al patriarcado, y por el otro, a quien ejerció la denuncia-defensa de testimonios falsos y un sistema corrupto.
Varios aspectos resaltan de este caso sumamente complejo, donde priva la violencia en sus múltiples expresiones, no únicamente en un “lado”, sino en conjunto, y que expresan profundas contradicciones estructurales, que pasan desapercibidas en el discurso mediático y el espacio digital.
El caso se reduce a una (falsa) dicotomía que victimiza utilitariamente a una y otra parte, lo que comprime la problemática en lo absoluto para la lapidación, no aborda la causalidad y complejidad, ignorando que es expresión de las violencias que derivan de un sistema decadente.
Y nuevamente, estos absolutos retóricos favorecen a una derecha ávida de “mártires” para “comprobar” sus concepciones reaccionarias, donde predomina la lógica formal, el señalamiento que apela a lo emotivo y a la construcción de una realidad que nace de un suceso, y no de la concatenación de múltiples procesos.
Violencia sobre violencia se construye el discurso en las redes sociales, un campo de batalla donde predominan las dicotomías y la confrontación estéril que divide a las amplias capas de trabajadores en luchas intestinas, donde la “victoria” es el escarnio y la humillación al otro.
Contagia el miedo y conviértelo en temor, premisa que facilita la manipulación política, que apela al sentimiento y al instinto de supervivencia que combate una expresión del problema más no el fondo del fenómeno, y que busca anular la complejidad de un sistema que en su raíz genera violencia, reduciendo todo problema a un caso particular.
Dicha retórica pone en duda toda denuncia de violencia sexual, invisibiliza o hasta niega la violencia patriarcal que deviene de lo profundo del sistema, reproduce lógicas misóginas, invisibiliza lo frágil de la salud mental en nuestra sociedad, ignora el papel del Estado y la justicia al servicio del mejor postor.
Se omite que la violencia que se reproduce socialmente proviene del sistema que establece las formas de relación que permiten la subsistencia de la propiedad privada como forma de dominio, entre estas violencias el machismo y la búsqueda de la subordinación de las mujeres, en general las relaciones utilitarias y serviles.
Si bien es importante reformar el marco jurídico, no podemos perder de vista que históricamente ha favorecido al poseedor, que la presunción de inocencia existe en la medida de tu posición económica y social, que la justicia en México se diluye en la medida de la condición socioeconómica de la víctima o el acusado.
Más que convertir el caso en una justificación para mantener relaciones de dominación unos sobre otros, el caso nos debe obligar a comprender que de uno y otro lado existen realidades materiales que dan pie a las violencias que se expresan, y lo fundamental, hasta dónde cada uno de nosotros reproducimos dichas violencias, por muy mínimas que parezcan.
Un cuestionamiento interno que lleva a comprender que lo que se vive en torno a las relaciones sociales es mucho más complejo y que no depende exclusivamente de individualidades, sino de formaciones sociales utilitarias, de dominio y poder al servicio del capital. El derecho y las reformas jurídicas por sí mismas son insuficientes, mientras toda una estructura siga reproduciéndose, el fondo del asunto es conocer lo que genera la desigualdad social, cuestionarnos antes de lazar la primera piedra.
Relacionado






























