“Ya no podemos transitar libremente, ya ningún espacio es seguro”, esta es la frase que, para muchas mujeres, define el vivir en Toluca.
Las estadísticas remarcan lo anterior: Toluca es uno de los 20 municipios con mayor violencia contra las mujeres, el cual mantiene un índice de feminicidio de 0.4 por cada 100 mil mujeres, más de 3 veces el índice estatal, que es de 0.12 puntos, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Además, el municipio mantiene doble alerta de seguridad: una por género y otra por desapariciones, lo que lo convierte en un foco rojo de incidencia de violencia contra las mujeres.
Y es que la violencia contra las mujeres que habitan y transitan la capital mexiquense no sólo es feminicida, también se traduce como un miedo latente que se presenta cuando caminan por las calles cada día, esto de acuerdo con el informe “Cartografías socioafectivas de la violencia de género en Toluca”, presentado por Yestli Consultoría Social y Encuestadores MX en la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Los especialistas en estudios sociodemográficos indicaron que las causas de esta violencia son el mandato de masculinidad, cuyo eje es el uso de la violencia como control territorial, y la pedagogía de la crueldad, que utiliza el miedo como mecanismo de control de las mujeres, principalmente.
Zonas prioritarias y delitos más frecuentes
De acuerdo con las instituciones antes mencionadas, las zonas prioritarias en Toluca, es decir, en donde hay mayor índice delictivo y de violencia contra las mujeres, son 4: el Seminario, San Pablo Autopan, San Cristóbal Huichochitlán y el Cerrillo Vistahermosa, siendo esta última un espacio industrial, con transito contante de mujeres trabajadoras y estudiantes.
Según este mismo informe, los lugares percibidos como más inseguros para las mujeres son los predios abandonados y canales de aguas negras, donde saben o tienen información de que han dejado cuerpos humanos. Se les suman los terrenos baldíos con fauna nociva y paradas de autobuses, así como calles solas. Todo lo anterior indica que la geografía de la ciudad es percibida por sus habitantes como hostil.
Aunado a lo anterior, las encuestadas, quienes fueron estudiantes, trabajadoras y madres autónomas de entre 20 y 35 años, afirman que un factor de riesgo es la nula infraestructura de transporte público que se tienen en la ciudad, lo que las vulnera aún más en ciertos horarios y zonas.
En cuanto a los delitos, los clasificaron en tres categorías de acuerdo con el grado de violencia y crueldad: en la punta de la pirámide están la trata de personas, las desapariciones y los feminicidios, que si bien son menos frecuentes, están dentro de la percepción constante de las mujeres como factor de riesgo.
Le siguen los asaltos, el narcomenudeo y las persecuciones en vía pública, cuyo eje es lo económico. Señalaron que en abril y diciembre hay más prevalencia de estos delitos por la entrega de utilidades y aguinaldos.
En la base de la pirámide se encuentra el acoso callejero, el exhibicionismo y la violencia verbal, acciones cotidianas que también perciben los hombres como el común del día a día.
Estrategias individuales y propuestas colectivas
Todas estas violencias determinan cómo las mujeres habitan la ciudad, la sienten y se relacionan con ella. Por ello, hicieron un llamado a reeducarnos y dejar de normalizar la violencia como parte de nuestra experiencia cotidiana.
Además, especificaron que no basta con “poner bonitas” las calles, pues los delitos también se dan a la luz del día y al final, lo único que provocan es que la delincuencia se traslade a las periferias. Casos concretos, afirmaron, se pueden ver en municipios como Mexicaltzingo, San Antonio la Isla, Calimaya o Xonacatlán, que han recibido la violencia que “escapa” de Toluca.
Adicionalmente, los analistas presentaron los sistemas de protección que tienen las mujeres de Toluca para evitar ser víctimas de cualquiera de los delitos antes presentados:
Ante la inoperancia estatal, crean redes de apoyo, aprenden defensa personal y realizan acciones colectivas. Algunas de las acciones más frecuentes son tener como alarmas u organizar traslados seguros con familiares a compañeros de trabajo o escuela, mantienen prendido su GPS y avisan a qué lugares can o cargan dispositivos de reacción inmediata como gas pimienta.
Las propuestas que presentaron como sociedad civil derivan desde la perspectiva del urbanismo feminista, una metodología que pone al centro diseñar ciudades basadas en movilidad del cuidado.
Apuestan porque haya cero tolerancia institucional, y en contraparte, se priorice la seguridad estructural que garantice alumbrado público y servicios básicos
Destacaron que es indispensable que haya presupuestos y políticas públicas de impacto basado en datos, como los que presentaron.
Algunas acciones que pidieron al gobierno municipal uy estatal que refuercen son la capacitación en temas de género a servidores públicos y el realizar acciones de alto impacto en las comunidades, pues muchas personas tienen tan normalizada la violencia que incluso, desconocen que son víctimas de ella.
Finalmente, recalcaron que el presupuesto por la alerta de violencia de género no debe asignarse sólo en la pavimentación de calles, alumbrado público o talleres que refuercen los estereotipos de género como el de repostería.
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