Hoy es día internacional de la danza y como cada 29 de abril, los escenarios y carteleras se llenan de funciones ofrecidas por solistas, grupos y compañías profesionales y amateurs…aunque el resto del año sea muy difícil conseguir espacios para bailar. Y es que la danza, al ser un arte tan llamativo, es también presa de las trampas de empleadores que buscan atraer públicos, pero a costa de la precariedad de bailarines y coreógrafos.
Hablando del contexto local, la oferta educativa en el Estado de México para la danza es amplia y variada. Hay algunos programas educativos de nivel superior para ejercer este arte profesionalmente: la danza tiene un lugar desde hace varias décadas con programas de técnico superior y licenciatura en instituciones de artes y humanidades, como las escuelas de bellas artes y la universidad pública estatal. Ha egresado una gran cantidad de personas en las especialidades de la danza folklórica y la danza clásica, principalmente. Además, en programas de escuelas normales –por ejemplo, de educación básica y de educación física–, la danza se incluye en el currículum formal. También en otros espacios públicos, como casas de cultura, se ofrecen talleres de danza en muchas localidades. Es decir, a pesar de las precariedades a la que estos programas se enfrentan, el Estado ofrece educación pública para la danza.
A pesar de esta amplia oferta educativa, el mercado laboral para la danza sigue siendo precario. Según información de Data México, la fuerza laboral de bailarines y coreógrafos durante el primer trimestre de 2025 fue 4.12k personas,71.6% de los cuales son trabajadores informales y cuentan con 12 años de escolaridad promedio. En cuanto a salarios, el promedio es de $13.6k MX, con una diferencia considerable entre sexos, pues los hombres ganan en promedio $8.01k MX y las mujeres de $17.7k MX. Estas cifras son ya de por sí preocupantes, pues muestran una cara de la precariedad laboral del sector. Pero las realidades cotidianas que no se cuentan en los datos son también bastante tristes. Para las y los bailarines, los trabajos secundarios son la cotidianidad. Muchas personas necesitan encontrar un empleo para poder sostener sus carreras en los escenarios, financiar sus propias obras, pagar por fisioterapias, etc. Y quienes tienen la suerte de tener un empleo en el sector, carecen de prestaciones laborales, regularidad afiliación sindical y condiciones dignas para un trabajo con exigencias muy particulares. Para las autoridades y empleadores es muy difícil entender cómo es el día a día de una bailarina o bailarín. Las rutinas de quienes bailan son equiparables a las de atletas profesionales, en términos de exigencia física y mental. Como la vida de muchos artistas escénicos, los bailarines requieren cuidar su salud corporal con prevención y rehabilitación de lesiones, buen descanso, nutrición adecuada, porque utilizan cotidianamente su conocimiento encarnado, que en muchos otros sectores se ignora[1].
Entonces, es indispensable que, como gremio, pero también como ciudadanía y público de la danza, exijamos mejores políticas públicas para este arte. Por ejemplo, se necesitan más festivales, foros y escenarios para presentaciones artísticas, sí, pero bajo condiciones laborales dignas, especialmente con pago justo y puntual a los artistas. Basta con ofrecer funciones sin pago o justificar que presentarse en un escenario les dará mayor experiencia y eso es suficiente. Es preciso que quienes emplean a artistas de la danza les brinden certezas y cuidados, pero también el respeto que merece la profesión. Y es preciso que el Estado emprenda acciones de protección al gremio dancístico porque este arte, en medio de tiempos violentos y convulsos, nos recuerda que la belleza de este arte corporal tan antiguo sana, reconforta y alivia el espíritu. O como lo dijo este año la coreógrafa canadiense Crystal PITE en su mensaje del día internacional de la danza: “En la danza, y en el acto de crearla, encontramos la prueba de que la humanidad es algo más que su último fracaso colectivo.”[2]
En fin, desde esta columna también quiero recomendar seguir a personas en redes sociales que comparten excelentes contenidos sobre el mundo dancístico. Les invito a que conozcan más sobre las historias de la danza, obras, compañías, géneros, escuelas, artistas en su red social favorita. Sigan a @Dracupaula, quien hace un trabajo estupendo de debate y crítica a los lados B la danza; muy divertida, si te gusta enterarte del chismecito con rigor. Seguir a la compañía @Pilopobulus es obligado si te interesa la danza experimental, local, explosiva y arriesgada. También recomiendo mucho a @paugarciabaila, comparte contenidos históricos de la danza con un toque muy ameno. Y finalmente recomiendo seguir a @GEDAL, que es un grupo de estudios de danzas argentinas y latinoamericanas, con sede en la Universidad de Buenos Aires. Además de compartir publicaciones y trabajos académicos sobre la danza, son muy activas en el diseño y propuestas de políticas públicas para este arte en su país.
[1] Lujano Vilchis, Ivonne, y Nazario Pescador Pereda. 2025. “‘Soy una coreógrafa y también una etnógrafa de la ciencia’: entrevista con Emily Coates”. telondefondo. Revista de Teoría y Crítica Teatral, núm. 42. https://doi.org/10.34096/tdf.n42.17450.
[2] Mensaje del día internacional de la danza 2026 disponible en https://www.international-dance-day.org/es/messageauthor.html
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