En la historia de las letras mexicanas, las leyendas decimonónicas nos abren una ventana de reflexión, más allá de lo anecdótico y lo sobrenatural; nos permiten pensar en las formas de expresión literaria, en verso o en prosa. Un ejemplo de ello es la obra de un escritor poco conocido: José María Roa Bárcena (1827-1908), miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, periodista, traductor e historiador mexicano.
Poco sabemos de su obra, no por falta de valores literarios. Quizá por el peso social y cultural que implicó su postura conservadora y que debatía, periodísticamente, con los intelectuales liberales de la época como Ignacio Manuel Altamirano, Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto.
Sin embargo, su obra marcó un parteaguas en la forma de escribir leyendas: del verso a la prosa, en el contexto del cambio del sistema del liberalismo por el sistema positivista. La Independencia en México ya se había consumado y los intereses políticos y culturales fueron cambiando. Las ideas del progreso y de la ciencia fueron tomando relevancia, incluso en la escritura de las leyendas, que seguían considerándose como un género literario menor, pero cercano en estructura narrativa a la investigación histórica.
En esta relación entre la poesía y la historia, Aristóteles escribió en su Poética que “la poesía es más filosófica y elevada que la historia; pues la poesía dice más bien lo general y la historia, lo particular”. Las palabras de este filósofo entrañable de la antigüedad, nos permiten reflexionar acerca del espacio limítrofe entre la historia y la poesía, que se expresa en el terreno de la leyenda.
Las leyendas decimonónicas mexicanas no solamente relataban sucesos extraordinarios o fantásticos, sino que, la forma de expresión se transformó de lo filosófico -lo poético- a lo narrativo, más cercano al relato explicativo con referencia a los “hechos reales”.
En las leyendas de Roa Bárcena se percibe el paso de la forma del verso a la prosa como un recurso literario necesario para poder dar una explicación a los relatos anecdóticos de lo sobrenatural. De esta manera, la tradición de la poesía épica del siglo XVIII se transformó, en las letras mexicanas decimonónicas, en las leyendas escritas como narraciones en prosa, siguiendo las pautas del relato histórico, como una especie de investigación relatada de manera fantástica.
Y eso me lleva a una reflexión final, ¿por qué en la actualidad ha cobrado relevancia la crónica poética y la poesía histórica? Las leyendas siguen conservando su lugar narrativo entre lo histórico y lo ficcional, pero la expresión poética del verso, de lo poético, de lo filosófico -diría Aristóteles- nos permite recrear nuestra realidad con otras formas de expresión literaria, heredera del positivismo decimonónico y la lírica del siglo XVIII, traspasada por las rupturas del siglo pasado.
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