La lectura es parte de nuestra vida, desde las primeras narraciones y canciones de la infancia, los libros de la escuela, los cuentos clásicos y las lecturas que elegimos en determinados momentos de nuestra vida.
De acuerdo con los intereses personales, ya sea por nuestra profesión o nuestras actividades diarias, también vamos formando hábitos de vida y de lectura, que conforman el modo particular en cómo leemos e interpretamos nuestro contexto social y cultural.
En este sentido, el estudio de los hábitos de lectura se puede reflexionar desde diferentes puntos de vista, ya sea mediante la historia de la cultura, o desde la teoría de la recepción literaria.
En esta intersección interdisciplinaria, la teoría acerca de los diferentes tipos de lectores puede darnos claridad acerca de nosotros mismos, para comprendernos a partir de una trayectoria personal. Y de esta manera, tener las estrategias necesarias para tomar decisiones, de acuerdo a nuestra propia perspectiva de vida.
Conocernos a nosotros mismos, a partir de los hábitos de lectura que tenemos, nos permite saber cómo actuar y hablar en concordancia con quienes somos en lo individual.
De acuerdo con Wolfgang Iser, en el libro El acto de leer, los tipos de lectores son: el ideal, el de época y el lector implícito.
En cuanto al lector ideal, se podría interpretar, justamente como una idea abstracta acerca de cómo deberíamos de leer. Ya sea la cantidad de libros al año, los textos supuestamente leídos, e incluso, el tipo de interpretación adecuada para cada obra.
El lector de época corresponde a las prácticas colectivas de lectura y las interpretaciones características de un determinado periodo histórico, por ejemplo, los movimientos sociales, artísticos, culturales e ideológicos.
Por otro lado, el lector implícito se refiere a un bosquejo del lector ideal dentro de la propia estructuración de la obra, “con ello el texto, mediante sus esquemas, ayuda a la historia de la experiencia individual de sus lectores” (Iser,1987). Por ejemplo, las referencias intertextuales de las novelas caballerescas dentro del texto de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, implica que el lector de dicha novela tiene ciertas referencias a las obras medievales, del contexto de la época y de las alusiones políticas y culturales, en general, dentro de la esquematización del texto.
Finalmente, Iser no habla del lector de carne y hueso, pero la historia de la lectura sí lo hace, ya que, considera a cada uno de los lectores en su propia trayectoria de vida. Dicho lector concreto puede o no, coincidir con otros lectores de su época -o de otros tiempos-, en los hábitos de lectura y en el acervo de su espacio subjetivo.
Lo anterior permite reflexionar sobre nosotros mismos como lectores; nos permite comprendernos mejor en calidad de personas de una determinada época, y al mismo tiempo, como seres individuales de carne y hueso. Y de esta manera, seguir el consejo griego del cuidado de sí mismo, a través de la máxima: “conócete a ti mismo”.
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