En un entorno digital, en medio de un parque con jóvenes interactuando unos con otros a través de la tecnología, un artefacto que ha caído en vuelo afecta la conexión a la red. En un mundo donde la interacción, mediada por las palabras, falla; la percepción del ojo humano ante los problemas sociales y familiares no se pierde, justamente persiste en la mirada del personaje que representa a quien siente empatía.
En el cortometraje La carga, del director Jorge Roche (UAEMEX), el silencio, la ausencia de palabras muestra un mundo donde lo cotidiano se entreteje con la interacción entre lo humano y lo cibernético. Y más aún, las escenas muestran cómo la tecnología ayuda a mejorar la comunicación, a crear nuevas posibilidades ante los problemas.
Lejos de perderse lo humano frente a la cibernética, la mirada cómplice de un joven y su padre muestra una nueva idea: un proyecto juntos. Pero depender de la tecnología también agota, intimida y representa ciertos peligros. Porque al final, integrar la técnica a la solución de los problemas cotidianos no implica depender de ella.
Ante las preguntas existenciales acerca de la supremacía de la cibernética sobre lo humano a tal grado de cuestionarnos si seremos desplazados, incluso en el aspecto laboral, una perspectiva de lo humano nos permite mirarnos de nuevo en complicidad: crear nuevas soluciones tecnológicas a los problemas, sin perder la libertad.
Más allá de la ciencia, la ficción y la ciencia ficción, perder lo humano en un entorno tecnológico no depende de la cibernética o la IA, sino de la indiferencia y la falta de interacción en las circunstancias sencillas de la vida cotidiana. El cortometraje La carga nos muestra cómo el cambio de sentido de un mundo indiferente lo da la mirada, la innovación, entendida como una idea nueva que surge de lo humano por encima de lo técnico.
Después de todo, la invención de la rueda, la escritura o el uso del fuego no nos desplazó. Ya que, en palabras de Noah Omri Levin, “La máquina ejecuta, pero el humano aún ve el significado” (aishlatino.com, 2026).
La suerte no está echada, ni la moneda en el aire. Somos nosotros mismos quienes decidimos cómo usar la tecnología a nuestro favor, para aligerar las cargas cotidianas y mirarnos en complicidad. O podemos asignarle a la cibernética y a la IA el rol de “autoría”, que ésta no tiene. Pues, al preguntarle, la IA afirma que su función es “simular procesos cognitivos”, propios de nosotros, los humanos que sí somos creadores.
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